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LOS CUATRO ESTADOS SUBLIMES |
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Ejercitad la practica de la amor benevolente, Rahula, pues por practicarlo toda enemistad será abandonada. Ejercitad la practica de compasión, Rahula, pues toda vejación será abandonada. Ejercitad la practica de gozosa simpatía , Rahula, pues toda aversion será abandonada.
Los cuatro inconmensurables El texto básico sobre los cuatro estados sublimes de los discursos del Buda Digha Nikaya 13
Contemplaciones: Theravadin y Mahayana
El amor, la
compasión, la alegría y la ecuanimidad
Nyanaponika Thera. Por el beneficio de todos los seres.
En el presente tratado, el Venerable Nyanaponika Thera, uno de los grandes intérpretes de las enseñanzas budistas de nuestro tiempo, ofrece una serie de contemplaciones sobre estos cuatro estados sublimes, explorándolos uno por uno y en sus sutiles y complejas interrelaciones. Aunque breve, este tratado sigue siendo el más inspirados y edificantes de los ensayos sobre el Dhamma que han aparecido en nuestra era.
Amor o amor benevolente (metta)
Los Brahma-viharas son incompatibles con un estado mental de odio, y en eso se parecen a Brahma, el gobernante divino pero transitorio de los cielos superiores en la concepción budista tradicional del universo. Al contrario que en otros conceptos de las deidades de Oriente y Occidente, a quienes sus devotos les atribuyen muestras de ira, furia, envidia e indignación, Brahma está libre de odios; y de cualquiera que desarrolle asiduamente estos cuatro estados sublimes por su conducta y meditación, se dice que se convierte en alguien igual a Brahma (Brahma-samo). Si se convierten en la influencia dominante en su mente, renacerá en mundos favorables, los reinos de Brahma. Por tanto, a estos estados de mente se les llama semejantes a Dios, semejantes a Brahma. Se llaman moradas (viharas) porque deberían convertirse en las moradas constantes de la mente en las que nos sentimos "en casa"; no deberían quedarse en lugares de visitas esporádicas y breves, rápidamente olvidados. En otras palabras, nuestras mentes deberían quedar totalmente saturadas por ellos. Deberían convertirse en nuestros compañeros inseparables, y deberíamos mantenerlos presentes en todas nuestras actividades comunes. Como dice el Metta Sutta, el canto del Amor Benevolente: Al estar de pie, caminando, sentado, tumbado, A estos cuatro estados -el amor, la compasión, la alegría y la ecuanimidad- se les llama también los estados inconmensurables (appamanna), porque, en su perfección y su verdadera naturaleza, no deberían limitarse en cuanto al rango de seres hacia los que se extienden. Deberían ser no-exclusivos e imparciales, sin trabas de preferencias selectivas o prejuicios. Una mente que ha llegado a esa inconmensurabilidad de los Brahma-viharas no albergará odios de tipo nacional, racial, religioso o social. Pero a menos que esté arraigada en una afinidad natural para esa actitud mental, no nos será fácil efectuar esa aplicación ilimitada mediante un esfuerzo deliberado de la voluntad y evitar con consistencia cualquier clase o grado de parcialidad. Para conseguir eso, en la mayoría de los casos tendremos que usar estas cuatro cualidades no sólo como principios de conducta y objetos de reflexión, sino como temas de meditación metódica. A esa meditación se la llama Brahma-vihara-bhavana, el desarrollo meditativo de los estados sublimes. El objetivo práctico es conseguir, con la ayuda de estos estados sublimes, esos estadios superiores de concentración mental llamados jhana, "absorción meditativa".
Las meditaciones sobre el amor, la compasión y la alegría pueden producir cada una el logro de las tres primeras absorciones, mientras que la meditación sobre la ecuanimidad conducirá sólo al cuarto jhana, en el que la ecuanimidad es el factor más significativo. Por lo general, la práctica meditativa persistente tendrá dos efectos culminantes: primero, hará que estas cuatro cualidades se hundan profundamente en el corazón de modo que se convertirán en actitudes espontáneas que no se pierden fácilmente; segundo, provocará y asegurará su extensión ilimitada, el despliegue de su alcance que todo lo abarca. De hecho, las detalladas instrucciones que se dan en las escrituras budistas para la práctica de estas meditaciones tienen el claro propósito de desplegar gradualmente la cualidad ilimitada de los estados sublimes. Rompen sistemáticamente todas las barreras que restringen su aplicación a individuos o lugares particulares. En los ejercicios meditativos, la selección de personas a las que se dirigen los pensamientos de amor, compasión o alegría compartida avanza de lo más fácil a lo más difícil. Por ejemplo, cuando se medita en el amor benevolente, uno comienza con la aspiración al bienestar propio, usándolo como referencia para su extensión gradual: "De la misma manera que yo deseo estar alegre y libre del sufrimiento, ¡que también pueda aquel ser, que también puedan todos los seres estar alegres y libres del sufrimiento!". Entonces, (como una practica para principiantes) uno extiende el pensamiento del amor benevolente a una persona por la que tiene un respeto afectuoso como, por ejemplo, un maestro o profesor; luego a gente querida, a los que nos son indiferentes, y por último a los enemigos, si los hay, o a los que nos disgustan. Dado que esta meditación se ocupa del bienestar de los vivos, uno no debería elegir personas que han fallecido; uno también debería evitar personas por las que siente atracción sexual.
Con vistas a la expansión espacial, la práctica comienza con los que están en el entorno inmediato de uno, como la familia, luego se extiende a las casas vecinas, toda la calle, la ciudad, el país, otros países, el mundo entero. En la saturación de las direcciones, el propio pensamiento de amor benevolente se dirige primero al este, luego al oeste, al norte, al sur, las direcciones intermedias, al zenit y al nadir. Los mismos principios de la práctica se aplican al desarrollo meditativo de la compasión, la alegría compartida y la ecuanimidad, con las debidas variaciones en la elección de las personas. Los detalles de las prácticas se encuentran en los textos (ver Visuddhimagga, capítulo IX).
Las afirmaciones precedentes muestran que hay dos formas de desarrollar los estados sublimes: primero, por la conducta práctica y la apropiada dirección del pensamiento; y segundo, por la meditación metódica dirigida a las absorciones. Cada una será de ayuda a la otra. La práctica meditativa metódica ayudará a que el amor, la compasión, la alegría y la ecuanimidad se conviertan en algo espontáneo. Puede ayudar a que la mente se haga más firme y calma a la hora de soportar las numerosas irritaciones de la vida que nos desafían a mantener estas cuatro cualidades en pensamiento, palabra y obra. Por otra parte, si la conducta de uno está gobernada cada vez más por estos estados sublimes, la mente albergará menos resentimiento, tensión e irritabilidad, cuyas reverberaciones a menudo se insinúan sutilmente en las horas de meditación, creando ahí el "obstáculo de la inquietud". Nuestra vida y pensamiento cotidianos tienen una marcada influencia sobre la mente meditativa; sólo si se estrecha con persistencia el abismo que las separa habrá oportunidad de un progreso continuado en la meditación y de alcanzar la meta más elevada de nuestra práctica. El desarrollo meditativo de los estados sublimes se verá asistido por la reflexión repetida sobre sus cualidades, los beneficios que otorgan y los peligros de sus opuestos. Como dice el Buda, "Lo que una persona considera y hace objeto de reflexión durante largo tiempo, hacia eso se volverá e inclinará su mente".
I El amor benevolente (Metta) El amor, sin deseo de poseer, que sabe bien que en último término no hay posesión ni poseedor: éste es el amor más elevado. El amor, que ni habla ni piensa del "yo", que sabe bien que este "yo" es una simple delusión. El amor, que no elige ni excluye, que sabe bien que hacer eso significa crear los propios contrastes del amor: el desagrado, la aversión y el odio. El amor, que abarca a todos los seres: pequeños y grandes, lejanos y cercanos, sea en la tierra, en el agua o en el aire. El amor, que abarca imparcialmente a todos los seres, no sólo a los que nos son útiles, agradables o divertidos. El amor, que abarca a todos los seres, sean de mente noble o mente vulgar, buenos o malos. Abarca a los nobles y buenos porque el amor fluye a ellos espontáneamente. Incluye a los de mente vulgar y malvada porque son ellos quienes tienen una mayor necesidad de amor. En muchos de ellos puede que la semilla del amor muriera porque le faltaba calor para crecer, porque murió de frío en un mundo sin amor. El amor, que abarca a todos los seres, que sabe bien que somos compañeros de viaje en esta ronda de existencia -que a todos nos toca la misma ley del sufrimiento. El amor, pero no el amor sensual que quema, abrasa y tortura, que inflige más heridas de las que cura -que arde con fuerza ahora y se extingue al instante siguiente, dejando atrás más frío y soledad de la que se sentía antes. Más bien, el amor que se posa como una mano suave pero firme en los seres afligidos, sin cambiar nunca en su simpatía, sin oscilar, sin preocuparse de las respuestas que encuentra. El amor que es un frescor reconfortante para los que arden con el fuego del sufrimiento y la pasión; que es el calor que da vida a los abandonados en el frío desierto de la soledad, a los que tiritan en la escarcha de un mundo sin amor; a aquellos cuyos corazones se han quedado vacíos y secos por sus repetidas llamadas de auxilio, por su honda desesperanza. El amor, que es una sublime nobleza de corazón e intelecto que sabe, comprende y está lista para ayudar. El amor, que es fuerza y da fuerza: éste es el amor más elevado. El amor, al que el Iluminado llamó "la liberación del corazón", "la belleza más sublime": éste es el amor más alto. ¿Y cuál es la manifestación superior del amor? Mostrar al mundo es camino que lleva al final del sufrimiento, el camino señalado, recorrido y realizado a la perfección por Él, el Exaltado, el Buda.
II La compasión (Karuna) El mundo sufre. Pero la mayoría de los hombres tienen cerrados sus ojos y oídos. No ven la corriente ininterrumpida de lágrimas que fluye por la vida; no oyen los gritos de dolor que llenan continuamente el mundo. Su propio pequeño dolor o alegría les tapa la vista, les tapa los oídos. Atado por el egoísmo, sus corazones se vuelven rígidos y estrechos. Al ser rígidos y estrechos, ¿cómo podrían esforzarse por metas más altas, para darse cuenta de que sólo la liberación del deseo egoísta conseguirá su propia liberación del sufrimiento? Es la compasión la que elimina esta pesada barra, abre la puerta a la libertad, hace al corazón estrecho tan ancho como el mundo. La compasión le quita el peso inerte al corazón, la pesadez paralizante; les da alas a los que se apegan a las tierras bajas del ser. A través de la compasión, el hecho del sufrimiento permanece vívidamente presente en nuestras mentes, incluso en los momentos en que personalmente no estamos atrapados en él. Nos da la rica experiencia del sufrimiento, y así nos fortalece para encararlo con preparación, cuando nos lo encontramos. La compasión nos reconcilia con nuestro propio destino al mostrarnos la vida de los demás, que a menudo es mucho más difícil que la nuestra. ¡Mira la caravana sin fin de los seres, los hombres y las bestias, cargados con pena y dolor! El peso de cada uno de ellos, también nosotros lo hemos llevado en tiempos pasados en la secuencia insondable de nacimientos repetidos. ¡Mira esto, y abre tu corazón a la compasión! ¡Y esta desgracia podría ser nuestro destino otra vez! El que vive sin compasión ahora, llorará un día por ella. Si falta simpatía hacia los demás, tendrá que adquirirse a través de la larga y penosa experiencia propia. Esta es la gran ley de la vida. Ahora que los sabes, ¡estáte atento a ti mismo! Los seres, hundidos en la ignorancia, perdidos en la delusión, se apresuran de un estado de sufrimiento a otro, sin saber la causa real, sin saber cómo escapar de él. Esta percepción de la ley general del sufrimiento es la verdadera base de nuestra compasión, no un hecho aislado de sufrimiento cualquiera. Por tanto, nuestra compasión incluirá también a los que en estos momentos pueden estar contentos, pero actúan con mente malvada y engañada. En sus actos presentes veremos su futuro estado de angustia, y surgirá la compasión. La compasión del hombre sabio no lo convierte en víctima del sufrimiento. Sus pensamientos, palabras y actos están llenos de piedad. Pero su corazón no vacila; permanece sin cambiar, sereno y calmo. ¿Cómo podría ayudar si no? ¡Que esta compasión surja en nuestros corazones! La compasión que es la sublime nobleza del corazón e intelecto que sabe, comprende y está listo para ayudar. La compasión que es fuerza y da fuerza: ésta es la compasión más elevada.
Mostrar al mundo el camino que lleva al final del sufrimiento, el camino señalado, recorrido y realizado a la perfección por Él, el Exaltado, el Buda.
III La alegría compartida (Mudita) ¡Abre tu corazón no sólo a la compasión, sino también a la alegría con los demás! ¡Pequeña sin duda es la medida de alegría y gozo concedida a los seres! Cuandoquiera que un poco de felicidad les llega, entonces puedes alegrarte de que al menos un rayo de gozo ha atravesado la oscuridad de sus vidas y despejado la niebla gris y tristona que envuelve sus corazones. Tu vida ganará en gozo si compartes la felicidad de los demás como si fuera tuya. ¿Nunca te has fijado cómo en los momentos de alegría las facciones de los hombres cambian y se alumbran con la alegría? ¿Nunca te has dado cuenta de cómo la alegría anima a los hombres a nobles aspiraciones y hechos, más allá de su capacidad normal? ¿No te llenó el corazón esta experiencia de felicidad gozosa? Está en tus manos aumentar esta experiencia de alegría compartida al producir alegría en otros, al traerles gozo y solaz. ¡Enseñemos a los hombres el verdadero gozo! Muchos lo han desaprendido. La vida, aunque llena de pesar, también contiene fuentes de alegría y gozo que la mayoría desconoce. ¡Enseñemos a la gente a buscar y encontrar el verdadero gozo dentro de sí mismos y a alegrarse de la alegría de los demás! ¡Enseñémosles a desplegar su gozo en alturas cada vez más sublimes! El gozo noble y sublime no es ajeno a la Enseñanza del Iluminado. A veces se considera erróneamente que la Enseñanza de Buda es una doctrina que produce melancolía. Nada más lejos de la verdad: el Dhamma conduce paso a paso una felicidad cada vez más pura y elevada. El gozo noble y sublime es una ayuda en el camino que lleva a la extinción del sufrimiento. No es el deprimido por la tristeza, sino el poseedor de gozo quien encuentra esa calma serena que lleva al estado de mente contemplativo. Y sólo una mente serena y recogida es capaz de obtener la sabiduría liberadora. Cuanto más noble y sublime sea el gozo de los demás, más justificada estará nuestra alegría compartida. Una causa de nuestra alegría compartida es su noble vida que les asegura felicidad aquí y en vidas subsiguientes. Una causa aún más noble de nuestra alegría compartida es su fe en el Dhamma, su comprensión del Dhamma, su seguimiento del Dhamma. ¡Démosles la ayuda Dhamma! ¡Esforcémonos por hacernos más y más capaces de ofrecer esta ayuda! La alegría compartida significa una sublime nobleza de corazón e intelecto que sabe, comprende y está lista para ayudar. Alegría compartida que es fuerza y da fuerza: ésta es la alegría más alta.
¿Y cuál es la manifestación más elevada de la alegría compartida? Mostrar al mundo el camino que lleva al final del sufrimiento, el camino señalado, recorrido y realizado a la perfección por Él, el Exaltado, el Buda.
IV La ecuanimidad (Upekkha) La ecuanimidad es un equilibrio mental perfecto, inconmovible, arraigado en la penetración (insight). Al mirar al mundo a nuestro alrededor, y a nuestro propio corazón, vemos claramente qué difícil es lograr y mantener el equilibrio de mente. Al mirar a la vida nos damos cuenta de cómo se mueve continuamente entre contrastes: subida y bajada, éxito y fracaso, pérdida y ganancia, honra y censura. Sentimos cómo nuestro corazón responde a todo ello con alegría y pena, gozo y desesperanza, desilusión y satisfacción, esperanza y miedo. Estas olas de emoción nos elevan y nos derriban; y en cuanto hallamos descanso, ya estamos en poder de una nueva ola otra vez. ¿Cómo podemos esperar hacer pie en la cresta de las olas? ¿Cómo podemos construir el edificio de nuestras vidas en medio de este océano de existencia siempre intranquilo, si no es en la Isla de la ecuanimidad? Un mundo en el que esa pequeña medida de felicidad concedida a los seres se suele asegurar después de muchos desengaños, fracasos y derrotas; Un mundo donde sólo el valor de empezar de nuevo, una y otra vez, tiene esperanzas de éxito; Un mundo donde el escaso gozo crece entre la enfermedad, la separación y la muerte; Un mundo en el que los seres que hace poco estaban conectados a nosotros a través de la alegría simpatética, están al siguiente instante en necesidad de nuestra compasión -un mundo así necesita ecuanimidad. Pero la clase de ecuanimidad que se necesita debe estar basada en la presencia de mente vigilante, no en la torpeza ausente. Tiene que ser el resultado de un entrenamiento duro y deliberado, no la consecuencia de un humor pasajero. Pero la ecuanimidad no merecería llamarse así si tuviera que producirse mediante el esfuerzo una y otra vez. En ese caso seguramente se debilitaría y acabaría por ser derrotada por las vicisitudes de la vida. La verdadera ecuanimidad, sin embargo, debería superar todas estas pruebas y regenerar su fuerza a partir de fuentes internas. Poseerá el poder de la resistencia y de renovarse a sí misma sólo si está arraigada en la penetración (insight). ¿Y cuál es el origen de esa penetración (insight)? Es la clara comprensión de cómo se originan todas estas vicisitudes de la vida, y de nuestra propia naturaleza. Debemos entender que las varias experiencias que tenemos brotan de nuestro kamma -nuestras acciones de pensamiento, palabra y hecho- llevado a cabo en esta vida y otras anteriores. El kamma es la matriz de la que surgimos (kamma-yoni) y, nos guste o no, somos los dueños inalienables de nuestros actos (kamma-ssaka). Pero en cuanto realizamos una acción, perdemos nuestro control sobre ella: se queda para siempre con nosotros y vuelve inevitablemente a nosotros como nuestra herencia (kamma-dayada). Nada de lo que nos ocurre viene de un mundo "externo" hostil y ajeno a nosotros; todo es el resultado de nuestra propia mente y actos. Dado que este conocimiento nos libera del miedo, es la primera base de la ecuanimidad. Cuando sólo nos encontramos a nosotros mismos en todo lo que nos ocurre, ¿por qué tendríamos que sentir miedo? Sin embargo, en caso de que surjan el miedo o la incertidumbre, conocemos el refugio en donde se pueden calmar: nuestras buenas acciones (kamma-patisarana). Al tomar este refugio, la confianza y el valor crecerán en nosotros -la confianza en el poder protector de nuestras buenas acciones realizadas en el pasado; el valor de realizar más acciones buenas ahora mismo, a pesar de las desalentadoras dificultades de nuestra vida actual. Porque sabemos que las acciones nobles y sin egoísmo proporcionan la mejor defensa contra los duros embates del destino, y que nunca es demasiado tarde sino que siempre es el momento correcto para las buenas acciones. Si ese refugio, el hacer el bien y evitar el mal, se establece firmemente en nosotros, un día tendremos la certeza: "La desgracia y el dolor arraigados en el pasado disminuyen cada día. Y esta vida actual -intento hacerla inmaculada y pura. ¿Qué puede traer el futuro sino el aumento de lo bueno?". Y de esa certeza nuestras mentes se volverán serenas, y ganaremos la fuerza de la paciencia y la ecuanimidad para soportar todas nuestras adversidades del presente. Entonces nuestras acciones serán nuestras amigas (kamma-bandhu). De igual manera, todos los diversos acontecimientos de nuestra vida, al ser el resultado de nuestras acciones, también serán nuestros amigos, incluso si nos acarrean pena y dolor. Nuestras acciones vuelven a nosotros en una guisa que a menudo las hace irreconocibles. A veces nuestras acciones vuelven a nosotros en el modo en el que los demás nos tratan, a veces como un vuelco completo en nuestras vidas; a menudo los resultados van en contra de nuestras expectativas o de nuestra voluntad. Estas experiencias nos señalan las consecuencias de nuestras acciones que no previmos; hacen visibles los motivos semi-conscientes de nuestras acciones anteriores que intentamos ocultarnos incluso a nosotros mismos, cubriéndolos con varios pretextos. Si aprendemos a ver las cosas desde este ángulo, y a leer el mensaje que nos trae nuestra experiencia, entonces el sufrimiento también será nuestro amigo. Será un amigo severo, pero veraz y bienintencionado que nos enseña la materia más difícil, el conocimiento de nosotros mismos, y nos previene de los abismos hacia los que nos dirigimos a ciegas. Al mirar al sufrimiento como maestro y amigo, lograremos soportarlo mejor con ecuanimidad. Como consecuencia, la enseñanza del kamma nos brindará un poderoso impulso para liberarnos del kamma, de aquellas acciones que nos arrojan una y otra vez al sufrimiento de los nacimientos reiterados. Así surgirá un desagrado ante nuestro propio deseo, nuestra propia delusión, nuestra propensión para crear situaciones que ponen a prueba nuestra fuerza, nuestra resistencia y nuestra ecuanimidad. La segunda perspectiva sobre la que debería basarse la ecuanimidad es la enseñanza del Buda sobre el "no-yo" (anatta). Esta doctrina muestra que en último término las acciones no las realiza ningún "yo", ni sus resultados afectan a ningún "yo". Más aún, muestra que si no hay ningún "yo", no podemos hablar de nada "mío". Es la delusión del "yo" la que crea el sufrimiento e impide e interfiere con la ecuanimidad. Si se echa la culpa a esta o aquella cualidad nuestra, uno piensa: "Yo tengo la culpa", y su ecuanimidad se tambalea. Si este o aquel trabajo no tiene éxito, uno piensa. "Mi trabajo ha fracasado", y su ecuanimidad se tambalea. Si se pierden riquezas o a algún ser querido, uno piensa: "Lo que era mío se ha esfumado", y su ecuanimidad se tambalea. Para establecer la ecuanimidad como un estado de mente inconmovible, uno tiene que renunciar a todos los pensamientos posesivos de "mío", empezando con las cosas pequeñas de las que es fácil desapegarse, y avanzando poco a poco a las posesiones y objetivos a los que se aferra uno con toda sus fuerzas. Uno debe también abandonar la contraparte de estos pensamientos, todos los pensamientos egoístas de "yo", empezando con una sección pequeña de la propia personalidad, con cualidades de poca importancia, con las pequeñas debilidades que uno ve claramente, y avanzando gradualmente hasta las emociones y aversiones que uno considera como el centro del propio ser. Así debería practicarse el desapego. La ecuanimidad entrará en nuestro corazón hasta el grado en que abandonemos los pensamientos de "mío" o "yo". Porque ¿cómo podría causarnos agitación debido a la lujuria, el odio o la pena cualquier cosa que reconocemos que es ajena y está vacía de un "yo"? Así, la enseñanza del no-yo será nuestra guía en el camino a la liberación, a la perfecta ecuanimidad. La ecuanimidad es la corona y culminación
de los cuatro estados sublimes. Pero no debería entenderse que esto
significa que la ecuanimidad es la negación del amor, la compasión y
la alegría compartida, o que los relega porque son inferiores. Al
contrario, la ecuanimidad los incluye y satura completamente, al
igual que ellos llenan la perfecta ecuanimidad.
¿De qué modo, pues, es perfecta e inconmovible la ecuanimidad?
Dice el Maestro: Para el que se apega, existe el movimiento; pero para el que no se apega, no hay movimiento. Donde no hay movimiento, hay quietud. Donde hay quietud, no hay deseo. Donde no hay deseo, no hay ir ni venir. Donde no hay ir ni venir, no hay surgir ni desaparecer. Donde no hay surgir ni desaparecer, no hay ni este mundo ni otro más allá, ni un estado intermedio. Esto, en verdad es el fin del sufrimiento. Wheel Publication No. 6 BUDDHIST PUBLICATION SOCIETY Estas publicaciones son altamente recomendadas para todos. Sin excepcion son obras del Dharma escritas con corazón y benevolencia.
LOS CUATRO
PENSAMIENTOS INCONMENSURABLES
Las oraciones son muy profundas en realidad, porque van dirigidas a todos los seres de una forma ecuánime. Sin esta ecuanimidad hay una conciencia de uno mismo. También es importante entender qué son todos estos seres. Pero en esencia, aparte de las prácticas para principiantes, necesitas saber que los seres individuales no existen. La individualidad del ser es ilusión y un concepto de dualidad no aceptable en Budismo excepto como una herramienta. Claramente es difícil entender esta unidad de todos los seres del pasado, presente y futuro, porque la única manera de consolidar esta percepción es con la experiencia directa de sufrimiento, compasión, alegría, amor benevolente y ecuanimidad. Pero necesitas comenzar con tu mente intelectual. Primero puede ser sólo una apreciación que probablemente es importante para generar estos inconmensurables. Después sale la convicción de que es así. Y con las prácticas
hechas de manera correcta, con recta atención y recta energia en
meditación, los conceptos son internalizados y pueden liberar tu
propia naturaleza de donde ha estado siempre escondida.
Práctica para principiantes 1. Bondad y gratitud Reflexiona sobre los siguientes puntos, para que comprendas la bondad y los beneficios que hemos recibido de los demás. Ejemplifica cada punto con pasajes específicos de tu vida:
2. Amor benevolente
Antes de generarle el impulso a todos los seres de que tengan la
felicidad y sus causas, piensa en el significado que tiene el
término: "felicidad", así como, los distintos tipos de felicidad que
hay: está la felicidad temporal que se experimenta en la existencia
cíclica (pero que está sujeta al cambio) y la felicidad última que
viene con la práctica del dharma. Ahora, examina los siguientes
puntos.
Practica para principiantes
1. Compasión La compasión es el impulso interno de que todos los seres sintientes estén libres del sufrimiento y de sus causas "una mente dual"; para experimentarla debemos distinguir el sufrimiento que nosotros padecemos y el impulso interno de querer estar libres de él. Examina los siguientes puntos: Personas bajo la influencia de la identidad de hostilidad Recuerda un tiempo, en el cual estabas totalmente dominado por el enojo, la rabia y por la venganza, este estado mental era un estado de sufrimiento. Ahora, imagina estar toda tu vida bajo el control del enojo, del miedo y del dolor, sería un mundo se seres paranoicos, por ello, generar el impulso de estar libre de estos conflictos. Piensa que otros están aprisionados por estos sentimientos negativos y generar el impulso de que también ellos se liberen. Personas bajo la influencia de la identidad de codicia Recuerda un tiempo, en el cual estabas bajo el control del deseo, te aferrabas y necesitabas con vehemencia el objeto de tu deseo, pero no lo podías obtener, por ello experimentabas una enorme frustración. Ahora, imagina vivir toda tu vida con esta misma ansiedad e insatisfacción; tal es el reino de los espíritus hambrientos. Determina ser libre de este mundo del deseo. Piensa en que también otros tienen esta experiencia y necesitan que se liberen de ella. Personas bajo la influencia de la identidad de codicia Recuerda un tiempo, en el cual tenías insoportables celos de la fortuna de otros y te atormentaban y no podías soportar la envidia que sentías. Ahora, imagina que los celos se conviertan en la conducta permanente de toda tu vida y que te torturan siempre, y que todos tienen esta experiencia; tal es el mundo de los semi-dioses. Decide liberarte de ellos. Piensa que otros están apresados por los celos, deséales que también se liberen de éstos. Personas bajo la influencia de la identidad de confusión Recuerda un tiempo, en el cual tu mente estaba ofuscada, confusa y con ignorancia y estupidez, por lo que no pensabas con claridad. Ahora, imagina vivir siempre en este estado de estupidez, y que todos tienen esta experiencia; tal es la condición que tienen los animales. Considera que otros tienen la misma vivencia. Generar el impulso de ser libre de tal estado. Generar el impulso de que también ellos sean libres. Todas las personas Recuerda un tiempo, en el cual estabas inmerso en una gran felicidad y placer y que tu atención estaba embelesada por estos sentimientos. Ahora, imagina vivir en este estado, en el cual tu mente no pensaba en las causas y los efectos de los actos, ni consideraba el bienestar de los demás, ni reflexionaba sobre la naturaleza de la realidad, porque estaba absorta en una felicidad permanente; tal como es el estado en el que viven los dioses. Pero que cuando el placer termine te agobiará el remordimiento y la decepción; así, también lo experimentan los dioses. Decide liberarte de este estado. Piensa que otros tienen esta vivencia y desea que también se liberen de ella.
Practica para principiantes
Regocíjate por la felicidad y el talento que poseen los seres
sintientes; empieza con las personas que conoces, como aquellos que
quieres (familiares y amigos) y después con los extraños, luego con
aquellos que te han lastimado o con aquellos con quienes no te
llevas bien. Más tarde, expande Regocíjate por las múltiples virtudes de todos los seres sintientes, de los Arhats y Bodhisattvas y de los Budas. Piensa en los actos específicos y virtuosos que ellos llevan a cabo, como: sus actos, sus palabras, sus pensamientos, sus sentimientos y sus aspiraciones, y siéntete feliz.
Practica para principiantes
SEM-CHEN SEM-CHEN SEM-CHEN SEM-CHEN |