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En el
título mismo de este trabajo se viene a expresar la
conjunción o símbolo que entreliga a la Tradición Primordial
de la humanidad, cuyo origen es universal y metafísico y el
pensamiento platónico, o la simbólica de la filosofía, que
son su traducción.
También lenguaje de las Ideas,
heredero de los misterios de la antigüedad por medio del
hermetismo y del pitagorismo (que se constituirá en el
tiempo como vehículo de expresión de las cosmologías,
hebreas, cristiano latinas y árabes). Simbolizado a través
de la triplicidad del mundo manifestado, en nous, psiqué y
soma. Que tiene como principio a la unidad o el Ser, más
allá del cual se encuentra lo Inefable e inexpresable,
aquello Supremo y Desconocido, Misterio sólo comprensible en
Sí mismo.
En cuanto a la Obra de Platón, debe
admitirse que hoy, en plena modernidad del s. XX, apenas
podríamos entender algo sino fuera desde la visión panóptica
que
R. Guénon nos ofrece de lo que es el pensamiento
tradicional de la humanidad y de lo que no lo es.
Verdaderamente sería difícil encontrar el sentido profundo
de las enseñanzas de Platón más allá del aspecto racional,
sentimental moral o aún ideal y especulativo, que es lo que
la filosofía moderna ha podido conservar del mismo.
La obra de R. Guénon, abarca
enteramente la Historia y Geografía universales y con esto
reconocemos que la visión que nos transmite lleva a revelar
la profundidad que une todas las formas tradicionales a un
Centro común ó Tradición Primordial, de quien todas ellas
derivan, como los radios de una rueda.
Sabiduría universal que profundamente
hermana a todas y que encontramos al completo en cada una de
ellas, fieles representantes de la misma, que han reconocido
y reconocen ese origen primordial, de donde procede toda
vida que anima a esos pueblos, desde su principio, a lo que
son, quienes son, lo que hacen y porqué lo hacen, en fin el
sentido todo de su existencia y el camino que siguen para
llegar a comprenderlo en sí mismos. Los actuales pueblos
hindú, chino, el tronco semita hebreo, árabe y cristiano,
griegos y latinos y además el pueblo chamánico que se
encuentra aún vivo en tantos rincones de la tierra, de
América, Oceanía, Europa, Asia o Africa, formando
comunidades que conservan aquel saber primitivo y original.
Todos ellos llamados pueblos tradicionales, al reconocer un
origen mítico en el que a su vez tienen su fin.
Del conocimiento profundo con que
estos pueblos contemplan la existencia, es testimonio vivo
para este fin de los tiempos la obra de René Guénon; la cual
es metafísica e iniciática, lo que es decir tradicional.
Señalándose en ella tanto el fin último, como el camino o
inicio verdadero en el misterio de la realidad, así como el
despeje de todos los prejuicios mentales, que debieran
conducir a occidente, para empezar, a restituirse en los
principios de su propia tradición. Advertencia esta que hace
R. Guénon particularmente al occidente moderno, al que
dedica parte de su obra, dirigida a un pensamiento que se
muestra incapaz de reconocer al principio trascendente y
suprahumano del que procede toda vida y que rebasa los
límites de la razón, a la cual el hombre moderno se reduce,
ignorante de las verdaderas posibilidades que contiene en sí
mismo, y que le fueran legadas desde el comienzo de los
tiempos. Principio cuya memoria conservan todos los pueblos
tradicionales de la tierra y que de este modo llega hasta el
presente.
Estas diversas tradiciones son
referenciadas en la obra de R. Guénon por medio de libros
cuyos títulos dan una idea de lo que decimos. Siendo
ejemplos en cuanto al pensar tradicional: La Gran Tríada,
Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes, El
Hombre y su Devenir según el Vêdânta, Estudios sobre
Hinduísmo, Islamismo y Taoísmo, El Esoterismo Cristiano, y
El Esoterismo de Dante, entre otros; donde se establecen las
correspondencias de cada una de las tradiciones con todas
las demás. Harmonía de relaciones entre sí mismas y con el
principio que las une, posibilitada por el medio común de
expresión del que todas disponen: el Símbolo.
Mientras que en otros libros tales
como: La Crisis del Mundo Moderno, El Reino de la cantidad y
Los Signos de los Tiempos, así como Oriente y Occidente, se
expresan las causas del deterioro y en donde se da una
descripción del pensar individualista de occidente,
caracterizado por el racionalismo, sentimentalismo moral,
evolucionismo, relativismo, pragmatismo, materialismo y aun
otros rasgos, representativos de las limitaciones de alcance
intelectual, exponentes de la mentalidad moderna. Escritos
en los que también se indican las posibilidades de
rectificación de estas condiciones, tomando en cuenta la
Sabiduría íntegra de la antigüedad y de la Edad Media, a la
luz de las enseñanzas guardadas por el Oriente, y en
particular por la tradición Hindú, calificada como
depositaria de la Tradición Primordial para este ciclo de
existencia.
René Guénon es un recipiente y un
transmisor del saber tradicional, que comunica a través del
símbolo, verdadero intermediario entre lo inexpresable y la
mente humana, y en gran parte a través de una variedad del
mismo, que es la lengua. Es en este sentido que podemos
observar en el índice bibliográfico de palabras1
que se encuentran en los diversos libros de R. Guénon, las
correspondientes al sánscrito, árabe, chino, hebreo, griego
y muchas otras lenguas menos conocidas, todas ellas en su
transcripción fonética al latín; lenguas, a través de
quienes fue comunicado directamente a Guénon, el saber
profundo y esotérico de la tradición que esos pueblos han
conservado.
El Símbolo es la expresión formal de
lo inteligible y el camino que permite el tránsito de lo
conocido a lo desconocido. Es en este sentido que podemos
considerar a la cosmogonía por entero, desde el Ser o su
primera determinación, como símbolo y revelación, de lo
puramente metafísico, de la no dualidad y verdadero
conocimiento que va más allá del ser.
El Mito a su vez, es traductor de una
realidad presente y sobrenatural, que se manifiesta a través
de las formas que reviste la naturaleza, las cuales son
soporte simbólico y vehículo conductor del misterio que todo
lo une y que tiene en el Rito su actualización.
Nos dice la tradición, que el patrón
de todos los símbolos fue Hermes. Entre ellos el número, la
letra, la forma geométrica y el sonido musical, la razón y
la invocación. Elementos de quien las ciencias y artes son
expresión, a través de la lira de 7 cuerdas, que el mismo
Hermes inventó, y mediante cuya Harmonía el Origen de todas
las cosas es constituido en memoria, comunicación y
participación para toda la humanidad.
Hermes, llamado Trismegisto, señor de los tres mundos,
del intelectual o causal, del sutil y del corporal, es
mediante quien el hombre puede descubrir una comunicación
abierta con lo que le trasciende. Lo cual viene representado
por el atributo con que se le reconoce, el Caduceo, o eje en
el que se entrelazan las dos serpientes o fuerzas, que
coincidiendo o encontrándose, en dos puntos se abren a un
tercero. Simbolizándose en este emblema el camino emprendido
por el ser, en ascenso, desde lo sensible hasta lo racional
y de ahí a lo puramente intelectual y espiritual, por donde
desciende toda energía. Proceso asimilable también al
ascenso por la vía central del Sushumnâ, de la energía
conocida por la tradición hindú como Kundalinî, que
despierta por el concurso de las dos fuerzas que la
flanquean, una solar -idâ - y la otra lunar -pingalâ-, a
partir de cuya fusión se produce la apertura del ojo
intermedio o tercero, llamado también ojo de la
inmortalidad, y tercer rostro de Jano ubicado en el
presente.
Además Hermes es conocido también por
la función de conductor y guía de las almas, tanto en su
trayecto por el reino subterráneo del Hades, como desde éste
al reino superior de los cielos. Señor y centro de las
encrucijadas que forman los caminos al encontrarse, señalado
por una piedra y eje cuya verticalidad se refiere a otro
espacio, que incluye la horizontalidad de los caminos
terrestres, y también tercer nivel al que alude el Caduceo,
por donde la energía divina del conocimiento puro comunica
con el ser humano, que, a partir de ahí, recupera la
posibilidad simbólica que le identifica con el conocimiento
mismo de la realidad.
Hermes como símbolo de la
intermediación es reconocido en modo unánime por las
diversas tradiciones, como Lug para los celtas, Odín para
los escandinavos, Loki para los germanos, Idrish para los
árabes, Mercurio para los romanos, Quetzalcoátl para los
toltecas, Budha para los hindúes2
que son, entre otros, los nombres con que se refiere una
misma Idea, la de intermediario que encadena todos los
mundos.
Por otra parte, el mito, también nos
da cuenta de la identidad entre Hermes y Apolo, en una
energía concordante representada por el intercambio de
atributos y símbolos entre ambos, de modo que Apolo cede el
caduceo a Hermes a cambio de la lira heptacorde que este
construyó. Adoptando así el uno las funciones del otro,
interconvirtiéndose y pudiéndoseles llamar a partir de aquí
a Apolo Hermes, o a Hermes Apolo.
Apolo es el símbolo que representa a
la Unidad principial, asimilable al Hijo o Verbo en la
tradición cristiana. Dios que habita en el continente mítico
de la hiperbórea, Sol polar que alumbra en la medianoche,
desde donde desciende cíclicamente para manifestarse
verticalmente como Centro en el plano de los 6
planetas o ideas-formas, que constituyen el alma del mundo,
como así mismo la del hombre, en identidad macro y
microcósmica.
Leemos en
El
Simbolismo de la Cruz, (cap. IX):
"En cierta manera al sol se le puede
llamar "hijo del polo", de ahí la anterioridad del
simbolismo "polar" respecto al simbolismo "solar".
Asimismo dice Platón:
el vástago o descendiente del Bien es
el Sol, que es a lo visible lo que el Bien a lo
inteligible. (República VI).
Sigue diciendo el mito que el sol
hiperbóreo fue en su descenso a nacer en Delos, desde donde
vuelve a la hiperbórea cumpliendo el hemiciclo invernal y
ascendente de la luz, a partir de lo cual, redesciende,
estableciéndose su culto en Delfos.
Nos cuenta Jámblico, autor pitagórico
y platónico -por quien sabemos mucho de lo poco que se sabe
de la vida de
Pitágoras- que se consideró a éste el descendiente
directo de Apolo, siendo reconocido como encarnación del
mismo, a través de las marcas o estigmas corporales, por
Abaris3
sacerdote de Apolo hiperbóreo, quien viajó desde allí para
recolectar oro con el que construir un templo al dios.
Restituyendo a Pitágoras, en cuanto le vio, semejante e
igual al dios del que era sacerdote, la Flecha de Oro a
través de quien el mismo Abaris había sido conducido hasta
Grecia. En prueba de ello, Pitágoras fue enumerando una a
una las cosas que se hallaban en el templo de Delfos y
añadió que había venido para hacer el bien a los hombres,
adoptando para ello forma humana.
En este relato simbólico, también se
cuenta que Pitágoras llegó a Crotona, en la Magna Grecia,
donde fue recibido por los griegos, quienes al principio le
consideraron como bárbaro, por su aspecto -cabello largo- y
por el hecho de no hablar su lengua -cabe recordar que
Pitágoras, nacido en Samos, tenía por parte materna
ascendencia fenicia. Entre los crotonienses ejerció las
funciones de Sacerdote y Chamán de Apolo.
Como Filósofo fundó la escuela de
Crotona, después de que los gobernantes de la ciudad,
sorprendidos por la sabiduría que manifestaban sus palabras,
le invitasen a hacerlo; y en la que se preparaba a todo
hombre dispuesto, a una iniciación gradual en los misterios
de la Sagrada Tetraktys, y ello por medio del conocimiento
de los números, madres de todas las ciencias. De modo que
las mentes adquirieran, por su medio la preparación
indispensable a la intuición de los mismos como símbolos, en
la visión directa del ojo del conocimiento, o del corazón,
el Eros o Amor órfico, origen y fin de toda manifestación.
La Ciencia Superior pitagórica era
llamada Aritmosofía, o sabiduría del número, que corresponde
por otra parte al mundo de lo inteligible o tercero del
hermetismo. El modo preparatorio a esta Ciencia Suprema, era
la Aritmología que enseñaba indirectamente a través de la
razón la relación del número con sus principios
arquetípicos, de modo analógico. Por fin hubo también una
aritmética aplicada al cálculo para los menesteres
utilitarios.
La escuela de Crotona tuvo su fin
-sacrificial- siendo saqueada y quemada, lo que motivó la
dispersión de los pitagóricos, quienes a su vez
establecerían nuevas escuelas, como por ejemplo en Tarento
donde gobernó Arquitas, con quien por cierto estuvo
relacionado Platón así como también lo estuvo con otros
pitagóricos, como Filolao y Anníceris.
Leemos en
Formas Tradicionales y Ciclos Cósmicos:
"El pitagorismo fue sobre todo la
continuación de algo que preexistía en la propia Grecia,
nos referimos a los Misterios y más particularmente al
Orfismo, del cual probablemente no fue sino una
readaptación, en aquella época, del siglo VI a. de la
era cristiana que, por un extraño sincronismo, vio
producirse cambios de forma a la vez en las tradiciones
de casi todos los pueblos."
Al propio tiempo de la dispersión
pitagórica asistimos también a lo que podríamos considerar
"salida" de la sabiduría de los templos, determinada por las
guerras que asolaban las costas de Jonia entre Grecia y
Persia. Estos sacerdotes y viajeros jonios fueron
reconocidos Sabios en su tiempo, y hoy llamados filósofos
"presocráticos"4
como Jenófanes, Heráclito, Parménides, Empédocles y otros,
de quienes se conservan fragmentos de sus enseñanzas, de
notable espíritu Orfico.
De Heráclito se conserva la memoria de
la Unidad, subyacente a todo cambio. El Logos, fuente de la
Verdad, común a todos los hombres, lo Unico capaz de
conocimiento verdadero y que constituye la Sabiduría. El
fuego, que es Inteligencia, de donde todo surge y a lo que
todo se reduce.
Y en los pasajes:
Por su parte, Parménides se dice
instruido por la diosa Diké -la Justicia- en la revelación
de los dos caminos: el camino de la persuasión, que acompaña
a la Verdad de que el ser es; y el camino de la ignorancia,
el del no-ser, que no es expresable y del cual sólo podemos
tener opinión.
Observando en sendos fragmentos de su
enseñanza:
Hasta aquí hemos podido hacer algunas
referencias a los fundamentos míticos e históricos que
anteceden a la obra de Platón, la cual constituye una
herencia de la Tradición de Apolo Hiperbóreo y del Número
pitagórico; tanto como herencia de Hermes, el dios escriba
de la tradición egipcia, transmisor de la ciencia de
Atlantis inscrita en la Gran Pirámide, -figura geométrica
por otra parte análoga a la de la Tetraktys-. La enseñanza
del Maestro Platón, es como un crisol donde se encuentra
vertida la Sabiduría de la Antigüedad, significando una
readaptación de este saber a las condiciones especiales del
ciclo, expresadas en la Grecia clásica del s. V a.c.
Platón, cuyo patronímico era el de
Aristocles -o hijo de Aristón-, nace en el día5
dedicado al Dios Apolo. Diógenes Laercio cuenta como en
sueños se le había posado a Sócrates un cisne -ave
representativa del dios hiperbóreo- que a poco rompió a
volar cantando maravillosamente. Al día siguiente vió a
Platón. Aristóteles testimonia el culto divino tributado a
Platón, de lo que es muestra su escrito Elegía a Eudemos.
También se dice que sobre el sepulcro de Platón había un
Aguila, que es símbolo de la divinidad y de descendencia
regia. En cuanto a su genealogía, remontaba por sangre a los
antiguos filósofos gobernantes de Atenas, por parte de padre
a Codro y por parte de madre, prima de Critias, a Solón;
ambas ramas, descendientes de Posidón, el dios de Atlantis.
De entre los viajes de Platón, son reconocidas sus visitas a
Egipto y a Tarento, en la Magna Grecia, donde gobernaba el
pitagórico Arquitas. Bajo el simbolismo de estos
antecedentes, pueden distinguirse los legados que
contribuyeron a la enseñanza de las Ideas de Platón,
órfico-pitagóricos y herméticos, los que podemos poner en
relación al contenido de la Tetraktys6.
Veamos lo que dice R. Guénon con
respecto a las Ideas en
El Hombre y su
devenir según el Vêdânta, pág. 136:
"el dominio de la manifestación sutil
puede, en razón de su naturaleza mental, ser designado
como mundo ideal, para distinguirlo del mundo sensible
dominio de la manifestación grosera, aunque no
corresponde al mundo inteligible de Platón, pues las
ideas de este son las posibilidades en estado principial
que deben ser referidas al mundo informal. En el estado
sutil se trata de ideas revestidas de formas."
De aquí que a Platón deba tenérsele como
fiel transmisor de aquella ciencia de los números
pitagórica. Cuyos significados se traducen en las Ideas, que
como los mitos pueblan toda la obra de Platón, como es
testimonio el mismo Timeo, que
es un mito desde el principio hasta el fin, en el que
empieza Sócrates diciendo: Uno, dos, tres, añadiendo que el
cuarto, que falta, es misión vuestra, la de representar el
papel del ausente. Luego de lo cual presenta a Timeo el
pitagórico, como el mejor de los astrónomos, quien explica
la Formación del alma y el cuerpo del mundo y del hombre, en
cuanto a la Geometría, o ciencia que mide la tierra según el
modelo del cielo, el de las Ideas, o Números, que el
Demiurgo imita a semejanza, se dice,
"del más bello de los seres
inteligibles y de un Ser en todo perfecto". Modelo que
abarca y contiene en sí mismo todos los vivientes
inteligibles. Así es hecho el mundo, como un viviente
único.
Es pues a partir de las Ideas -formas- la
de Lo Mismo y la de Lo Otro -o de la unidad y de la
dualidad-7
que comienza la creación del Alma del Mundo o Cosmogonía, y
del Alma del Hombre -macrocosmos y microcosmos- en sus
componentes inmortal y mortal. Se dice: mezclando el
principio indivisible y el divisible, obteniendo una tercera
substancia, luego tomó estas tres substancias y las combinó
en una forma única. Dice "mezcló las dos primeras con la
tercera y de las tres hizo una sola" (Timeo). Con lo que
tendríamos la simbolización del Ser en su triplicidad de
nous, psiqué y soma. En lo que se expresan los conocimientos
pitagóricos sintetizados en la Tetraktys.
En cuanto a la importancia del Timeo
para la antigüedad y la edad media, baste recordar que se
encontraba en los anaqueles de todos los centros del saber,
al lado del Génesis bíblico, al que se veía como
correspondiente. Ya Filón, el judío de Alejandría, da cuenta
del paralelismo entre ambos.
Idea es una palabra que procede de
idein, ver. Y se sabe del vínculo que la tradición establece
entre la visión y el conocimiento. Las ideas expresadas
formalmente a través de la lengua constituyen una gramática
simbólica.
Las Ideas son simbolizadas por las
palabras, y los griegos heredaron las letras del fenicio o
cadmeo8,
llamando ellos mismos a su escritura, "escritura fenicia",
que es una lengua semita estrechamente emparentada con el
hebreo, en cuanto al sonido y número, que es de 22.
Hallándose gran similaridad de forma entre los signos de
estas escrituras y los del alfabeto griego arcaico.
Correspondiendo los nombres semíticos de aleph, beth, gimel,
daleth, etc. con alpha, beta, gamma, delta. Características
también fueron, ya desde el período más antiguo, la
introducción de vocales. Yendo la dirección de la escritura,
de derecha a izquierda y al revés, en líneas alternativas.
En una época posterior, a estas 22
letras fueron agregadas 4 más, que fueron Phi, Xi, Psi,
Omega, con las que se formó el alfabeto griego oriental, y
occidental. De ahí fue tomado el etrusco de 26 letras, -que
también se escribía de derecha a izquierda- y que pasaría
luego al latín arcaico.
El origen de la escritura griega, del
fenicio o Cadmeo nos lleva al Mito de Cadmo, la riqueza de
cuyo simbolismo aporta interesantes analogías al respecto.9
En el año 403 a.c. fué adoptado
oficialmente en Atenas el alfabeto jónico de 24 letras,
habiendo sido extraídas la semítica Tzadé de valor 90 y en
orden 18 y Qof de valor 100 y en el orden.19
(Que en el griego arcaico y procedente de oriente, eran
"san" y "qoppa"). Es decir que el alfabeto griego de 24
letras de la época clásica, tiene su equivalente para todas
las semitas, excepto para tzadé y qof. No teniendo
equivalente semítico las nuevas letras griegas phi, xi, psi.
Además la nueva dirección de la escritura de izquierda a
derecha, hizo cambiar la dirección de beta y gamma.
Si de estas nuevas letras agregadas,
nos fijamos en Phi, introducida en el alfabeto griego en la
posición nº 23, podremos observar una interesante analogía
que contribuye a esclarecer su significado, pues el nombre
de esta letra, cuyo símbolo es
-quien visto desde una perspectiva superior es el punto
centro de la circunferencia o círculo- también sirve a la
representación del Número de Oro, o Idea de proporción, -o
relación entre "amor" y sabiduría"- también llamada Aurea o
divina. Proporción que divide al todo armónicamente, de modo
que "la parte menor es a la mayor lo que ésta es al todo" y
que se obtiene en matemática extrayendo la raíz cuadrada del
numero 5, adicionándole la unidad y dividiendo este
resultado por dos; número en relación también a la diagonal
del doble cuadrado, descrito en el templo de Posidonis.10
Además, de la división del circulo en 5 partes surge la
pentalfa, el número de reconocimiento para los pitagóricos-.
Así pues, podemos aceptar el significado simbólico de la
palabra "Filosofía" en un sentido superior a lo que se
entiende por ella en nuestros días. El de "sabiduría según
la proporción, igualdad, equivalencia o harmonía que
mantiene la razón individual con la razón universal". La
Ratio, "la proporción más sencilla o relación, la que al
establecerse, religa a la parte con el todo, en
correspondencia micro-macrocósmica. Número, como podemos
ver, cuyo nombre, al igual que tiene un desarrollo en la
Geometría, también lo tiene por otro lado en la Gramática.
En cuanto a la Gramática que decíamos,
es una forma de expresión verbal que adopta la simbólica, y
"ciencia" vocal dirigida al oído, es un vehículo de las
Ideas, visiones o mitos, que guarda toda lengua sagrada. Phi
es letra inicial y también raíz de la palabra Filosofía, es
decir "amor a Sophia, Sabiduría o Espíritu. Y quien 'ama" es
el alma, y ésta, amando a Sophia es la Filosofía misma -que
en este sentido es no sólo racional- Además Phi es también
raíz de palabras o ideas-forma emparentadas, como phileo,
amar; philia, amistad; phili, hijo; philos, amante, amigo;
símbolos de la concordia o harmonía. También viene de ahí,
Philadelfos, que es el que ama a su hermano, caridad
fraterna, de Phil -amor- y, adelfos -fraternal, gemelo,
semejante, hermano en la fé-.
Por otra parte, si consideramos a la
Tetraktys -en correspondencia a los mundos del árbol
cabalístico y en el esoterismo islámico, ver nota 6- en
cuanto al desarrollo de todo lo contenido en la Unidad o a
"los 10000 seres", tenemos descritas en ella escalonadamente
a las potencias del 10 -en la simbólica de los números,
igual a 1 (1+0)- que constituiría así el vértice y "primer
nivel de la Tetraktys", correspondiendo el 100 al segundo
nivel, 1000 al tercero y 10000 al cuarto. Encontrándose
entonces el número 500 -cuya esencia es 5, suma de 2+3 y en
posición 23 en el griego oriental y occidental- en camino
ascendente, entre 1000 y 100, como en camino entre la razón
y la sabiduría se encuentra el 'amante' de la sabiduría.
Siendo de este modo la Filosofía el vínculo entre "alma y
espíritu' o también "intervalo" existente entre el tercer
nivel o Tríada que corresponde al "alma universal" y el
segundo nivel de la Tetraktys representativo del "espíritu
universal" o Díada -"díada" en el sentido de
complementariedad de los contrarios, a distinguir de la
"dualidad" o aspecto positivo de los mismos- Así, el terreno
propio de la Filosofía, en el sentido simbólico de la
palabra, cubre el intervalo, harmonía, proporción y también
relación -la más sencilla de las proporciones- entre el alma
y el espíritu, en cuya unión se abre el acceso a la Unidad
del Ser micro y macrocósmico en el vértice mismo de la
Tetraktys. El alma que inspirada por el Espíritu ama al
Espíritu según la Idea de proporción, que es Belleza; siendo
también el número 5 llamado por los pitagóricos "Venus"
porque los números masculinos -impares- y los femeninos
-pares- están mezclados entre sí. Y Androginia porque,
decían, siendo número impar, tiene características
masculinas. O "Dídimo", porque divide a la decena en dos
partes, siendo ésta indivisible de otra manera. Y añade que
la llamaron inmortal y Palas por contener una representación
de la quintaesencia, el éter, el quinto elemento.11
En el sentido verdadero o etimológico
de la palabra, Filosofía quiere decir amor a la Sabiduría,
Idea misma de la Belleza que es resplandor de la Verdad.
Eros o amor nace el mismo día que Afrodita Urania, la
Belleza, símbolo del mundo inteligible. Eros es un Gran
Daimon, según le transmite la Sacerdotisa Diotima a
Sócrates, al iniciarle en el misterio del Amor, en el mito
del Banquete. Amor no es la Sabiduría puesto que el que ama
a Sabiduría se dirige hacia ella. No obstante por su
naturaleza generadora, es capaz de procrear en ella al
amarla. Describiéndose a partir de ahí la escala del Amor
que va: del cuerpo bello a la generalidad de cuerpos bellos,
de estos a las bellas almas, que aman las bellas
tradiciones, las leyes, las artes y las ciencias, y de ellas
a la idea de la Belleza, que es una y que lleva a la
contemplación del Bien mismo. Este es el sentido heroico de
la filosofía, del que nos habla Platón en el Cratilo, pues
héroe nos dice, procede de eros, y así era como en la
antigüedad eran concebidos los héroes, como hijos y frutos
del amor entre un Dios y una mortal.
A propósito de ello en el diálogo
Fedro, es descrita la escala de los amantes que termina en
el Filósofo, cuyo amor es el más alto, el del "Entusiasmo" o
la posesión divina.
Esta visión nutrió y dio lugar al
desarrollo del pensamiento platónico, de manera que a lo
largo de los tiempos comenzaron a verse en el occidente
antiguo, medieval y renacentista, las apariciones de
tratados del amor como fueron, El tratado del Amor de
Ibn Arabi, El libro del amigo y del amado de
Llull, El Roman de la Rose de Meung y Lorris, La vita
nuova de
Dante, El Comentario al Banquete de Ficino, Heroicos
Furores de G. Bruno, Diálogos de Amor de León Hebreo, entre
tantos.
Platón transmite su enseñanza a través
de 30 Diálogos, de entre los que R. Guénon cita a menudo:
Fedón, Timeo, Critias, República, Cratilo, Banquete, Leyes,
Menón.
La Filosofía como camino hacia la
Sabiduría, a través del Amor a las Ideas, se realizó por
medio del Diálogo. Lo que quiere decir a través del logos,
palabra o razón iluminada por la Inteligencia. Fijémonos en
este sentido en la raíz "día", común a Díada -o intervalo
que vincula a la unidad con la multiplicidad- a la que por
cierto los pitagóricos identificaron con la musa Erato,
decían, por atraer a la mónada hacia sí misma -Erato fué
también la musa que presidía el Arte Poética. Véase la
familiaridad de esta palabra con otras tan significativas
como Eros, erística, héroe, y aun con Er -en el mito,
soldado resucitado de entre los muertos- en el que se da el
hallazgo de la memoria, al final del libro X de la
República. (En este sentido R. Guénon señala que en Crátilo
se da muestra de un procedimiento similar al del Nirukta
sánscrito, base de una simbología que surge de asimilaciones
fonéticas entre palabras filológicamente distintas)12.
Seguir la enseñanza de los Diálogos es
penetrar en el mundo de las Ideas, pasando de la oscuridad a
la luz gradualmente, como se dice en el mito platónico de la
caverna: de las sombras a los objetos y de estos saliendo de
la caverna, a las imágenes en el cielo de los astros en la
noche, hasta poder ver a la luz del día directamente y al
Sol mismo. Cuya luz es de la misma naturaleza que el
entendimiento, piloto o Auriga del alma que habita en el
mundo de los inmortales, el de las Ideas, hasta llegar a
contemplar al mismo Bien en su Belleza y en su Verdad. Lo
cual es función del Filósofo Rey, capaz de gobernar el mundo
y cuya auténtica residencia es la Tierra de los
Bienaventurados, más allá del viento Bóreas, -del Norte- el
lugar de Apolo hiperbóreo.
Acerca de lo que es el verdadero
diálogo filosófico, recordemos lo que dice Sócrates a
Alcibíades:
"Sócrates.- ¿crees acaso que es cosa
fácil conocerse a sí mismo y que era un hombre vulgar el
que puso eso en el templo de Delfos, o, por el
contrario, que no está al alcance de cualquiera? .....
Sea, pues, ¿de qué manera nos encontraríamos a nosotros
mismos? ...supón que esta máxima se dirige a nuestros
ojos como si fuesen hombres, para decirles "Mirad a
vosotros mismos". ¿Como acogeríamos esta amonestación?
¿Pues a qué objeto hemos de mirar para que a la vez nos
veamos a nosotros mismos? ...A un espejo o cosa que se
le parezca... ¿Y en los ojos con los que vemos, no hay
algo de esta clase? ...¿No has considerado, acaso, que
cuando miramos al ojo de cualquiera que está delante de
nosotros nuestra faz se hace visible en él, como en un
espejo, justamente en lo que nosotros llamamos pupila,
reflejándose así allí la imagen del que mira?...De este
modo, el ojo, al considerar y mirar a otro ojo y a la
parte que él cree mejor, así como la ve también, se ve a
sí mismo. Por tanto, si el ojo quiere verse a sí mismo,
ha de dirigir su mirada a otro ojo y, precisamente, a la
parte de este ojo en la que se encuentra su propia
facultad perceptiva; esta facultad es lo que llamamos
visión... Pues bien, si el alma desea conocerse a sí
misma, también debe mirar a un alma y, sobre todo, a la
parte de ella en la que se encuentra su facultad propia,
la inteligencia, o bien a algo que se le semeje... ¿Pues
hay en el alma en efecto, una parte más divina que esta
donde se encuentran el entendimiento y la razón? ...Esta
parte parece realmente divina, y quien la mira y
descubre en ella todo ese carácter sobrehumano, un dios
y una inteligencia, bien puede decirse que tanto mejor
se descubre a sí mismo. Y es que, así como los espejos
reales son más claros, más puros y más luminosos que el
espejo de nuestros ojos, así también la divinidad es más
pura y más luminosa que la parte mejor de nuestra
alma... Mirando, pues, a la divinidad, nos servimos del
mejor espejo de las cosas humanas con respecto a la
virtud del alma, y así, en él, nos vemos y conocemos
mejor a nosotros mismos."
Encontramos que en esencia, la profunda
enseñanza acerca del conocimiento del sí mismo que se invoca
en este Diálogo se halla otro tanto en la Chandogya
Upanishad, donde en un fragmento (LXXIV), Prajâpati el señor
de las criaturas, en forma de gurú, instruye a Dêvas y
Asuras acerca del verdadero conocimiento, indicándoles
aquello no maculado por el mal, la vejez, la muerte, el
dolor, el hambre o la sed, y diciéndoles: "La Persona que es
vista en el ojo es el Yo real (Atman)". 13
Observemos por un momento, en aquello
que dijera Wittgenstein, que veía a toda la filosofía que
vino después de Platón, tan sólo, como las notas al margen
de su obra. Podrá parecer exagerado, pero aun así pensemos,
que los filósofos posteriores no podrían decir siquiera una
palabra que no estuviera ya contenida en las Ideas recibidas
y transmitidas por Platón: Lo Uno e Inexpresable o el Bien,
la Belleza, la Verdad, el Amor, el Intelecto o Nous, el
Mundo, el Alma o Psiqué, la Justicia, la Razón, la
Imaginación, el Cuerpo o Soma, los Sentidos y los Elementos,
así como las subdivisiones a que todas estas ideas dieron
lugar, a partir de la obra metódica y sistematizadora de
Aristóteles, que fue quien desarrolló la ontología, la
ética, la estética y la lógica, en su aplicación al mundo de
lo horizontal. Verdaderamente no hay otras palabras con las
que componer el discurso, siendo posible eso sí, la
multiplicidad de combinaciones factibles en la mente de los
filósofos que las utilizaron, con mayor o peor fortuna, es
decir más o menos completamente, en el sentido en que las
cosas además de sensoriales, imaginativas o racionales,
pueden más allá de esto, ser inteligidas. Y ello no por otro
que por el intelecto, el "Auriga" o piloto del alma. -Acerca
de la justa relación entre el pensamiento de Platón y
Aristóteles, obsérvese la pintura renacentista de Rafael de
Urbino titulada "La Escuela de Atenas", donde se les ve a
ambos avanzando hacia el espectador. A Platón con el brazo
derecho vertical y el dedo índice levantado hacia arriba y a
Aristóteles con el brazo horizontal y paralelo a la tierra.
Se dijo anteriormente que la lengua
era una variedad del símbolo, y también que por su
intermediación era posible el establecimiento de la harmonía
y correspondencia entre todas las formas tradicionales, las
cuales se manifiestan a través del mismo, en todas sus
variedades, como son, para el ámbito de lo visual las
múltiples artes y artesanías, como la arquitectura,
escultura o pintura, y en el ámbito de la audición, la
música, el canto y la recitación de poesía, todo lo cual es
medido y metrado desde la ciencia común a todas ellas que es
la Ciencia del Número.
La Lógica es también, como la
Gramática, un símbolo evocador de la Metafísica, de la
realidad de otro espacio. Aunque puede decaer en un
conocimiento indirecto, teórico y especulativo, si carece de
concentración. La concentración que es el mismo conocimiento
o amor, que tendiendo a Sabiduría genera Sabiduría. Lo
especulativo surge de un conocimiento no comprometido en la
acción misma de conocer, que es Identidad. "El ser es todo
lo que él conoce".14
Y es en esta relación de subordinación, que cobra verdadero
sentido la palabra especulativo, en cuanto luz reflejada o
indirecta, refracción del grado superior de conocimiento
llamado directo, puramente intelectual, intuitivo o
espiritual, que es uno como sujeto, con su objeto, la Idea.
La restitución al mundo griego de la
época clásica, de un conocimiento simbólico que se resume en
tres niveles de existencia o tres mundos, objeto del
Espíritu o entendimiento, del alma y sus facultades -razón,
memoria e imaginación- y del cuerpo y sus sentidos, pasaba
por rectificar la dirección de la mentalidad de la época,
señalando un punto de vista "vertical" y más allá del plano
horizontal, del mismo modo como se aplica la escuadra en la
construcción, o que en el simbolismo astronómico se aplica
el Gnomón a la tierra, permitiendo el trazado del recorrido
del sol en su meridiano. Esta escuadra, o gnomón, equivale
también a lo que en Música se llama la Gamma, u origen de
todos los tonos, y a lo que en Gramática corresponde a la
tercera letra, Gamma, cuya forma es una escuadra, y también
a lo que en Aritmología se llama Ratio, razón, denominada la
más sencilla de las relaciones y base de toda proporción.15
Por esta Ratio hay que entender aquel
punto, centro del plano horizontal, donde -si consideramos
el triángulo semiequilátero o escaleno rectangular, base del
Teorema de Pitágoras- coincide lo vertical y que define el
encuentro entre Providencia Divina y Voluntad humana, lo
cual es el mismo Destino, representado por la hipotenusa.16
Esto mismo se expresa aritméticamente como: 3 al cuadrado,
más 4 al cuadrado igual al 5 al cuadrado. Así pues, el valor
de ratio es de 9 + 16, cifras de cuya suma absoluta
obtenemos 25, lo que es igual a 7 (2 + 5), cuya forma, por
otra parte también similar a la escuadra, gnomón, o gamma,
simboliza el estudio de la cosmogonía al completo, a partir
de las ciencias que la expresan y de su principio luminoso
-en su significado astronómico, el Sol- que centra y
gobierna a los 6 planetas.
Enumerándose las Ciencias
Tradicionales, las que se corresponden entre sí, claramente,
a partir de sus elementos fundamentales, que centrados en el
número serían: El "uno" en aritmética, el "punto" en
geometría, el "sonido" en música, el "sol" en astronomía, la
letra "a" en gramática, el "blanco" como principio del color
y la "razón" en lógica. Ciencias cosmológicas y refracciones
del intelecto, de quien proceden y a quien se reducen.
Esta simbólica de las ciencias o
Filosofía, conducente por medio de la llamada "suprema" de
entre ellas o "Dialéctica", en ascenso, hasta el Principio o
Unidad que las armoniza, enseñada a través del "Diálogo"
-presente en ambas palabras la raíz "dia" relacionada con
Díada- tuvo lugar en la Academia platónica, que fue un solar
o terreno que se dice perteneció al héroe Academos, frente
al cual, se cuenta que en tiempos de Anacreonte se
encontraba un altar donde se sacrificaba a Eros. Instituida
en Atenas como centro de culto a las Musas, cuyo templete se
hallaba en aquellos jardines, guardianas de las ciencias y
las artes, cuyo conductor nos dice el mito es Apolo
-musagetes- y que en otro tiempo fue también centro de las
comunidades pitagóricas, como en Crotona.
Estas enseñanzas eran dirigidas
especialmente a los Vigilantes o guardianes de la Ciudad, a
los nobles guerreros, -la casta Kshatriya para la tradición
hindú- conocimiento cuyo contenido de orden estrictamente
cosmológico, tenía en la Unidad del Ser el objeto de su
estudio. Con el fin de que su conversión en Filósofos Reyes
les otorgara la capacidad de gobernarla según la Idea de la
Justicia. Filosofía es el verdadero amor a Sophia, y como
tal es generador por naturaleza. Y los hijos del amor, de
Eros, son también los héroes, que sacrifican su vida o la
ofrecen por amor, en la acción ritual -Karma- por medio de
quien devuelven lo que les ha sido dado por la divinidad,
(el Dios personal, el Ser, en su triple aspecto de Bien,
Belleza y Verdad) participando así de ella. Epoca
correspondiente al reinado de Zeus, edad de Plata, donde el
reinado de los dioses sucede al de Cronos. Y en donde son
cumplidas las 3/4 partes de la Ley, la cual rige para los 3
mundos de la manifestación, a los que Platón se refiere como
Mundo de las Ideas, Supraceleste;17
Mundo de las formas; y Mundo de la materia.
La llamada Academia de Platón puede
considerarse edificada en memoria de la Sabiduría, invocada
por Sócrates, también llamado sacerdote de Apolo y filósofo,
perteneciente a la escuela de los pitagóricos, de la que
toda su enseñanza es resumen y testimonio: "el conocimiento
de sí mismo" según el mandamiento que figuraba en el
frontispicio del templo de Apolo en Delfos18;
Sócrates, que decía ser acompañado por un Daimon o Eros,
intermediario entre el Principio de la Sabiduría y los
hombres.
Una vez, interrogado el oráculo de
Apolo, sobre quién era el hombre más sabio de Grecia,
respondió: Sócrates. El cual, empezaba toda su enseñanza
afirmando"sólo sé que no sé nada". Comienzo de la Sabiduría
y de toda verdadera Filosofía. De él se dice, que andaba
descalzo por las calles de Grecia preguntando el "porqué" de
todas las cosas, es decir por su causa o principio.
El método socrático llamado mayéutica
-o arte de alumbrar el alma- conduce a una visión unitiva y
sintética, de orden Supraindividual y Universal, dirigido a
las particulares condiciones del mundo griego existentes en
el s. V a.c. Las que se caracterizaban por limitar la noción
de existencia al ámbito de lo individual y que se expresaba
en los distintos órdenes de la sociedad bajo el mismo punto
de vista antropomórfico, que en las artes privilegiaba al
estudio estético del cuerpo humano, en el pensamiento al
estudio lógico y racional de los fenómenos; en el gobierno,
la oligarquía, la democracia y la tiranía o en lo religioso,
al ritualismo, en ausencia de todo contenido mítico y
simbólico. Actitud global que venía resumida en la
proposición del sofista Protágoras, "del hombre -individual-
como medida de todas las cosas". Sócrates promovía la
reminiscencia o recuerdo de aquellas Ideas, siendo
previamente necesario para ello, una catarsis o
purificación, a través de la erística y de la retórica o
artes de la discusión y de la persuasión, al servicio de la
verdad y destinadas a negar todo lo que la niega. Con lo que
se diferenciaba claramente del uso que de estas mismas
ciencias hacían los sofistas, quienes envueltos por la
multiplicidad de saberes no distinguían la idea de harmonía
alrededor de quien centrar sus discursos.
A través del camino de la catarsis,
conducía Sócrates a sus discípulos hacia la visión del mito,
en donde la realidad de las cosas se hacía evidente por sí
misma.
En cuanto a la palabra mito, leemos en
Apreciaciones sobre la Iniciación de R. Guénon:
"Mito (griego=muthos; latín=mutus)
=mudo, significa la boca cerrada, y por extensión el
silencio. En cuanto a mueo significa, instruir ...sin
palabras, tal como ocurría efectivamente en los
misterios.
Pero, uno dirá, si la palabra "mito"
tiene este origen ¿como es que ha servido para designar
un relato de algún tipo? Es porque esta idea de
"silencio" debe ponerse en relación aquí con las cosas
que, en razón a su propia naturaleza, son inexpresables,
al menos directamente y con el lenguaje ordinario; una
de las funciones generales del simbolismo es
efectivamente el sugerir lo inexpresable, el hacerlo
presentir, o mejor "afirmar", mediante las
transposiciones que permite efectuar de un orden a otro,
de lo inferior a lo superior, de lo que es más
inmediatamente aprehensible a aquello que no lo es más
que mucho más difícilmente; y este es precisamente el
primer objetivo de los mitos. Tanto es así que, incluso
en la época "clásica", Platón todavía recurre al empleo
de los mitos cuando quiere exponer concepciones que
sobrepasaban el alcance de sus medios dialécticos
habituales. Estos mitos que sin duda él no "inventó",
sino sólo "adaptó", puesto que llevan la marca
incontestable de una enseñanza tradicional (como la
llevan también ciertos procedimientos que utiliza para
la interpretación de las palabras, y que son comparables
a los del "nirukta" en la tradición hindú. (Para
ejemplos de este tipo de interpretación véase sobre todo
el Cratilo). Dichos mitos, decíamos, están muy lejos de
no ser mas que unos ornamentos literarios más o menos
desdeñables como los ven muy a menudo los comentadores y
"críticos" modernos; para quienes es ciertamente mucho
más cómodo apartarlos de este modo sin examinarlos más,
que dar de ellos una explicación aproximativa. Muy al
contrario, estos mitos corresponden a lo que hay de más
profundo en el pensamiento de Platón, a lo más liberado
de las contingencias individuales, y que a causa de esta
profundidad misma, él no puede expresar más que
simbólicamente. A menudo, la dialéctica contiene en él
algo de "juego", lo cual está muy de acuerdo con la
mentalidad griega, pero, cuando la deja de lado para
tomar el mito, puede uno estar seguro de que el "juego"
ha terminado y que se trata de cosas que tienen de algún
modo un carácter Sagrado."
Sócrates decía practicar el arte del
alumbramiento, de dar a luz a la conciencia de los hombres,
para que estos reconociesen la Verdad y la Belleza del Bien,
de quienes el hombre guarda memoria en lo recóndito; pues
una vez, éste, contempló las Ideas directamente, en lo
Supraceleste, más allá del ámbito de las formas. Dice el
mito de Fedro, o de la Belleza:
"El lugar Supraceleste, ningún poeta
de esta tierra lo ha cantado, ni lo cantará jamás,
dignamente. Es, pues, así (se ha de tener, en efecto, la
osadía de decir la verdad, y sobre todo cuando se habla
de la verdad): la realidad que verdaderamente es, sin
color, sin forma, impalpable, que sólo puede ser
contemplada por la inteligencia, piloto del alma, ocupa
ese lugar. Así pues, como el pensamiento de la divinidad
se alimenta de inteligencia y de ciencia sin mezcla, y
lo mismo el de toda alma que se preocupa de recibir lo
que le conviene, al ver, en el transcurso del tiempo la
realidad, la ama, y contemplando la verdad se alimenta y
se siente feliz hasta que el movimiento circular en su
revolución la vuelve a llevar al mismo lugar. Y en esta
circunvalación contempla la misma justicia, contempla la
templanza, contempla la ciencia, no la que implica
devenir, ni la que es diferente según trata de cada una
de las cosas diferentes que nosotros ahora llamamos
realidades, sino la ciencia que versa sobre lo que es
realmente la realidad. Y después de haber contemplado de
la misma manera las demás realidades verdaderas y de
haberse regalado con ellas, desciende de nuevo al
interior del cielo y se va a casa. Una vez allí, el
auriga, colocando los caballos junto al pesebre, les
sirve ambrosía y después los abreva con néctar. Tal es
pues la vida de los dioses."
Sócrates comenzaba interrogando a sus
interlocutores sobre el supuesto saber que creían poseer
acerca de una Idea, conduciéndoles paulatinamente al
reconocimiento de la ignorancia fundamental que poseían
respecto a la misma. Mostrando a continuación la Unidad
subyacente a todas ellas. A partir de ahí pasaba a relatar
un mito simbólico y verosímil. Como son por ejemplo,
aquellos mitos en que es dada cuenta del Alma del Mundo y el
alma del Hombre, formados según el modelo de las Ideas de lo
Inteligible y de lo Sensible; de lo Mismo y de lo Otro
-Timeo- aspectos del Ser. Mundos que se mueven según la ley
del ciclo, como en Político, atravesando las edades (la de
oro o antigua edad de Cronos, la de plata o de los dioses,
la de bronce o de los héroes y la de hierro o de los
hombres), mito en el que se da cuenta de los ciclos que
gobiernan el cosmos. En la Edad de Oro y reinado de Cronos,
el timón del mundo es gobernado por pastores divinos, y la
humanidad sigue la marcha de la divinidad que va de la vejez
a la infancia. Mientras que en la época de Zeus, se sigue el
ciclo del deterioro, de la infancia a la vejez,
corrompiéndose las ciudades, desde la aristocracia
progresivamente a la oligarquía, democracia y tiranía.
Otros mitos que surcan la obra de
Platón son en Fedro, el mito del alma, la cual es comparada
a un carro alado dirigido por el cochero, que es el
intelecto, conductor de dos corceles, uno blanco y otro
negro, símbolos de la pasión. Alma que puede obedecer a su
guía o entendimiento o bien desobedecerle, siendo en este
último caso la causa de la caída, por desequilibrio del
carro, y así del olvido de aquellas Ideas, que fueron
contempladas cuando, una vez, siguiendo el cortejo celeste
de los dioses, las almas se adentraron en lo supraceleste.
El mito del proceso del alma, en
Gorgias y Fedón, en su juicio, recompensa y castigo. Y su
fin: el despertar -como en "Er", libro X de la República, en
que también se refiere la Ciudad Ideal, la Tierra Pura, cuyo
prototipo pertenece al mundo de las Ideas, que conviene
imitar aquí abajo, se dice y en la que residen los
Bienaventurados. El mito del amor regenerador en el
Symposio, capaz de engendrar en la Belleza. El mito del Sol,
equiparable al ojo en lo sensible, como a la idea del Bien
en lo inteligible e invisible. Distribuyéndose, en este
caso, la escala del conocimiento, desde las sombras y
reflejos nítidos en los espejos y superficies lisas, ámbito
de la imaginación, a los objetos sensibles y animales.
(Ambos, campos del conocimiento por opinión). De ahí, a las
matemáticas por el conocimiento indirecto de la razón, y que
son como el preludio de la canción que conviene interpretar,
la Dialéctica, "que se ocupa de la generación hacia la
esencia" (Político, 283 d) -a diferenciar de la dialéctica
como mero ejercicio especulativo de lo racional. Símbolo que
se continúa con su análogo, llamado de la línea cortada, en
cuyos 4 segmentos se representa la escala del conocimiento y
la proporción entre sus contenidos, donde, en sentido
descendente: la inteligencia es al pensamiento lo que el
objeto es a su imagen; o en sentido ascendente: la imagen es
a su objeto, lo que el pensamiento a la inteligencia. Esta
misma escala es la que el alma aprisionada por el cuerpo,
debe recorrer en el Mito de la caverna, que describe la
situación humana y su restitución al origen, en camino de
ascenso a la Verdad desde las sombras, a los objetos
sensibles, y una vez fuera de la caverna acostumbra la
vista, primero a los objetos que son vistos por reflejo en
la noche y a la luz de la luna, hasta que se soporta a la
luz del día la visión del sol, directamente. El Bien
inteligible, que es lo que contemplan los Filósofos que
hasta ahí hayan llegado, a los que se recomienda vuelvan a
la caverna para adiestrarse en el gobierno, antes de poder
retirarse definitivamente al mundo de lo Supraceleste;
habitando junto a los dioses inmortales, que contemplan las
Ideas directamente. Ciudad constituida por una jerarquía de
castas: La de los arcontes cuya virtud es la prudencia. La
de los nobles guerreros, vigilantes o defensores, cuya
virtud es el valor. La de los artesanos y mercaderes cuya
virtud es la templanza. Se dice: "hay en el alma del
individuo las mismas partes y en igual número que en el
Estado" (República, IV). Racional, irascible y
concupiscible. Constitución de partes análoga al cuerpo del
hombre, en quien corresponden, a la cabeza, al pecho y al
vientre.
Sostener esta constitución es función
de la educación del alma, que consiste durante los 10
primeros años en la Mousiké, que comprende la poesía, la
música y las historias míticas. En los 20 siguientes se
trata de las matemáticas desde sus axiomas hasta las
aplicaciones. A partir de los 30 comienza la Dialéctica,
suprema de las ciencias, la cual es a la vez ascendente, por
cuanto va de los axiomas a sus principios últimos; y
descendente, en cuanto se está en la visión sinóptica de
todas las formas, que se aplican a partir de su principio.
Consumiendo esta etapa 5 años, luego de los cuales debe
bajar a la caverna para adiestrarse en el cumplimiento de
esta harmonía otros 15 antes de poder retirarse de los
asuntos del mundo, del que el alma parte feliz hacia las
Islas de los Bienaventurados, lo cual sucede a los 50 años.
Manifestando en el redescenso a la caverna la libertad de
aquellos que se imponen una misión, que es lo propio de los
héroes glorificados. A distinción de los que por no realizar
el conocimiento de sí mismos, han elegido escoger un destino
de entre los lotes repartidos a las almas por el gran
Hierofante (República, X).
En el mito de la Ciudad Ideal,
contenido en el libro República, leemos:
"ciudad que no existe en lugar alguno
sobre la tierra. Pero quizás se de en el cielo un modelo
como ese para el que quiera contemplar y regir por él la
conducta de su alma. Aunque poco importa por lo demás,
que exista o haya de existir algún día. Sólo esa, y
ninguna otra, es la ciudad adecuada para la acción del
sabio".
Dícese también:
"Así pues no acabarán los males para
los hombres hasta que llegue la raza de los auténticos y
puros filósofos al poder, o hasta que los jefes de las
ciudades, por una especial gracia de la divinidad, no se
pongan verdaderamente a filosofar."
La verdadera educación del alma, que
lleva al conocimiento de sí misma, es quien permite, en la
medida de su Virtud, -"que es libre y no tiene dueño, siendo
poseedor de ella tanto como se la estime" (Rep., X)-, el
acceso a la verdadera ciudad Ideal. Ciudad nombrada desde el
punto de vista de toda Tradición. Recordemos el libro de R.
Guénon El
Rey del Mundo, donde es llamada, Paraíso, Tierra de los
Bienaventurados, Islas Afortunadas, y otras entre las que se
encuentra La Tierra Pura, que fue el nombre que adoptó en
los Diálogos.
Ciudad que sirviera de modelo para el
pensamiento platónico de Occidente, y a la que llamó Ciudad
de Dios S. Agustín, la Ciudad Ideal Al-Farabí, La Monarquía
Tomás de Aquino, Utopía Tomás Moro, la Nueva Atlántida
Francis Bacon, la Ciudadela del Sol Tomaso Campanella, o
Cristianópolis para Valentín Andreae. Y así es como en sus
últimos vestigios llega el pensamiento platónico hasta
Occidente, y aun hasta hoy.
En cuanto a la lógica, vehículo que
sirve a la simbolización de lo que en sí mismo es
inexpresable, leemos en fragmentos del diálogo El Sofista o
Del Ser:
"¿Y no es incluso preciso retirar
esta concesión, a saber, la de que el decir nada sea
decir? ¿No es, por el contrario, necesario afirmar que
esforzarse por enunciar el no-ser no es ni tan siquiera
decir?"
"¿Cómo entonces enunciar con la boca
o incluso solamente concebir con el pensamiento "los"
no-ser o "el" no-ser, sin hacer uso del número?"
"¿Comprendes tú, entonces que no
es posible legítimamente ni pronunciar, ni decir, ni
pensar el no-ser en sí mismo, y que este es, por el
contrario, impensable, inefable, impronunciable,
inexpresable?"
Hasta aquí se ha tratado del No-ser, en
el sentido absoluto y no dual de la Idea. A partir de aquí
se tratará del no-ser relativo, en el sentido de cualquier
ser distinto, respecto al ser considerado.
"sentando como principio que el
no-ser no debe participar ni en la unidad ni en la
pluralidad, con solo lo que he dicho ahora mismo lo he
llamado ya uno; digo, en efecto "el no-ser". Seguro que
lo comprendes."
...nos vemos forzados a reconocer,
bien a pesar nuestro, que el no-ser es de alguna
manera....no algo contrario al ser sino solamente algo
que es distinto de él."
También dice a este respecto: "En
cuanto a los que separan u oponen el ser al no-ser, a
esos hace ya tiempo que les hemos dicho adiós."
A partir de lo cual se entiende que,
"decir" indecible, "es" ya decir "algo", y que por lo tanto
es, con lo que alguna clase de ser tendrá el no-ser
-encontrándonos ya con esta afirmación del no-ser, en el
ámbito de lo ontológico y expresable- con lo cual queda
abierta la posibilidad del discurso, por la combinación y
relación mutua de algunas de las Ideas con otras, según la
lógica de las reglas que lo permiten, descartándose las
opciones de la comunicabilidad total entre las mismas, por
contradictoria, así como la de incomunicabilidad total -que
ofende a la harmonía por separar todo de todo.
Si no fuera posible referirse a la
Idea de lo Inefable, el Ser y la cosmogonía subsiguiente
serían imposibles, lo que conduciría al caos de la
multiplicidad de saberes, por no saber encontrar el centro
en que se unifican.
Reglas del discurso correcto,
conocidas por el filósofo que ejerce de este modo la suprema
de las ciencias, la dialéctica -o modo catártico de
razonamiento- que permite el desarrollo ordenado de la
cosmogonía en su descripción, en el proceso del ser desde la
unidad a la multiplicidad y de su retorno desde la
multiplicidad hasta la unidad, así como la existencia del
discurso verdadero y la del falso. Dependiendo éste de la
mezcla inadecuada de ideas, que caracteriza al sofista,
imitador que practica el arte del engaño diciendo una cosa
distinta de lo que en realidad es; haciendo aparecer lo que
no es como si en realidad fuera o lo que es como si no
fuera; arte practicado por aquel que al no conocer lo que
imita, lo falsea. (Dice lo que no puede decirse y no dice lo
que puede decirse). Por el contrario, Platón, reserva un
espacio para lo "Indecible" en su obra, recordemos el
comienzo de la descripción de lo Supraceleste en Fedro:
"El lugar Supraceleste, ningún poeta
de esta tierra lo ha cantado, ni lo cantará jamás,
dignamente. Es, pues, así, (se ha de tener, en efecto,
la osadía de decir la verdad, y sobre todo cuando se
habla de la verdad)."
Y también en Rep. VI, donde pregunta
Glaucón a Sócrates en qué consiste el Bien. A lo que
responde éste: que está fuera de alcance y que por lo tanto
hablará de su descendiente o vástago, la Luz del Sol, ese
tercer elemento que permite tanto al ojo ver, como a los
objetos ser vistos,
"y que se comporta en la esfera de lo
visible, con referencia a la visión y a lo visto, no de
otro modo que el otro, en la esfera de lo inteligible,
con relación a la inteligencia y a lo pensado por
ella",
refiriéndose a la idea del Bien,
"como causa del conocimiento y de la verdad".
Conviene ahora señalar que la afirmación
de que el no- ser tiene alguna clase de ser por el hecho
mismo de ser enunciado -estableciéndose una relación de no
oposición, entrambos- era además la prueba que invalidaba el
argumento de los sofistas, por cuanto, en una humorística
expedición de caza, se les sacaba de aquel lugar
inextricable, como dice el texto, en el que se habían
refugiado. Pues al echarles en cara Sócrates que decían
falsedad, acostumbraban a replicar que, como del no-ser nada
se puede decir, a ellos no se les podía acusar de decir lo
que no era, con lo que convertían la Impersonalidad de la
Idea del no-ser en argumento personalista, rebajándola a la
medida de su estatura de individuos, utilizando para su
propio beneficio el argumento de Parménides acerca de la
Inefabilidad del No-ser.
Toda la enseñanza de Sócrates estuvo
dirigida a rectificar ese modo de pensamiento. Lo que hacía
a través de la llamada noble sofística, que incluía a la
Retórica, o arte de conducir las almas a través de la
palabra. No obstante los sofistas, educadores de los
demócratas que gobernaban Atenas, terminaron por ser los
instigadores de la acusación de Sócrates, que tuvo que
comparecer ante la Puerta del Rey para defenderse de las
calumnias que pusieron sobre él. Todo ello está relatado en
la Apología o autodefensa, y en Critón, donde Sócrates
recuerda el sueño que tuvo antes de que se cumpliera su
sentencia, y en el que "Las Leyes" le dijeron: "pasado
mañana llegarás a la muy fértil Ftía" -palabra ésta
emparentada con el reino de Ptía, en Tesalia, donde paró el
arca de Deucalión, después del diluvio.
Platón, pues, que puso por escrito lo
que dijo Sócrates, transmite el núcleo de su enseñanza a
través del Mito, cuyo carácter Sagrado es referencia, en sí
mismo, del mundo informal de las Ideas, reservando a la
Suprema de ellas, la del Bien, de la que se dice:
"La luz y la visión se parecen al
sol, sin que haya que estimarse el que son el mismo sol,
así también debe pensarse que la ciencia y la verdad se
parecen al bien, sin llegar a creer por ello que sean el
bien mismo... ...el bien no solo proporciona a los
objetos inteligibles esa cualidad, sino incluso el ser y
la esencia. Pero en este caso tampoco el bien es la
esencia, sino algo que está por encima de ella en cuanto
a preeminencia y poder" (República, VI).
Pensamiento platónico que halló
continuidad a través del neoplatonismo, que tuvo su foco en
Alejandría, donde estuvieron en estrecho contacto las
tradiciones hermético-pitagórico-platónica, hebrea,
cristiana y posteriormente la islámica, en comunicación con
la hindú y budista, ya desde el s. III a.c. con la apertura
de rutas hacia Persia e India por parte de Alejandro Magno
-recuérdense las conversaciones entre el rey griego Menandro
y el monje budista Nagasena-. De este período son la
traducción a la lengua griega de textos tan fundamentales
como los del Antiguo y Nuevo Testamento, lo cual no hubiera
sido posible si es que no se hubieran hallado los
equivalentes o correspondencias entre las Ideas y la Palabra
Revelada.
Algunos de los testimonios de la
convivencia en aquella geografía de las Ideas -que se
extendieron a partir del faro alejandrino-, a partir del s.
I d.c. fueron los neoplatónicos cristianos Orígenes,
Clemente de Alejandría; Filón el Hebreo; los pitagóricos
itálicos y latinos Apolonio de Tiana, Numenio de Apamea,
Moderato y Plutarco; los platónicos-hermetistas Hierocles,
Hermias, Olimpiodoro y Ammonio, además de los conocidos
propiamente como neoplatónicos Plotino y Porfirio (a partir
de los cuales se extendieron las enseñanzas al occidente
latino por medio de Macrobio, Calcidio hasta S. Agustín y
Boecio. Mientras que por Jámblico, Proclo y Damascio, el
conocimiento fluyó, hacia la parte más "oriental" de
occidente, a los padres capadocios cristianos del s. IV (S.
Basilio, Gregorio Nacianzeno y Gregorio de Nisa). Y ya a
partir del s. VI con Dionisio el Areopagita.
En la obra de los autores
neoplatónicos se enuncia más allá de la Inteligencia o Nous
correspondiente al Ser, la Inefabilidad del Uno que desborda
toda afirmación y atribución. Fundamento de la "Teología
Negativa" del Areopagita -de la que es antecedente, la
Inefabilidad del No-ser descrita por Platón- y cuya
Angelología equivaldría a la de los intermediarios divinos
que en Porfirio, Jámblico o Proclo era representada por el
Orfismo en una Teúrgia o Magia Ceremonial, fortalecedora del
rito de la palabra que fue deviniendo decadente ya a partir
del racionalismo aristotélico.
La obra de Dionisio fue continuada por
Máximo el Confesor, refluyendo a Occidente traducida por el
monje irlandés Escoto Eriugena, neoplatónico cristiano del
s. VIII. Ya en el s. IX operó la escuela islámica de
traductores de Bagdad y más adelante las escuelas de
Córdoba, Toledo o Gerona, traductores de la obra de Platón,
de Aristóteles y de los neoplatónicos, a través de quienes,
como es sabido, pasaron de nuevo al latín, enriquecidas por
los comentarios que de ellas hicieron el Sufí Ibn Arabí,
llamado Ibn Al Flatún o hijo de Platón. Sin olvidar a los
primeros filósofos Al Kindi ó Al Farabí, que combinaron la
visión directa de la esencia de las cosas, propia de Platón,
con el pensamiento rigurosamente metódico de Aristóteles que
procede de demostración en demostración, como nos recuerda
T. Burckhardt19.
Se dice que las traducciones llevadas
a cabo se hicieron de la siguiente manera: un sabio árabe
dictaba el texto, que un erudito judío traducía al romance
del país, mientras un estudioso de ascendencia cristiana
elaboraba a partir de éste, la versión latina. Así pasaron
los textos de Al Farabí,
Al-Gazali y más tarde de Avicena, Avicebrón y Averroes,
estos últimos ya francamente decantados en la preponderancia
del punto de vista aristotélico sobre el platónico. Todos
los cuales, contribuyeron a la formación de la filosofía
medieval, y de la escolástica cristiana. Con Alcuino de
York, llamado por Carlomagno, se inaugura en Aquisgrán la
escuela palatina, que más tarde prosperaría en las de
Chartres y San Víctor. Y ya en el s. XIII serían
receptáculos Dante y el Maestro Eckhardt. Más tarde en el
XIV-XV y en Florencia, Ficino tradujo a Hermes y a Platón,
mientras que Pico de la Mirándola hizo lo propio con la
Cábala, y elaboró las Conclusiones mágico-cabalistas, cuya
concordancia entre tradiciones, dio lugar la Cábala
Hermética y Cristiana, que se diseminaría por toda Europa
hasta llegar en el s. XVII al Palatinado del Rhin.
Citamos a Damascio el último de los
neoplatónicos, en la doctrina del Primer Principio inefable,
lo Absoluto:
"Expresar ese Principio es cosa que
está más allá de los recursos del lenguaje humano;
además, excede totalmente la jerarquía de la realidad. Y
puesto que se halla fuera y más allá de toda jerarquía,
todas las cosas, y el alma humana, pueden participar de
El directamente y sin intermediarios, aun cuando de una
manera inexplicablemente misteriosa."
R. Guénon en
Metafísica
Oriental expresa:
"No hay que creer que la
intelectualidad occidental haya estado, en general, tan
estrechamente limitada en otro tiempo como lo está en la
época moderna. (...) en la Antigüedad y en la Edad
Media, hubo para uso de una minoría, doctrinas puramente
metafísicas y que podemos llamar completas..."
Y también en Mélanges (en el artículo
"Conócete a tí mismo"):
"Luego existe una preparación a la
sabiduría más elevada que la filosofía, que ya no se
dirige a la razón, sino al alma y al espíritu, y a la
que podríamos llamar preparación interior; y este parece
haber sido el carácter de los más altos grados de la
escuela de Pitágoras. Ella extendió su influencia a
través de la escuela de Platón hasta el neoplatonismo de
la escuela de Alejandría, donde aparece de nuevo
claramente, al igual que en los neo-pitagóricos de la
misma época. (...) Ninguna enseñanza exotérica es capaz
de aportar el conocimiento real, que el hombre debe
encontrar solamente en sí mismo, ya que, de hecho, todo
conocimiento sólo puede ser adquirido por la comprensión
personal. Sin esta comprensión, ninguna enseñanza puede
alcanzar un resultado eficaz, y el aprendizaje que no
despierta en el que lo recibe una resonancia personal,
no puede procurar ningún tipo de conocimiento. Por esto
Platón dice que "todo lo que el hombre aprende ya está
en él". Todas las experiencias, todas las cosas
exteriores que le rodean no son más que una ocasión para
ayudarle a tomar conciencia de lo que hay en él mismo.
Este despertar es lo que él llama "anamnesis", que
significa "reminiscencia".
En este sentido, las enseñanzas escritas
de Platón debieron ser complementarias a una tradición oral,
iniciática. Aquellas representaban el aspecto exotérico y de
preparación interior a través del "amor a Sophia", para
entender una verdad más profunda por transmisión espiritual,
a través de la visión de los Símbolos, tal y como se
encuentra en los Misterios Iniciáticos de la antigüedad.
Y es en todo ello que se ha de dar por
cierta una enseñanza no escrita de Platón, como ya atestiguó
Aristóteles en su libro La Metafísica, y a la cual se
refiere el propio Platón, cuando en la Carta II, de Platón a
Dioniso, dice:
"Reflexiona pues, sobre ello y
procura no tener que arrepentirte un día de haber dejado
que esto se divulgara en este momento de manera indigna.
La medida preventiva más acertada será la de no
escribir, sino aprendérselo de memoria, pues es
imposible que los escritos no acaben por ir a parar a
dominio público. Por esta razón, nunca jamás he escrito
yo mismo acerca de estas cuestiones. No hay ninguna obra
de Platón sobre este tema, y jamás la habrá. Lo que
actualmente se designa con este nombre es de Sócrates,
escrito en el tiempo de su hermosa juventud. Adiós y
hazme caso. Tan pronto como hayas leído y releído esta
carta quémala."
Citando nuevamente a Guénon en
Los
Estados múltiples del Ser:
"Lo suprarracional es una
característica de todo lo que verdaderamente pertenece
al orden metafísico, lo que no deja de ser inteligible
en sí, aun cuando no sea actualmente comprensible para
las facultades limitadas de la individualidad. No hay
que confundir lo desconocido con lo incognoscible.
Misterio no es en absoluto incognoscible o
ininteligible, sino que de acuerdo al sentido
etimológico de la palabra, lo inexpresable e
incomunicable."
En cuanto a lo puramente metafísico en el
conocimiento de Occidente, esa es cosa que de Occidente
depende, es decir de la recuperación de la lectura de los
textos de la Filosofía Perenne, en todas sus dimensiones; es
decir además de con los ojos y con la mente, en la
inteligencia del corazón.
Así es como a través de la obra
de R. Guénon hemos podido aprender alguna cosa de nuestra
tradición Occidental -la que debe aprender a mirar al
Oriente para comenzar a reconocerse a sí misma. Sabios
comentadores han considerado la obra de R. Guénon como
Providencial en el mundo moderno, la que muestra el camino
que lleva a una restitución de la tradición de Occidente en
sus verdaderos orígenes, y que consiste en una búsqueda de
las propias raíces metafísicas que la constituyen en la
antigüedad greco latina, cristiano árabe y hebrea
fundamentalmente; donde en sus libros de Sabiduría se
contienen las verdades que hacen al hombre libre, con la
posibilidad de reconocer en sí mismo su filiación natural
que es la de ser una planta supraceleste y divina.
Concluyendo este trabajo, esperamos
haber mostrado, al menos en algunos aspectos principales, la
concordancia existente entre la Tradición y el pensamiento
platónico o "las Ideas"; reconocidas en la obra de Guénon
como pertenecientes al ámbito de lo Informal, y expresadas a
través de una Ciencia Sagrada que es el Mito, en el que se
refiere un centro primordial llamado Tierra Pura. Y a su
Principio, Apolo-Hermes el Dios Geómetra, origen de todo el
universo, a la vez que transmisor, tanto el de las Ideas o
Números, de quien es Unidad, como el de las formas y cuerpos
que las expresan. Sabiduría en la que se fundó la Academia
de Atenas, en cuyo frontispicio figuraba: "Nadie entre aquí
si no es geómetra". Y que se instituyó en celebración del
sacrificio de la vida de Sócrates por la verdad y en la que
se conducía, según el aviso délfico, en "el conocimiento de
sí mismo", parte esencial de la educación del ciudadano y
cosmopolita de la República, hecha a imitación de aquella
Tierra Pura, lugar donde habitan los Bienaventurados y
estado, que el pensamiento platónico nombra como Idea o
Visión interior, recibida, al igual que las otras
tradiciones de la humanidad, de una misma fuente, la
Tradición Primordial, reconocida por todas y de quien la
Obra de René Guénon es, para este fin de ciclo, testimonio y
símbolo vivo para la memoria de Occidente.
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