El término paramita se
traduce generalmente por perfección o virtud, pero su
significado es más bien disciplina para el logro de la
Iluminación.
La primera de estas disciplinas para el logro de la Iluminación
es dana (la generosidad). Según la tradición mahayánica se puede
ser generoso en muchas maneras, que van desde las más toscas
hasta las más sutiles y refinadas. Lo primero y más obvio que se
puede dar son las cosas materiales: comida, cobijo, y otras
cosas. En segundo lugar está dar educación y cultura. La tercera
forma de generosidad es psicológica: dar la intrepidez.
Muchísima gente padece sentimientos profundos de inseguridad y
el Bodhisattva tiene que resolver esos sentimientos; es como si
él tuviera que ser algo así como el psicoterapeuta en el plano
transcendental. En cuarto lugar, el Bodhisattva da también el
Dharma, la Verdad. Por esto no se entiende darle a la gente un
folleto y decirle “toma para que lo leas”. Dar el Dharma es
compartir tu compresión de la verdad en la medida que la conoces
y, mostrar, quizás, la mayor compresión de aquellos de más
experiencia. Por último se da aquello que incluye a todo lo
demás, se da uno a sí mismo en las relaciones con los demás. No
simplemente se da una parte de sí reservando el resto. El
Bodhisattva puede decir, tomando las palabras de Walt Whitman:
Cuando doy, me doy a mí mismo.
Muy probablemente, ésta es la enseñanza en la que los budistas
orientales han puesto más empeño; no han aprendido sólo a ser
generosos, sino a ser abrumadoramente generosos. Ellos practican
generalmente alguna forma de generosidad diariamente. Por muchos
años viví entre los budistas orientales y he sido testigo de que
la generosidad es una de las facetas más atractivas de la vida
con ellos. Cuando me estaba instalando en Kalimpong, viví con un
budista birmano y con su mujer, y pronto descubrí que tenía que
tener mucho cuidado con lo que decía. Si me gustaba cualquier
cosa me la daban inmediatamente y de nada me servía el negarme.
Eso era simplemente la forma birmana de tratar a un huésped.
Posteriormente, cuando ya tenía mi propio sitio en Kalimpong,
solía bajar a Calcuta y encontrarme con mis antiguos amigos
budistas, en particular, con monjes budistas de Sri-Lanka,
Tailandia, Vietnam y el Japón. En el momento en que llegaba ya
había dos o tres monjes preguntándome si necesitaba algo: ¿Te
hace falta alguna cosa? ¿Una máquina de escribir, papel, dinero?
¿Quieres una pluma estilográfica?: toma ésta.
Quizá aún tendrá que pasar tiempo para que el budista occidental
se vea poseído de este espíritu de generosidad. No obstante, la
generosidad es una virtud que cualquier budista que practica, o
cualquier aspirante a Bodhisattva, necesita desarrollar. En los
países del Mahayana dicen: no importa si no sabes meditar, no
importa si no sabes leer o comprender las escrituras; por lo
menos puedes dar. Si no puedes hacer eso, no te encuentras en el
camino a la Iluminación en sentido alguno.
La segunda disciplina, sila, es desafortunadamente traducida
como moralidad, pero la traducción literal es honestidad. Esta
disciplina se centra en aspectos de la conducta del Bodhisattva
por medio de preceptos o directivas que pueden ser aplicadas a
cualquier acto del cuerpo, del habla y de la mente. El
Bodhisattva trata cuidadosamente de no dañar ni aun al ser más
insignificante de todos los seres. Puesto de forma más positiva,
él o ella practica lo que Albert Schweiter llama la reverencia
por la vida. El Bodhisattva reflexiona así: “Yo no he creado la
vida, tampoco puedo remplazarla una vez destruida, por lo tanto
no tengo derecho a tomarla o dañarla en modo alguno”. Teniendo
esto en cuenta, el Bodhisattva trata de ser vegetariano en la
medida que puede. El segundo precepto seguido por el Bodhisattva
es expresado así tradicionalmente: compromiso a abstenerse de
tomar lo que no se me ha dado. En otras palabras, uno se
abstiene del robo o cualquier tipo de fraude. Al observar el
tercer precepto, uno se compromete a abstenerse de la conducta
sexual incorrecta. Estos son los preceptos que se refieren a la
ética de los actos corporales.
El cuarto precepto da directivas sobre la ética del habla. El
Bodhisattva no sólo se compromete a decir la verdad, sino a
decirla también con gran amor y afecto, teniendo en cuenta los
sentimientos y las necesidades de quien le escucha. Además,
tanto si habla con una persona como con varias, el Bodhisattva
habla de forma que promueva la armonía, la concordia y la unidad.
Resumiendo, el Bodhisattva practica la verdadera comunicación.
La ética budista no se interesa solamente en los actos del
cuerpo y del habla, se interesa también en los actos de la mente.
Por consiguiente, el quinto precepto concierne a la preservación
de la atención consciente con todo lo que eso implica
(consciencia plena, vitalidad, mente alerta, presencia mental...
etc.) La práctica de este precepto conlleva evitar cualquier
cosa que disminuya la atención consciente. Tradicionalmente esto
se refiere a los excesos con el alcohol y las drogas, pero
cualquier cosa que pueda usarse como una droga podría añadirse a
la lista.
La tercera práctica del Bodhisattva es ksanti. Es difícil
traducir ksanti con una palabra específica ya que quiere decir
varias cosas. Quiere decir paciencia: paciencia con la gente y
con las cosas que no van bien. Quiere decir tolerancia: permitir
a los demás que tengan sus propias ideas, sus propios
pensamientos, sus propias creencias e incluso sus propios
prejuicios. Quiere decir amor y amabilidad. También quiere decir
franqueza, predisposición a comprender las cosas y,
especialmente, la receptividad a verdades espirituales
superiores. Es muy difícil ser verdaderamente receptivo. Incluso
cuando oímos algo crucial, desde el punto de vista espiritual,
es muy posible que no lo comprendamos realmente. Es probable que
lo recibamos a nivel intelectual, que juguemos con la idea pero
sin permitir que descienda a las profundidades de nuestro ser.
Los prejuicios y las emociones negativas la detienen a mitad de
camino. Existen tantas barreras, tantos obstáculos que ha de
superar ksanti.
La cuarta paramita es virya, la energía o el vigor que persigue
lo bueno. La virya es primordialmente el esfuerzo para desechar
emociones negativas tales como el odio, los celos y la avaricia;
y fomentar emociones positivas tales como el amor, la compasión,
la alegría y la paz. Esto significa la práctica de los Cuatro
Esfuerzos: prevenir que surjan estados de consciencia torpes,
erradicar los estados de consciencia torpes que han surgido,
hacer que surjan los estados de consciencia hábiles, y,
finalmente, mantener los estados de consciencia hábiles que han
surgido. La virya nos es sólo necesaria para practicar este tipo
de esfuerzo, sino que los es también para practicar todas las
disciplinas que conducen al logro de la Iluminación; incluso
para la práctica de ksanti; de hecho, sin energía no se puede
hacer nada.
La quinta paramita, samadhi, nos presenta también con otro
término intraducible. Este término tiene tres niveles distintos
de significado. En un nivel quiere decir concentración, en el
sentido de la unificación de las energías psíquicas, el enlace
de todas las divisiones en nuestro ser. Luego está samadhi en el
sentido de la experiencia personal de niveles de consciencia
cada vez más altos, es le tipo de experiencia que se tiene en
meditación. Este nivel de samadhi incluye el desarrollo de lo
que la tradición budista llama poderes supranormales - la
telepatía, la clarividencia... etc. En su tercero y superior
sentido, el samadhi es la experiencia de la Realidad misma, o
como mínimo la receptividad a la influencia directa de la
Realidad. Esta experiencia podría comenzar con destellos de
Visión Clara - quizá del tipo que los tuvo William Blake cuando
“vio el mundo en un grano de arena”.
La disciplina sexta es la prajna, la sabiduría. La tradición
budista menciona tres tipos de sabiduría. El primero es la
sabiduría que se obtiene escuchando a maestros del Dharma y
leyendo las escrituras - la sabiduría obtenida de segunda mano,
por así decir. El siguiente tipo es la sabiduría que se obtiene
reflexionando sobre lo que hemos oído y aplicando nuestro propio
pensamiento a ello. El tercer tipo de sabiduría surge cuando
meditamos sobre nuestras reflexiones y coincide con el nivel
superior del samadhi. La sabiduría en este último sentido tiene
cuatro niveles. Las verdades que revela son profundas y sutiles
por lo que sólo puedo mencionarlas con brevedad en esta ocasión.
En primer lugar desarrollamos la sabiduría que ve que la
existencia condicionada, lo mundano, es esencialmente doloroso e
insatisfactorio (dukha), transitorio (anitya) e insustancial o
carente de ser (anatman). En segundo lugar, vemos que el
Nirvana, lo Incondicionado, carece de sufrimiento,
transitoriedad e insubstancialidad, y que a su vez, posee las
características opuestas - el gozo y la felicidad, la
permanencia, o eternidad, y el verdadero ser. Con el surgimiento
del tercer nivel de sabiduría vemos que la distinción misma
entre lo condicionado y lo Incondicionado es sólo provisional -
al ser esta distinción parte de la estructura del pensamiento,
al final no es válida. Con este tipo de sabiduría vemos la
vacuidad de la distinción entre lo condicionado y lo
Incondicionado. Con el cuarto tipo de sabiduría, el cual ha sido
desarrollado particularmente en el budismo Zen, vamos todavía
más lejos. Vemos la vacuidad del concepto mismo de la vacuidad:
la vacuidad o la relatividad de todos los conceptos, incluso
aquellos del budismo.
Estas son, pues, las disciplinas que ha de practicar el
Bodhisattva. Todas juntas constituyen quizá la forma de vida más
noble jamás propuesta a la humanidad; un esquema completo y
perfectamente equilibrado para el desarrollo espiritual. La
generosidad y la honestidad proporcionan respectivamente el
aspecto de la consideración por los demás y el de la
consideración por uno mismo; el altruismo y el interés por uno
mismo. La paciencia y el vigor proporcionan el desarrollo de las
virtudes femeninas y el de las masculinas. La meditación y la
sabiduría proporcionan las dimensiones internas y externas, los
aspectos subjetivos y objetivos de la experiencia de la
Iluminación.