| LA MUERTE |

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CARTA XIII
MUERTE. Otro aspecto de la vida. La ida a fin de regresar, al mismo tiempo. La consumación del círculo
Fatigado por el centelleo de la Rueda de la Vida, caí a tierra y cerré mis ojos. Pero me parecía que la Rueda continuaba girando ante mí y que las cuatro criaturas continuaban sentadas y leyendo sus libros en las nubes. De repente, al abrir mis ojos, vi un gigantesco jinete sobre un caballo blanco, vestido con armadura negra, con un yelmo negro y con una pluma negra. Una cara de esqueleto se asoma desde abajo del yelmo. Una mano huesuda, sostenía un gran estandarte negro, ondeando lentamente; y la otra, sostenía un freno negro ornamentado con cráneos y huesos. Y dondequiera que pasaba el caballo blanco, seguían la noche y la muerte; las flores se marchitaban; las hojas caían; la tierra se cubría a sí misma con una mortaja blanca; aparecían cementerios; torres, castillos y ciudades eran destruidos. Los reyes en pleno esplendor de su fama y su poder; hermosas mujeres amadas y amantes; sumos sacerdotes investidos mediante el poder de Dios; niños inocentes- cuando veían el caballo blanco, todos caían sobre sus rodillas ante él, extendían sus manos con terror y desesperación, y caían para no levantarse más. Lejos, detrás de dos torres, el sol desaparecía. Un frío mortal me envolvió. Los pesados casos del caballo parecieron plantarse sobre mi pecho, y sentí el mundo hundirse en un abismo. Pero repentinamente algo familiar, pero tenuemente visto y escuchado, pareció provenir del lento casco del caballo. Un momento más y escuché en sus cascos ¡el movimiento de la Rueda de la Vida! Una inspiración penetró en mí, y, viendo al jinete que se retira y al sol descendiendo, comprendí que el Sendero de la Vida consiste de los pasos del caballo de la Muerte. El sol se hunde en un punto y asciende en otro. Cada instante de su movimiento es un descenso en un punto y un ascenso en otro. Comprendí que asciende mientras se oculta y se oculta mientras asciende; y que la vida, al llegar a nacer, muere; y al morir, nace. «Sí,» dijo la voz. «El sol no piensa en su descenso y su ascenso. ¿Qué sabe de la tierra, de ir y venir observado por los hombres? Anda su propio camino, sobre su propia órbita, alrededor de un Centro desconocido. Vida, muerte, ascenso y descenso -¿sabes que todas estas cosas son pensamientos y sueños y temores del Loco?»
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