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Moisés y la Ley divina. |
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Ocurrió que desde mucho tiempo atrás, los hijos de Israel aposentados en Egipto fueron creciendo en número y poder. Y apoyaron con júbilo los cambios que introdujo un sabio faraón que quiso la igualdad para todos los pueblos. Y el buen rey murió en medio de una agitación grande que habían desatado sus enemigos. Y los israelitas pasaron de una pacífica existencia a ser perseguidos y humillados. Cuando decidieron abandonar esas tierras, el nuevo faraón lo impidió. También en esos años sombríos, numerosos egipcios partidarios del rey justo fueron asesinados. Otros terminaron en las cárceles y en las canteras, condenados a dejar allí sus vidas. Y sucedió que entre éstos últimos se encontraba un joven que cuando niño fue rescatado de las aguas del Nilo por las mujeres del buen faraón. Educado en la corte, aprendió la lengua de Israel aunque siempre la habló con dificultad. Moisés, el "rescatado de las aguas" huyó de las canteras y fue a refugiarse a los campos, a la casa de un sacerdote de Madián. Y he aquí que el sacerdote era de los perseguidos, y partidario del rey justo. Por esto, acogió a Moisés cuando se refugió en él y cuando contó su historia del rescate de las aguas que tanto se asemejaba a las leyendas de Osiris y de Sargón (éste salvado en Babilonia según referían los venidos con Abraham desde Ur de Caldea) . He aquí que Moisés tomó por esposa a la hija del sacerdote. Y, un día, apacentando las ovejas de su suegro se llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios en medio de la zarza y dijo: Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel... Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envía a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.(17) Así que Moisés regresaba para Egipto le salió al encuentro Aarón de la tribu sacerdotal de Leví y que había tenido sueños en los que Moisés recibía el mandato divino. Entonces, Aarón ayudó a Moisés a usar de la palabra entre los israelitas y, llegando hasta el faraón lo conminó diciendo: "Deja que mi pueblo salga del Egipto". Pero como Faraón era remiso, Aarón que era sacerdote, hizo con su vara grandes prodigios a los ojos de todos. Más llamó Faraón a sus sabios y sacerdotes que también mostraron su poder, y Faraón endureció su corazón. Entonces, Jehová por medio de Moisés y Aarón convirtió el agua del río en rojo sangre y los peces murieron y también las ranas salieron de allí invadiendo todo, pero Faraón no hizo caso de esas señales. Por esto, plagas de piojos y moscas, plaga en el ganado y plaga de úlceras, plaga de granizo y de langostas se abatieron sobre hombres y bestias. Más Faraón no quiso liberar a los hijos de Israel, diciendo que el torrente del río que se había desbordado arrastrando limo rojo del alto Nilo, provocaba periódicamente esos desastres. Pero una gran oscuridad bajó y se mantuvo por tres días. Y los sabios del Faraón también explicaron cómo las nubes de agua que subían del río desbordado, oscurecían el cielo... Entonces Jehová mandó a Moisés para que advirtiera a Faraón sobre la muerte de los primogénitos de los egipcios si no dejaba en libertad al pueblo de Israel. Y Faraón no escuchó y los hijos de los egipcios fueron muertos esa noche por el ángel del Señor. Y a partir de allí ese mes fue el primero de los meses del año, porque la señal de la sangre del cordero pascual con que los israelitas señalaron sus puertas, los protegió del ángel de la muerte. Y Faraón permitió entonces la salida del pueblo de Israel y de todos los egipcios perseguidos. Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. También subió con ellos gran multitud de toda clase de gentes.(18) El pueblo cruzó en seco por el Mar Rojo, porque a derecha e izquierda estaban contenidas las aguas, en esa zona que había mandado canalizar Amenofis. Pero he aquí que Faraón despachó a sus soldados para destruir a los que huían y, entonces, se derrumbaron los pesados carros y el ejército cayó. Y por sobre ellos vino a dar el agua matando a los perseguidores. Y una vez más, salvó Jehová a Moisés de las aguas y con él salvó a la multitud que se alejó de Egipto.(19) Y las aguas amargas(20) fueron endulzadas por el árbol que Moisés puso en ellas. Y Jehová dio al pueblo de comer Qué-es-esto.(21) Y por ello el pueblo se sostuvo y no murió en el desierto y así llegó hasta el sagrado monte Sinaí. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante. Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió.(22) Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron y se pusieron de lejos.(23) Y entonces, Jehová Dios entregó a los hombres la Ley que buscaban desde sus primeros padres. En dos tablas de piedra grabó Dios los diez Mandamientos que los hombres debían observar para acercarse a él. Y también les dio leyes que sirvieran para formarlos en su Historia. Así Moisés condujo a Israel hasta la tierra prometida por el Señor. Y subió desde los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga que está enfrente de Jericó. Entonces Moisés vio. Y le dijo Jehová: Esta es la tierra que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá. Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy.(24) Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todos.(25) 16.- No podemos menos que transcribir algunos párrafos del curioso estudio de Freud respecto a Moisés y el monoteísmo. Aunque sus razonamientos no están del todo avalados por la certeza histórica, son dignos de tenerse en cuenta en algunos aspectos. Desde luego, no reproduciremos aquí los temas psicoanalíticos de la tesis. El trabajo de marras, bajo el título de "Moisés y el monoteísmo" ( O. C. Volumen XXIII. Amorrortu, Buenos Aires, 1980), trata de demostrar en el capítulo primero que Moisés fue un egipcio y para ello cita un documento de Sargón de Agadé (fundador de Babilonia, h. 2800 a.C) en el que aparece la leyenda del rescate de las aguas que circulaba en todo el mundo cultural de la Mesopotamia y por tanto era conocido por los semitas nacidos en Babilonia o, como Abrahám, en Ur de Caldea. El escrito dice: "Yo soy Sargón, el rey poderoso, el rey de Agadé. Mi madre fue una vestal; a mi padre no lo conocí, en tanto que el hermano de mi padre moraba en la montaña. En mi ciudad de Azupirani, situada en el valle del Eufrates, quedó de mí embarazada mi madre, la vestal. Me parió a escondidas. Me puso en una canasta de cañas, tapó los orificios con betún y me abandonó a la corriente del río, pero la corriente no me ahogó. El río me llevó hasta Akki, el que saca el agua. Akki, el que saca el agua, en la bondad de su corazón me recogió. Akki, el que saca el agua, me crió como si fuera su propio hijo...", etc. Más adelante (tercera parte, pág. 57 y sig.), Freud dice: "... la religión de Atón fue abolida, y la residencia del faraón motejado de herético fue víctima de la destrucción y el saqueo. Hacia el año 1350 a.C. se extinguió la dinastía decimoctava; le sucedió una época de anarquía, tras la cual restableció el orden el general Haremhab, quien gobernó hasta 1315 a.C. La reforma de Ikhnatón parecía un episodio destinado al olvido. Hasta aquí lo comprobado históricamente; lo que sigue es nuestra continuación hipotética. Entre las personas allegadas a Ikhnatón se encontraba un hombre que quizá se llamaba Thotmés, como muchos otros en esa época; el nombre no importa mucho, sino sólo que su segundo componente debió de ser 'mose'. Ocupaba un alto puesto, era un secuaz convencido de la religión de Atón, pero, por oposición al caviloso rey, era un hombre enérgico y apasionado. Para él, el final de Ikhnatón y la apostasía de su religión significaba el fin de todas sus expectativas... En el apremio del desengaño y la soledad se volvió a estos extranjeros, buscó en ellos el resarcimiento de sus pérdidas. Los eligió como su pueblo, intentó realizar en ellos sus ideales. Luego que acompañado por la gente de su séquito, hubo abandonado con ellos Egipto, los santificó mediante el signo de la circuncisión, les impartió leyes, los introdujo en las doctrinas de la religión de Atón que los egipcios acababan de abolir". Y hasta aquí, Freud. En lo que hace a la circuncisión sabemos que esta ya había sido establecida antes de Moisés y en cuanto a su uso por diversos pueblos, incluso el egipcio, puede probarse históricamente sin por ello hacerla derivar exclusivamente de los habitantes del Nilo. Moisés pudo haber sido egipcio, eso no nos parece de especial importancia. El tema de interés radica en que la influencia cultural egipcia se hizo sentir en esa porción del pueblo judío afincada en tierra de los faraones. Los acontecimientos desencadenados por Akenatón fueron muy próximos a la época del Exodo y las tesis religiosas que sostuvo Moisés, también coincidieron con las del reformador egipcio. En cuanto al interés histórico experimentado por Freud, debemos recordar que hacia 1934 circulaban numerosas hipótesis sobre el origen egipcio de Moisés, entre otras las de Breasted y de Eduard Meyer que nuestro autor cita a menudo haciéndose eco de la discusión planteada. Desde luego que para Freud no era indiferente el tema de la fundación religiosa ya desde su Tótem y tabú de 1913. Cuando en el Moisés y el monoteísmo, se concluye que Moisés fue asesinado por un grupo de sus liderados, todos los antecedentes del caso y especialmente la relación padre-hijo no pueden pasarse por alto, por lo menos dentro de la lógica psicoanalítica o de la tradición antropológica representada por J. G. Frazer, de quien Freud era tributario. Aquél sostenía que el asesinato de los jefes era una tendencia marcada o solapada, pero existente en numerosas sociedades. Como a su vez los jefes saben o intuyen esto, la gente tiene que cuidarlos y cuidarse de ellos ("He must not only be guarded, he must also be guarded against") . 17.- Exodo 3, 2-16. Ver también: Exodo 6, 2-3. 18.- Ibid. 12, 37-38. 19.- Según Eusebio y Julio Africano, Amenofis hizo construir un canal que comenzando en el Nilo a la altura de Coptos, más abajo de Tebas, penetraba por Cosseir en el Mar Rojo. Este canal fue cegado durante la invasión de Cambises. A su vez, Aristóteles comenta que Ramses II o Sesostris, abrió un canal por el istmo. Los trabajos fueron interrumpidos y luego continuados por Necos hasta que la obra quedó concluída por Dario. El canal empezaba en Patumos sobre el Mar Rojo y terminaba en el Nilo hacia Bubasto. Los Ptolomeos lo mejoraron y cuenta Estrabón haberlo visto en actividad. Fue conservado por los romanos hasta siglo y medio después de la conquista árabe. Al parecer, el canal fue cegado y reconstruido por Omar, volviendo a hacerse navegable hasta el 765, fecha en la que Almanzor decidió inutilizarlo para evitar que Mohamed-ben-Abula, recibiese víveres de sus compañeros sublevados. Para más detalles sobre la historia de las canalizaciones egipcias, ver Rompimiento del Istmo de Suez, de Cipriano S. Montesinos. En lo referente al paso de los Israelitas por un lugar seco del Mar Rojo todo hace pensar que, en efecto, existía un sistema de esclusas en un ramal conectado con el Nilo, o bien (ya que los datos históricos faltan en este punto), que se estaba en obra canalizando en seco dos sectores que luego habrían de ser unidos por el agua. Si ese fue el caso, las paredes a modo de presas de contención provisoria permitían terminar los trabajos de canalización. Probablemente, por una de esas paredes se desplazó el equipo pesado de los egipcios y bien pudo producirse un fuerte desmoronamiento. Si esta explicación resulta poco creíble, debemos recordar el proyecto de trazado indirecto del canal de Suez, de acuerdo a Stéphenson, Negrelli y Paulín Talabot. De acuerdo a ese plan, conocido como de Linant-Bey, se trataba de realizar 24 esclusas comunicando el Mar Rojo con el Nilo. Por otra parte, en la inauguración oficial del canal de Suez el 17 de Noviembre de 1869, numerosos tramos llegaban escasamente a los 22 metros de ancho y la profundidad era de 8,50 y 9 metros. No estamos hablando entonces de tan gigantescos tramos ni de esclusas tan altas. 20.- "Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara". Exodo 15, 23. 21.- "Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel". Ibid 16, 31. Aquí "maná" quiere decir "¿Qué es esto?" en referencia a la sorpresa que mostraron los israelitas al comer las semillas que les presentaba Moisés. 22.- Exodo 19, 18-21. 23.- Ibid. 20, 18. 24.- Deuteronomio 33, 4-7. 25.- Ibid. 33, 10-12. |