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Tlamatini: El Sabio (tradición náhuatl)
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“El sabio: una luz, un tea,
una gruesa tea que no ahuma.
Un espejo horadado,
un espejo agujereado por ambos
lados.
Suya es la tinta negra y roja;
de él son los códices, de él son
los códices.
Él mismo es escritura y sabiduría.
Es camino y guía veraz para otros.
Conduce a las personas y a las
cosas,
es guía en los asuntos humanos.
El sabio verdadero es cuidadoso y
guarda la tradición.
Suya es la sabiduría transmitida,
él es quien la enseña, sigue la
verdad.
Maestro de la verdad, no deja de
amonestar.
Hace sabios los rostros ajenos,
hace a los otros tomar un rostro,
les hace desarrollarlo.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías, les da su
camino,
de él uno depende.
Pone un espejo delante de los
otros,
los hace cuerdos, cuidadosos;
hace que en ellos aparezca un
rostro.
Se fija en las cosas, regula su
camino, dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo.
Conoce lo que está sobre nosotros
y la región de los muertos.
Es hombre serio. Cualquiera es
confortado por él,
es corregido, es enseñado.
Gracias a él la gente humaniza su
querer
y recibe una estricta enseñanza.
Conforta el corazón, conforta a la
gente,
ayuda, remedia, a todos cura”.
Códice Matritense de la Real
Academia de la Historia, vol. VIII, fol. 118 r.
(Textos de los informantes nahuas de fray Bernardino
de Sahagún, siglo XVI)
Traducción del náhuatl: Miguel
León-Portilla
“Aún cuando fuera pobre o
miserable,
aún cuando su madre y su padre
fueran los pobres de los pobres...
no se veía su linaje, sólo se
atendía a su género de vida...,
a la pureza de su corazón, a su
corazón bueno y humano...,
a su corazón firme...,
se decía que tenía a Dios en su
corazón,
que era sabio en las cosas de Dios...”.
Códice Florentino, vol. III,
pág. 67
(Textos de los informantes nahuas de fray Bernardino
de Sahagún, siglo XVI) Traducción del náhuatl: Miguel León-Portilla
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