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El diluvio universal. |
| Y dijo Utnapishtim: "Te
revelaré un gran secreto. Hubo una ciudad antigua llamada Surupak, a
orillas del Eufrates. Era rica y soberana. Todo allí se
multiplicaba, los bienes y los seres humanos crecían en abundancia.
Pero Enlil molesto por el clamor, dijo a los dioses que ya no era
posible conciliar el sueño y exhortó a poner fin al exceso
desencadenando el diluvio. Ea, entonces, en un sueño me reveló el
designio de Enlil. 'Derriba tu casa y salva tu vida, construye una
barca que habrá de ser techada y de igual largo que ancho. Luego,
llevarás a la barca la simiente de todo ser vivo. Si te preguntan
por tu trabajo dirás que decidiste ir a vivir al golfo'.
Mis pequeños acarreaban betún y los grandes hacían todo lo que era necesario. En el quinto día terminé la quilla y el armazón. En sus costillas con premura aseguré la entabladura. El piso cuatro veces diez áreas tenía por medida, cada lado del piso, formaba un cuadrado que medía doce veces diez codos de largo, cada pared desde el piso al techo medía doce veces diez codos de alto. Bajo el techo construí seis cubiertas, con el piso, siete, y dividí cada una en nueve partes con delgadas paredes... Trabajo pleno de dificultades fue botarlo, pesado fue acarrear los troncos de arriba hasta abajo, hasta que rodando sobre ellos, el barco estuvo sumergido en sus dos tercios. El séptimo día el barco estuvo completado y cargado con todo lo necesario. Mi familia, parientes y artesanos cargué en la barca y luego hice entrar a los animales domésticos y salvajes. Cuando llegó la hora, esa tarde, Enlil envió al Jinete de la Tormenta. Entré en la barca y la cerré con betún y asfalto y como todo estaba listo di el timón al barquero Puzur-Amurri. Nergal arrancó las compuertas de las aguas inferiores y tronando, los dioses, arrasaron campos y montañas. Los jueces del Infierno, los Anunnaki, lanzaron sus teas y se hizo de noche el día. Día tras día arreciaba la tempestad y parecía cobrar nuevo brío de sí misma. Al séptimo día el diluvio se detuvo y el mar quedó en calma. Abrí la escotilla y el sol me dio de pleno. En vano escruté, todo era mar. Lloré por los hombres y los seres vivos nuevamente convertidos en barro. Solamente descubrí una montaña distante unas catorce leguas. Y allí, en el monte Nisir, la barca se detuvo. El monte Nisisr le impidió moverse... Cuando llegó el séptimo día solté una paloma y la paloma se alejó, pero regresó, como no había lugar de reposo para ella, volvió. Entonces solté una golondrina, y la golondrina se alejó pero regresó, como no había lugar de reposo para ella, volvió. Entonces solté un cuervo, y el cuervo se alejó, vio que las aguas habían descendido, y comió, revoloteó, graznó y no regresó. Luego los dioses se reunieron en consejo y recriminaron a Enlil el castigo tan duro que había dado a las criaturas, así es que Enlil vino a la barca y haciendo arrodillar a mi mujer y a mí, tocó nuestras frentes al tiempo que decía: 'En los tiempos pasados Utnapishtim era mortal, mas desde ahora será un dios como nosotros y vivirá lejano en la boca de los ríos, y su mujer para siempre lo acompañará'. En cuánto a ti, Gilgamesh, ¿por qué los dioses habrían de otorgarte la inmortalidad?". |