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Que Evola se haya ocupado de Hermetismo, y no solo de esoterismo en
general, es algo que hoy nadie discute, incluso si algunos, no se
sabe porqué, pretendieron lo contrario en el pasado. A este
respecto, recordamos una conversación, hace algunos años, con un
librero "esotérico" muy conocido en París: éste, cuyo nombre
callaremos, afirmaba que la naturaleza de Evola, tan llevada al
abandono oriental del mundo (sic) no tenía ninguna disposición para
la verdadera práctica de la Alquimia, sino que tenía otras
ambiciones: "La Alquimia -nos decía- es la encarnación" Punto sobre
el cual nosotros estábamos precisamente de acuerdo y que era,
igualmente, el pensamiento de Evola. Si, en tanto que
"orientalista", éste ha afirmado frecuentemente la necesidad de una
trascendencia en relación a la experiencia fenoménica vulgar, "Evola,
el alquimista", como alguien lo ha llamado, en un segundo tiempo, ha
concretado esta trascendencia, "encarnándola", precisamente en el
mito de Roma y del tradicionalismo político. ¿Se puede ser más
concreto?. Es cierto que no hay más sordo que el que no quiere oir,
pero esta es otra historia...
Planteado esto nos gustaría decir algunas palabras a propósito del
libro de Evola, LA TRADICION HERMETICA, obra que sigue siendo hoy la
más clara e importante sobre el tema, por mucho que esto disguste a
todos esos seudos alquimistas que se reunen en congresos anuales a
fin de confrontar sus "descubrimientos" respectivos en materia de
minerales, vegetales y plantas que nada tienen que ver con la
verdadera Alquimia y que, sin embargo, podrían permitirles el abrir
una herboristería... Sin hablar del estilo absolutamente
incomprensible de sus informes, destinado sin duda a hacer
comprender... !que no han comprendido nada! De hecho, el verdadero
hermetismo es pura "experiencia", de manera que el hermetismo es
perfectamente claro en su planteamiento: Evola es la prueba. Para
volver a él, nuestro propósito no es, como suele ocurrir en estos
casos, realizar un panegírico; lo que permite solo sentirse noble y
evoliano... pero carece de interés práctico. Desearemos, más bien,
lo que es más conforme a nuestro estilo, el evocar la Alquimia de
forma sintética, a fin de insistir en las cuestiones fundamentales.
En nuestra opinión, es la mejor forma de hablar, en la medida en
que, desde hace años, nos ocupamos de "experiencias" directas. Para
empezar, querríamos demoler el mito del Alquimista concebido como el
clásico cretino, con gorro puntiagudo en la cabeza, como un mago,
que entre tubos de ensayo y serpentines polvorientos, se ocupa de
destilar y hacer hervir no se sabe que, más conforme a esto es la
imagen del "soplador de carbón" del que hablan los textos. No
negamos que exista, incluso si, en nuestros días, haría falta poder
disponer de un laboratorio de química, algo muy caro (!y los
verdaderos alquimistas jamás han sido ricos!). Pero el verdadero
alquimista es un hombre que "no se sirve de sus manos", es decir,
que progresa a través de técnicas exclusivamente interiores: inútil
es decir que jamás participará en los "diversos congresos"
alquimistas ni tomará los laureles de las ciencias profanas, y aún
menos de las "ciencias ocultas". No tiene necesidad de ello por que
su laboratorio, es su propio cuerpo, sobre el cual se asienta el
ATANOR de sus pensamientos (o de sus sensaciones en función de la
vía que ha elegido) y sobre el cual opera con el Mercurio de su alma
y el Azufre de su voluntad: elementos que le es preciso descubrir en
sí mismos para comprender, pues el Mercurio es un Agua "que no moja
las manos" y el azufre "un fuego que no quema"; quien pueda entender
que entienda.

Que luego, en el caso de este trabajo, haya igualmente una
adecuación "práctica" con la realidad, queda implícito, no merece
comentarios particulares, pues todo lo que el "soplador" una sobre
su fuego, el Alquimista lo obtendrá por Vías externas: se
manifestarán de manera que hablen en tanto que Símbolo, pues se ha
transformado en aquel que "sabe leer el Libro", el libro de la
Naturaleza. En otros términos, su evolución interior, lo llevará a
"interpretar los azotes exteriores como si se tratara de los
caracteres de escritura" por utilizar una definición AD HOC: en todo
verá el símbolo de estados interiores que le hablarán únicamente
bajo esta forma. Y leerá todo esto en los sueños, en las gentes que
encontrará, en el cielo, en las palabras que oye... Y todo es
mensaje, para él, pues el mundo es regido por una Causa divina y
toda cosa refleja el significado: es el Libro de la Vida, pero
¿quién sabe leerlo?. El verdadero Alquimista le sabe: extrañas
coincidencias le sorprenderán y todos los acontecimientos exteriores
serán para él discursos transparentes, de alguna manera, que
comprenderá, oye la palabra de Dios a través de la Creación: esto no
tiene nada que ver con la poesía o la mística, esto es pura
realidad.
Pero, para llegar, dicen los textos, hay que orar a la divinidad
"pues ella nos da la Iluminación, o el Despertar": ¿se puede ser más
claro?. Y, en este nuevo estado interior -hablamos de experiencia-
aparece un rostro luminoso que "habla", ordena, dice como proceder,
pero que nos sería imposible descubrir: es lo que Evola llama el
Egemonikon o "Soberano interior" y Crowley el "Guardiar" o "Angel
Guardian": es nuestro Si que ahora nos muestra el camino. Lo que
equivale a decir que el verdadero Alquimista es un iniciado; pero
esto es lógico y no hace falta decirlo...
Sea como fuere, deseamos apostar algunas aclaraciones suplementarias
sobre la cuestión, la cual, como dicen los textos, es más compleja
de lo que parece. Primeramente, respecto a los tres estados
herméticos bien conocidos del Negro, Blanco y Rojo, que no son solo
los que se podrían concebir leyendo a Evola, permanecen totalmente
incomprensibles en tanto se les siga considerando desde el exterior.
Pues no existe solo UNA Obra al Negro, UNA Obra al Blanco y UNA Obra
al Rojo, sino una multitud de etapas, de ciclos parecidos que se
reflejan en distintos planos: no se alcanza el Gran Ciclo más que a
través de una aproximación a los largo de pequeños ciclos cuyo
crecimiento se asemeja a una espiral. Un ejemplo, para ser breve:
existe una progresión alquímica en el dominio mental; el Negro es
cuando el individuo (el aprendiz) toma conciencia de la falsedad del
saber vulgar y "renuncia" a sus ideas de siempre. El Blanco, cuando
tras la lectura de los libros esotéricos escritos por los maestros
(en lo que respecta a nosotros fue la lectura de LA TRADICION
HERMETICA), recibe una especie de "iniciación del Manas",
iluminándose su mental y percibiendo de forma supraviacional cual es
la Vía. El Rojo es cuando fundándose sobre tal experiencia, comienza
a "practicar" algo, en el mano de una cadena mágica en el dominio
cultural, político o intelectual, concebido como una vía de
realización espiritual.

Y si la Fortuna lo ayuda, el individuo puede experimentar otro
ciclo, a un nivel inmediatamente superior, es decir, a un nivel de
Sentimiento o de Corazón: la Obra al Negro es cuando alcanza,
gracias al trabajo de cadena evocado antes, percibir la vitalidad
universadl del Pan alquímico, "nuestra agua", que lo pondrá en
simbiosis con el instinto universal de la sexualidad y del mundo
vegetal. Una vez superado ese estado obsesivo en virtud de un
principio suprarracional que, entonces, reaflora en él, recibirá la
iluminación y obtendrá la Obra al Blanco, es decir, el conocimiento
del Menttal ESpiritual o "Agua", que es el "Si" o "Angel Guardian"
del que hemos hablado (y a quien, sobre el plano práctico, Evola
debe de haber escrito sus libros admirables) a partir de este
momento ya no había necesidad de maestro o de nadie parecido, pues
poseerá en él al "Maestro Interior" para guardarlo. Y si el estado "pamico",
es la MATERIA PRIMA, "naturaleza que goza y se domina a sí mismoa",
o el Mercurio alquímico, el Si o Agua, es el Azufre, es decir, la
voluntad espiritual parecida a una combustión fría" que no se
extingue nunca y se localiza en medio de la frent, en el "Tercer
Ojo" (para aquel que sigue la vía occidental, para los otros las
cosas irán de forma diversa). Por lo demás, el Agua es la Luna, y el
Fuego, el Sol. Tal es el "pensamiento pensante" o "pensamiento
original" que, en última análisis, es Luz y posee la capacidad de
comprender, no por la lógica o el razonamiento, sino por la
"evidencia inmediata", por relampagos (la Intuición Intelectual de
la filosofía): induadablemente, a partir de ahora, "ve" según la
Realidad. !La Obra al Rojo, es cuando transforma este Conocimiento
en Acción, ligado al descubrimiento del Corazón, y en conseuencia
del Amor (el Corazón es Rojo), y al misterio de la sangre
espiritual, al Recuerdo platónico, a la "amnesia" y a la vocación
espiritual, desde que el hombre evoa en él herencia espiritual de
los Ancestros: "El Conocimiento -decía Platón- es Recuerdo". Se
reencuentra aquí la misma tríada: oscurecimiento, iluminación y
acción, Azufre y Mercurio y Sal, conforme a la mejor tradición
alquímica.
Se abre luego un ciclo a un nivel superior, es decir el de la
Voluntad: cuando el adepto ha obtenido la iluminación en el Plano
individual, a saber: realizándose como complemento individual
-completo de Cuerpo y Espiritu- se sumerge en plena conciencia en el
Abismo de las sensaciones atávicas y trascendentes de su propio
cuerpo, allí donde duerme el TITAN DE LA CAL, omnipotente, y rearme
el "aliento de los huesos": es entonces el Gran Negro, la Muerte
física que aflora y se va, -es el Tártaro, los Menstruos, el
Disolvente Universal, el Agua carrosiva, todo lo que es, a la vez,
Agua y Fuego, MATERIA PRIMA de toda creación, lo que crea y deshace
los cuerpos para recrearlos de toda eternidad. Es el "descenso a los
infiernos", del que se puede no regresas, y que no se alcanza más
que siendo puro. Entonces, es el Gran Blanco, y el Adepto asciende,
va más allá de sí mismo hasta que disuelve sus andrajos humanos y se
vuelve Cosmos: "Del Abismo nadie sale, pero una Estrella nueva
maravilla a la tierra" - se vuelve en Maestro universal (aquí, el
Blanco es la inmortalidad) y continúa avanzando. Se une al mundo
viviente en su totalidad en nombre del Amor, se convierte en aquel
que es Dios, y va aún más lejos, más allá del mundo, hasta el
Despertar. ¿Pero no se nos dirá que estamos en vías de evocar el
Buda?. Y el Rojo es, entonces, llegado a su término. Naturalmente
estas diferentes fases son mucho más complejas; pero es difícil
hablar solo en una líneas, sería necesario hablar conociendo la
experiencia. Solo la intuición puede ayudamos, pero para esto
también, es preciso que el despertar se haya producido.
De
forma sintética, el Mercurio es vivido interiormente como un flujo
irrepresible de sensaciones tan vagos como inaprensibles que hacen
irrupción en la conciencia como la lluvia bate los suelos. El Azufre
es, por el contrario, una Voluntad, un impulso para actuar que no
tiene nada de humano y que, según nuestra Vía, se ancla en el
Espíritu, pero no es nada más que un fuego que no quema, una "fríavoluntad
dirigida hacia un fin" que no está en nosotros y que, en la
práctica, no actúa en virtud de la oposición violenta de la vulgar
voluntad sino únicamente "manteniéndose en el exterior" o por debajo
de los instintos, es tan inaprensible como el Aire, es decir, como
el Conocimiento: es el reino del "Dragón". En este estadio, si se
llega a imaginar una sutilidad muy aguda y sutil que permanezca
estable y sea capaz de soportar el Fuego de una Voluntad tan
desmesurada, he aquí entonces las "aguas congeladas" y las "aguas
fluyentes", he aquí el Mercurio unido al Azufre que se vuelve Sal o
Cinabrio divino, símbolo de dos naturalezas fundidas en una sola: la
Voluntad, es el Negro; el Conocimiento, el Blanco; el Amor, el Rojo.
Voluntad-Fuego + Conocimiento-Agua y el símbolo del Sol que es
doble, es decir, andrógino, es dado por la unión del Fuego y del
Agua, irradicación y difusión, o por la de la Voluntad y del Amor
(VIS ET AMOR), pero se trata de un Amor querido o de una voluntad
amorosa que se difunde hacia el exterio: Dios es Amor, dicen los
textos. Pero esta vía puede ser recorrida de dos formas diferentes.
Existe una "vía seca" y una "vía húmeda": la primera es cuando se
avanza con la conciencia de si plena y entera, anclada en el
Espíritu, y se sabe siempre, por iluminación directa, lo que se hace
y se hará la vía Intelectual y la Vía Mágica, son de éste tipo. La
segunda, es cuando tal conciencia de sí no está presente y se avanza
sobre el camino: revelando la Vía Mística, Erótica y la del Arte.
Una y otra desembocan sobre el Conocimiento supra-individual, pero
no se dice que en la práctica no puedan cabalgarse pues existe en la
bas de todo esto, la dualidad Hombre-Mujer, es decir,
Azufre-Mercurio; sobrevendrá en el Alquimista una especie de
desdoblamiento interior: en él, lo Masculino se separará de lo
femenino, interiormentte se convertirá en Hombre Absoluto (el Si del
Espíritu o Agua) y la Mujer Absoluta (el Sí del Corazón o Fuego) que
lucharán juntos hasta fundirse en el Andrógino espiritual, el Rebis,
al cual ha sido dado reinar sobre la realidad. Inútil es precisar
que el hombre es el Negro-Voluntad y la Mujer el Blanco-Amor- siendo
el Rojo el Andrógino, procediendo del Binomio Amor-Voluntad
convertido en uno en el Cinabrio-Sal divino. En otros téminos, Fuego
+ Agua = Tierra; pero la Tierra es Blanca y mezclada con el Fuego,
se vuelve Roja, en tanto que conocimiento del Amor ESpiritual, o
Acre: es la "Mujer Escarlata" de Crowley, el femenino "ignificado" y
más culminado, otro símbolo del andrógino hermético.
Y, parra terminar, ccuando la fuerza será exaltada y habrá alcanzado
su equilibrio máximo ssegún la "ciencia de las balanzas" (equilibrio
de lo masculino y lo femenino), entonces será posible conocer la
Quintaesencia de la Realidad, o Eter, la perennidad de la "clara
conciencia", una vez que la Piedra Filosofal haya sido realizado: es
la Orden de la Estrella de Plata de Crowley, el estado inmortalidad.
Pedimos indulgencia de nuestros lectores para todas estas
anotaciones de orden técnico sobre las cuales nos hemos agarrado de
manera "intuitiva". Sea como fuere, estos propósitos no son
comprensibles más que bajo reserva de haber probado una
"experiencia" del mismo orden, falto de lo cual seguirán siendo de
siempre "cabalísticos". Desearíamos simplemente hacen observar todo
lo que les diferencia de otras elucubrbaciones mentales (y
cualquiera que "sabe" no podrá más que confirmar nuestras tesis)
perfectamente sin interés y, sobre todo, los habituales panegíricos
en honor de Evola. El que lamentaba precisamente que "sean casi
inexistentes los hombres cualificados y maduros que, sobre el plano
de las investigaciones, a partir de las posiciones que he podido
defender o hacer conocer, hayan sido más lejos y aporten desarrollar
a la vez serios, metódicas y meditados, es decir, la ausensica de
Discípulos dignos de este nombre.
Puede ser una presunción de nuestra parte, pero quizás hoy sucede lo
mismo. Hoy que tantos "intelectuales" al fondo sobre todo ligados a
los "placeres" pequeño-burgueses, hablan de Tradición sin saber ni
siquiera de qué trata, discursos que no son nada más que un
pasatiempo o un medio útil de abrirse camino en el mundo, habrá
habido al menos algo de "vivido" que habrá sido dicho, procurando a
su antes únicamente la satisfacción de hacer lo que debía hacer.
Entre todas las formas posibles de rendir homenaje a Evola, esta es
sin duda la mejor.
Luigi Ferdinando MORETTI

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