| Sohravardí
1155-1191 |
Shahab
al-Din Sohravardí nació en Sohravard, un pueblo cerca de Zanyan. Es
llamado también "Sheij al-Ishraq", y "Sheij Maqtul" (sheij asesinado),
por haber muerto de esta manera, ejecutado por Saladino. En su
juventud estudió con el célebre ulema Fajr al-Din Razí. Luego
estudió en Maraqeh, Isfahán y Diyarbakir (actualmente en Turquía)
para acabar en Alepo donde fue calurosamente recibido en la corte
del príncipe ayubí al-Malik al-Zahir, hijo de Saladino. Pero esta
cercanía a la corte fue para él fatal. Los alfaquíes y ulemas
comenzaron a desacreditarlo y acabaron declarándole infiel y
anatema. Fue muerto en 1191, en Alepo, a manos del hijo de Saladino
y por orden de éste último.Su vida era ascética, se mortificaba y no prestaba atención alguna a los placeres del mundo. A veces vestía harapos, y otras se colocaba una estameña a modo de los sufíes. Iranólogos e islamólogos de la talla de H. Corbin, Ritter y P. Kraus han escrito sobre su vida sin lograr esclarecer los detalles más ambiguos. El sabio persa del siglo XII-XIII Shahrezurí escribió también una biografía, pero sin esclarecer tampoco esos detalles, que deja tras un velo de incertidumbre. Sohravardí realizó una obra monumental en el pensamiento islámico que aún no ha sido suficientemente valorada. Construyó un edificio filosófico que explica en su gran obra "Hikmat al-Ishraq" (La filosofía de las luces) construido sobre los cimientos de las antiguas creencias zoroastrianas de Persia. En efecto, esta es la interpretación que da el sabio francés Henry Corbin quien afirma que Sohravardí era un peripatético que luego se dio cuenta de las pruebas que le presentaba Dios, para edificar su doctrina de la luz en base a las antiguas creencias de su nación. La luz, a la que él llamaba "jorreh" (el khwarnah del Avesta), era la aureola divina que cubría a los reyes sasánidas. A pesar de la herejía que aquellas ideas iluministas podrían suponer para las mentalidades de la época, y que de hecho chocaron a los emires ayubíes, no pretendía Sohravardí crear una doctrina que fuese antiislámica o que violase los preceptos del Islam, lo que con ella quería era encuadrar las antiguas creencias dentro del molde de las enseñanzas musulmanas, hacerlas compatibles, en un intento de sacralizar las antiguas doctrinas de la luz. Afirmaba que Salman al-Farsi (Salman el Persa), el primer persa que se convirtió al Islam, era el vínculo de unión entre el mazdeísmo y el Islam. El Sohravardí peripatético que basa sus argumentos en la lógica y la razón humanas pasa a ser el Sohravardí ishraqí o iluminista que cree que a través de la iluminación, del ishraq, se puede llegar al conocimiento del mundo más que a través de la vía argumental. Mas ello no quiere decir que él rechace la vía argumentativa aristotélica, sino que la integra como una de las etapas que se debe atravesar antes de ser "'iluminado". El mismo Sohravardí nos dice en el prólogo de su "Hikmat al-Ishraq" que su obra no está escrita para aquellos que buscan pruebas argumentales. Se desprende y se distingue así Sohravardí de los filósofos que le precedieron dirigiendo su filosofía hacia unos nuevos derroteros sufíes. Sohravardí afirma que todas las almas, antes de unirse al cuerpo terrenal, moraban en cuerpos angélicos y que, una vez, se unían al cuerpo terrenal, el alma o su núcleo principal se dividía en dos, una mitad se quedaba en el cielo y la otra en el cuerpo, y que era ésa la razón por la cual todas las almas se encuentran tristes y que recuperan la alegría y la felicidad cuando se unen con su mitad celestial. Su angeología, que forma el núcleo de su filosofía, tiene una atracción particular. El conocimiento del Mundo Celestial, las diferentes etapas o grados existentes entre este mundo de sombras y la Luz Sublime son temas tocados en su angeología. Aquí, el ángel es guardián del mundo y también una herramienta y medio de la sapiencia divina a la vez que es algo a lo que el ser humano quiere llegar durante toda su vida terrena. Es curioso cómo ya en esta parte, Sohravardí, además de utilizar terminología coránica para referirse a los ángeles emplea también términos mazdeos del Irán antiguo. Esto no le trajo más que problemas en su vida personal pues como se ha dicho, los ulemas y alfaquíes pensaron que en realidad él era un filósofo o sacerdote zoroastriano o que estaba inclinado hacia el mazdeísmo. Pero bajo el punto de vista de Sohravardí, y esto era algo que dejaba muy en claro, la luz y las tinieblas no son la luz y las tinieblas de los zoroastrianos, "jamás hay que pensar decía que cuando utilizamos los términos luz y tinieblas son los mismos de los infieles magos o los ateos maniqueos." Por otro lado Sohravardí afirma que el número de ángeles supera la cifra que podamos contar; que al principio de la larga cadena de rangos se encuentra los ángeles que están junto a Dios, siendo el superior Bahman o Nur al-A'azam (la Gran Luminaria), usando pues Bahman, uno de los amesha spentas o arcángeles de la angeología zoroastriana. El punto de vista de la filosofía de la luz, en lo que se refiere a la muerte y a la resurrección, es que tras la muerte el alma tendrá una situación directamente relacionada con la santidad y sabiduría que tuvo o practicó en el mundo terrenal. Según Sohravardi, hay tres tipos de almas, siendo la superior la de los sufíes y santos, que una vez separadas del cuerpo llegan tan alto que traspasan la situación en la que se encuentran los ángeles. A pesar de su corta vida, Sohravardí nos ha dejado un legado de 49 obras, mayormente en árabe, aunque también escribía en persa. Aunque no destacó como poeta, escribió también algo en verso, obviamente, sobre temática filosófico-religiosa. Ni que decir tiene que la obra de Sohravardí ha sido bien recibida y aplaudida por los shiíes, especialmente los persas, de quienes tenemos los mejores comentarios y exégesis desde Shahrezurí (siglo XII-XIII) hasta llegar a la cumbre de las exégesis de Sohravardí con Mollah Sadra, Mir Damad y su discípulo Sadr al-Din Shirazí (siglo XVII).
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