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TRADICIÓN EGIPCIA |
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Las
concepciones morales del antiguo Egipto presentan a la vez tal
originalidad y tal grandeza que no podemos menos que preguntarnos
cuáles eran la fuente de inspiración y la formación espiritual y
religiosa que se hallaba tras ese ideario. Pues sin duda es menester
gran elevación de miras para presentar como razón de ser de la vida
de cada ser humano el que este logre en sí mismo el dominio del
espíritu sobre los instintos sin renunciar por ello a disfrutar de
los bienes de la Creación. Como subraya Jacques Pirenne (en "La
réligion et la morale dans l' Egypte antique") esto asocia al hombre
a la obra de Dios pues aspira, en esta cosmovisión que nos ocupa, a
la misma finalidad: el triunfo de la conciencia sobre los aspectos
inferiores de la naturaleza humana, la primacía del espíritu
absoluto sobre el caos inerte y desorganizado de lo material.
Plutarco ya señaló que esta concepción dualista es el significado
profundo del mito de Isis, donde Dios se opone a la materia en forma
análoga a la filosofía de Platón.
El
refinamiento y elevación con que los antiguos egipcios llevaron
adelante este ideario simplemente asombra. Baste por ahora señalar
que se llegó a incorporar a la cortesía como parte importante de la
moral. Y no cabe duda de que tan solo mencionar estas ideas que
datan de tres o cuatro mil años puede causar asombro en nuestro
tiempo donde tan a menudo a la cortesía se la ignora y a la moral se
la pisotea...
Además,
volens, non volens, es menester buscar en Egipto las raíces
de las cumbres del pensamiento griego. Plutarco en "Isis y Osiris"
lo dice bien claramente: "por otra parte también atestiguan sobre
esto los más sabios entre los griegos, como Solón, Tales, Platón,
Eudoxio, Pitágoras, y además, según otros, el mismo Licurgo, quienes
llegaron hasta Egipto y convivieron con los sacerdotes. Así se
afirma que Eudoxio asistió a las lecciones del sabio Conufis en
Memphis, Solón a las del saita Sonchis y Pitágoras a las de Enufis
en Heliopolis". A estos nombres ilustres hay que agregar, de acuerdo
a otros autores los de Nicias y Herodoto (c.f.r. Eduardo Alfonso "El
Egipto hermético").
Frecuentemente quién se interesa por las antigüedades egipcias
pronto se pierde en los laberintos interesantes de su historia y de
su mitología. No es empresa fácil empero distinguir los hilos
conductores de naturaleza espiritual y religiosa en la primera y los
simbolismos trascendentes de la segunda, reflejados estos últimos en
el arte y la arquitectura de esta civilización asombrosa por mil
razones. Pero hay algo que resulta, en nuestro modesto parecer, aún
más sorprendente y es descubrir en la corriente espiritual egipcia
ideas tradicionales cuyo parentesco innegable con enseñanzas hindúes
y de otros pueblos resulta evidente. Subrayamos que empleamos aquí
el término "Tradición" en el sentido de René Guénon para designar un
conjunto de concepciones que, en forma explícita o velada, se hallan
y reaparecen en las más diversas expresiones religiosas y
filosóficas a lo largo de los siglos y en muy diferentes lugares.
Como puntualiza Guénon esta Tradición Primordial resulta así
atemporal dado que se mantiene invariable e independiente de
tiempos, pueblos, lugares, costumbres y circunstancias. Merece por
ello sus usuales denominaciones como Lex Peremnis o bien su
equivalente sánscrito de Sanatana Dharma, o sea Ley Eterna.
Naturalmente esta concepción guénoniana ha merecido tanto fervorosas
adhesiones como réplicas violentas. Estas últimas han provenido de
diversos campos, a veces por razones dogmático-confesionales, a
veces por cuanto Guénon señala como medio indispensable para la
transmisión de la Tradición un elemento suprahumano que es la
Iniciación. Según Guénon la Iniciación, a la que este autor define
en esencia como la transmisión de una influencia espiritual,
constituye la piedra de toque para distinguir lo tradicional de lo
que no lo es.
Situándonos nosotros aquí en un plano de completa objetividad
diremos que es perfectamente comprensible que estas ideas de Guénon
no sean aceptables para todos pero que, de todas maneras, merecen
tanta atención como respeto y que la polémica se debe reducir, en
última instancia y exclusivamente a una cuestión de experiencia
personal. Siendo imposible agotar aquí una cuestión tan ardua y
debatida queremos subrayar que el tema central de estas líneas es
precisamente este contenido tradicional en la formación sacerdotal
en el antiguo Egipto. Las referencias fidedignas y respetables al
respecto no abundan y sí, en cambio, las narraciones fantasiosas de
corte teosófico tipo Henry Durville y Pierre Christian, las que no
resisten el menor análisis por su falta de seriedad.
Al
respecto conviene desde ya efectuar una distinción tajante para la
que emplearemos la terminología de los maestros hindúes. Estos
distinguen entre Diksha y Rahasya. La primera, o sea Diksha, se
refiere al proceso ritual de la Iniciación y a esta en sí misma,
entendida como transmisión de una influencia espiritual. La segunda,
o sea Rahasya, se refiere a la enseñanza doctrinal, generalmente
secreta, que acompañaba al acto ritual. Es esta segunda parte la que
más nos ocupará aquí. El gran interés del tema es que se centra en
aspectos trascendentes que suponen ir mucho más lejos que la
mitología, la mística y la teología egipcias. Estas últimas solo
resultan a la postre un ropaje para que el conocimiento metafísico y
sapiencial se conserve cifrado en símbolos y velado por alegorías.
En tal sentido vale la pena citar a Plotino en la Enéada Quinta:
"Los Sabios de Egipto me parecen haber dado prueba de una ciencia
consumada o de un maravilloso instinto cuando, para revelarnos su
Sabiduría, no recurrieron ni a letras que expresen palabras ni a
proposiciones que representen sonidos o enunciados. Ellos figuraron
los objetos por medio de jeroglíficos y así designaron
simbólicamente a cada uno de ellos. De este modo cada jeroglífico
constituía una especie de ciencia o de sabiduría y ponía la cosa
ante los ojos de una manera sintética, sin concepción discursiva ni
análisis. Acto seguido esta noción sintética era reproducida por
otros símbolos que la desarrollaban, la expresaban discursivamente y
enunciaban las causas por las cuales son así las cosas, cuando su
bella disposición encendía la admiración". De esta manera los
jeroglíficos (palabra que etimológicamente proviene de hieros-glifo
o sea símbolo sagrado) constituyen una verdadera llamada a lo que
Guénon denomina con absoluta propiedad la intuición intelectual, la
que se sitúa, por su naturaleza misma, mas allá de todo conocimiento
racional y discursivo. Aquí también se dividen las opiniones pero
Guénon mismo menciona ("Introduction générale a l'etude des
doctrines hindoues" pag. 103) que ya Aristóteles en sus "Últimos
Analíticos" sostenía que el intelecto constituía una facultad más
elevada que la razón, lo que es, en suma, exactamente lo mismo. En
esto se halla el principio del simbolismo trascendente, entendido
como vía de acceso a concepciones metafísicas. Lamentablemente los
egiptólogos durante muchísimos años no comprendieron esto y
procedieron en una forma puramente descriptiva, sin duda torpe y
pueril en lo que hace a su tratamiento de las doctrinas y creencias
egipcias antiguas.
Del
material moderno que merece el calificativo de científico es
imprescindible mencionar entre otras muchas las obras de Adolf
Ermann, ex-profesor de la Universidad de Berlín, Jacques Pirenne, E.
A. Wallis Budge y Francois Daumas. Pero frente a estos orientalistas
"oficiales" es menester preferir la obra colosal realizada por los
esposos R. A. e Isha Schwaller de Lubicz, quienes han ido más lejos
que nadie en cuanto a la comprensión profunda del simbolismo de los
templos egipcios. Sus conclusiones han sido la piedra del escándalo
en el mundo de la egiptología a partir de la aparición de "Le Temple
de l' Homme" (1958), pero luego se han ido abriendo camino por ser
la única forma de llegar a una comprensión profunda del contenido
doctrinal más elevado que se impartiera en los templos del antiguo
Egipto. Cuando leemos por ejemplo en Pirenne que "los textos
religiosos disimulan, sea bajo el aspecto de genealogías de dioses,
sea como símbolos y mitos, las ideas que sirvieron de base a la
religión" se hace tangible la influencia de los esposos Schwaller de
Lubicz pues ningún egiptólogo hubiera osado escribir tales cosas
hasta hace muy pocos años. En "Le Miracle Egyptien" de R. A.
Schwaller de Lubicz se puntualiza esta idea central con mayor
precisión aún: "En el viejo mundo de Egipto todo es símbolo, cada
gesto de la vida, cada rito del culto, cada estela, cada monumento,
cada jeroglífico, el color, la ubicación, y la forma de cada objeto
usual, todo obedece a la Ley de Sabiduría que sitúa cada cosa en el
lugar armónico según su naturaleza cósmica".
Pero,
naturalmente, el lugar central lo deben ocupar las fuentes egipcias
antiguas. Es precisamente sobre estas que trabajaron los esposos
Schwaller de Lubicz en colaboración con el célebre egiptólogo
"oficial" Alexandre Varille, antiguo miembro del Instituto Francés
de Arqueología Oriental del Cairo, experto científico en el Servicio
de Antigüedades de Egipto y Miembro Correspondiente de la Academia
de Ciencias, Bellas Letras y Artes de Lyon. La lucha por imponer
estas nuevas y grandiosas concepciones fue muy ardua y no
intentaremos resumir aquí su historia.
Entrando
ahora en materia intentaremos resumir, dado lo exiguo del espacio
acordado, las ideas centrales en que basaba la enseñanza en los
santuarios del antiguo Egipto a los neófitos, siguiendo las pautas e
ideas de los esposos Schwaller de Lubicz en sus magníficos trabajos.
Es menester recordar aquí un aspecto esencial que a menudo se
olvida. A lo largo de los cuatro mil años de su historia las ideas,
creencias y mitos del Antiguo Egipto evolucionaron. Para dar
ejemplos comunes Osiris comienza por ser un dios agrario en tiempos
de la Primera Dinastía y concluye siendo el padre de los dioses y el
más poderoso de todos ellos. La Ogdoada o Panteón de los Misterios
de Memphis no es la misma que las posteriores de Heliópolis y
Hermópolis. En suma las ideas religiosas egipcias no nacieron y
permanecieron como algo estático y terminado sino que adoptaron
formas cambiantes con el tiempo, incluyendo variaciones locales y
revueltas temporarias como la bien conocida de Akenathon (Amenophis
IV).
A su vez
debemos mencionar a otras fuentes de la antigüedad, tales como
Jamblico con sus "Misterios Egipcios" y en segundo lugar a Plutarco
con su ya citado "Isis y Osiris". El interés de estas obras es
grande pero no sirven de mucho para nuestros propósitos. Por ello es
que nos centraremos en las contribuciones de los esposos Schwaller
de Lubicz, plenas de interés y con sólido aparato crítico que
respalda su contenido.
El nombre
mismo de Egipto deriva de una palabra griega, Aegyptus, la que a su
vez proviene de Ha Ka Ptah, nombre del templo dedicado al dios Ptah
en Memphis o Mem-nefer (su antiguo nombre egipcio), construida por
Menes, primer Faraón de la Primera Dinastía. Memphis fue el centro
iniciático principal del Egipto antiguo. El dios Ptah personificaba
a la fuerza creadora, siendo llamado "el alfarero divino" por ser el
constructor del mundo y el organizador de la materia así como el
dispensador de toda vida. Se lo representaba con forma humana y el
escarabajo era su símbolo. Era Ptah el dios protector de artistas,
artesanos y constructores. A este gran centro iniciático sucedieron
los de Heliópolis, Hermópolis, Sais y muchos otros de mayor o menor
importancia. Pero nuestro interés no se halla hoy centrado en esto
sino en el contenido de la enseñanza. Digamos que, bien existían
formas elementales de esta destinadas al pueblo, lo que constituía
la enseñanza superior al parecer estaba íntegramente en manos de los
sacerdotes y de personas vinculadas a los templos. Pero sería un
error clasificar a los habitantes del Egipto antiguo simplemente en
"religiosos" y "laicos", pues, de hecho, existían personas que
revestían un rango intermediario. Por ejemplo, en las festividades
religiosas, muchos roles ceremoniales se hallaban a cargo de
príncipes, nobles o bien altos dignatarios de la corte faraónica.
A su vez,
muchos sacerdotes se casaban y vivían con sus familias fuera del
recinto sagrado de los templos. Algunos cargos religiosos, como por
ejemplo el de Profeta de Amón, eran hereditarios y no eran
incompatibles con el desempeño de otras funciones sociales y
militares o bien la de administrar los patrimonios personales. Pero
lo interesante es subrayar que los más altos conocimientos
científicos y los secretos técnicos eran conservados y enseñados
por hombres vinculados a los templos...
Lo
anterior plantea interrogantes esenciales que se intentarán elucidar
aquí brevemente. Esas preguntas se refieren a: 1ero.) quiénes eran
los educadores y educandos, 2do.) cuáles eran las características
generales de la enseñanza y, lo más importante, 3ero.) si existían
en realidad una enseñanza externa (exotérica) abierta a todos y otra
interna o secreta (esotérica) reservada solo para los mejores.
Pasemos a tratar ordenadamente estas cuestiones.
1ero.) Ya
hemos puntualizado el hecho de que la instrucción superior en todas
sus formas se hallaba totalmente a cargo del sacerdocio pero además
lo mismo ocurría con la educación elemental o primaria reservada a
los nobles y a los futuros altos dignatarios. Existen testimonios
escritos en viejos papiros y ostracas (trozos de calcáreo) que
confirman esto con frases muy reveladoras relativas a educación
recibida en el Templo desde la niñez e, incluso, algunos miembros de
las clases dirigentes que mencionan haber sido instruidos desde
temprano "en los secretos de Thot". Recordemos que Thot fue el
maestro de sabiduría a quien, tras su muerte y divinización, los
griegos llamaron Hermes y los romanos Mercurio, identificándolo de
alguna forma con el astro de ese nombre. En los Misterios de ambas
Hermópolis (en el Alto y en el Bajo Egipto) y en otros templos el
"Neter" (aspecto divino) objeto del culto era precisamente Thot,
adorado como el dios de la escritura y escriba entre las
divinidades, y que regía además la matemática y la astronomía, las
lenguas y el sistema legal entre otras atribuciones. Las enseñanzas
de Thot, transmitidas de generación en generación, constituían un
aspecto central (pero no necesariamente el único) de la más alta
enseñanza sapiencial impartida en el antiguo Egipto. En cuanto a
quienes se impartía la enseñanza, resulta obvio que existía una gran
diferencia entre la popular destinada a quienes solo pretendían
aprender las primeras letras y un oficio y aquella dirigida a las
élites que eran seleccionadas para su ingreso al servicio de la
corte y de los templos. Ser aceptado en estos últimos suponía no
solamente capacidad intelectual sino además plena adaptación mental
a las modalidades del sacerdocio y su enseñanza, además de tener que
soportar una despiadada rigidez en lo que tocaba al aprendizaje de
las responsabilidades individuales. El lema central parece haber
sido la impersonalidad del servicio y la austeridad de las
costumbres, siendo necesario destacar esto pues se inserta
directamente en aspectos doctrinales esenciales de la enseñanza en
los Misterios egipcios que luego revistaremos brevemente.
2do.) En
lo tocante a las características dominantes de la enseñanza en los
templos diremos que esta apuntaba desde un comienzo a formar la
mentalidad del hombre "de acuerdo a las leyes de Maat". Esta diosa
egipcia personificaba la sabiduría, la rectitud, la verdad, la ley
divina y el orden natural del cosmos. Era mitológicamente la hija
bienamada y confidente de Ra y la esposa de Thot. En esencia las
"leyes de Maat" consistían en el desarrollo de la "conciencia de la
verdad", en cuanto aplicación sistemática del principio de armonía y
correspondencia simbólica a cada aspecto de la existencia y a cada
detalle de las obras humanas para descubrir como en un despertar las
relaciones "vivas" entre las cosas y los seres.
Naturalmente es imposible extendernos aquí en los detalles de esto
pero, de acuerdo a las fuentes antiguas existentes (egipcias y no
egipcias) podemos mencionar como disciplinas abarcadas las relativas
al ser humano (anatomía, medicina y cirugía) como también lo
relativo a su constitución psíquica, el sentido último de la vida
humana y sus consecuencias incluyendo el destino de ultratumba.
Las
ciencias de la naturaleza abarcaban la constitución de lo creado y
las cosmogonías mitológicas, mientras que las ciencias del universo
incluían conocimientos astronómicos y astrosóficos.
En todas
estas disciplinas la noción central que se destacaba en la enseñanza
era la correspondencia entre el Macrocosmos, el Universo y el
Microcosmos o sea el ser humano. Esto permitía una forma de
inducción trascendental pues conocer la tierra suponía conocer el
cielo y, yendo aún más lejos, establecer una conexión entre lo
visible e invisible. De este modo el conocimiento de las leyes
naturales y de los fenómenos sensibles permitía avanzar en el orden
metafísico y suprasensible.
Para la
sabiduría egipcia antigua el verdadero templo viviente es el hombre
en el cual se encarnan los principios y funciones cósmicas, los
"Neter". En los templos se hallaban sectores o "casas" en los cuales
se representaban los símbolos de esos "Neter" para enseñar al hombre
a reconocer en sí mismo los elementos del Macrocosmos de los cuales
él es imagen y síntesis.
Cabe
agregar que la fase preliminar de la enseñanza se centraba en el
despertar de la conciencia latente por medio del cultivo de las
facultades de observación, del discernimiento de las calidades
(poder juzgar) y de la noción de responsabilidad.
Esto puede
resumirse como sigue: experimentar la vida, observar, discernir
partiendo del simple candor del niño ante la escuela de la
Naturaleza. Todo apuntaba desde el vamos a transformar al ser humano
común indiferente e inconsciente en el Compañero de Horus. Horus
encarna el principio de evolución superior al que debe aspirar la
humanidad toda.
A esta
altura, y antes de encarar los temas de esta exposición que pueden
ser mayor motivo de sorpresa conviene referirnos a una
característica de la mentalidad egipcia que se revela a cada paso en
los textos y en los monumentos, en las estatuas, tumbas, estelas y
ostracas. Todo aparece al profano como imágenes religiosas o simples
motivos decorativos. Pero, en realidad, la comprensión profunda del
simbolismo exige de nuestra parte, como ya se ha dicho, una actitud
mental sintético-intuitiva que nos permita captar la verdad sin
pasar por la etapa de análisis característica del Occidente
contemporáneo. Y esto no es fácil pues supone el doble esfuerzo de
lograr una formación y una información. La información es previa, a
nivel doctrinal y sapiencial. La formación supone dominio y práctica
prolongada de técnicas de concentración y ascesis. Esto es pedirle
demasiado a la inmensa mayoría de los hombres y mujeres
contemporáneos, los que se hallan demasiado ocupados en el aquí y
ahora material o bien demasiado convencidos de sus medias verdades
como para hacer el esfuerzo correspondiente de comprensión. Hay que
recordar que todo aprendizaje supone ante todo un acto de
humildad...
Las
pruebas de acceso al Templo y a la enseñanza iniciática eran muy
severas y prolongadas. Se nos habla de períodos de probación que
podían alcanzar hasta quince años de duración. En esto había grados
pues el acceso a ciertas partes del templo estaba vedado a los
neófitos (los nuevos-hechos o flamantes iniciados, etimolog.
neo-fito). La expresión egipcia m-khenou "tener acceso al interior"
indica claramente diferencias de privilegios entre los discípulos
del Templo o "Casa de Vida", para emplear la expresión que aparece
en múltiples documentos de papiro y de piedra.
La
sorpresa la constituye el paralelismo evidente que existe entre las
doctrinas del esoterismo egipcio y las del hinduismo.
Gracias a
la labor inmensa de los esposos Schwaller de Lubicz ha sido posible
conocer en gran medida el contenido de la enseñanza impartida en los
templos egipcios y asombra encontrar aquí en forma lógica y
estructurada temas comunes en tan gran número con las enseñanzas
esotéricas hindúes. Así es que en Egipto se enseñaban doctrinas
equivalentes a la del Atma, el Pravritti y el Nivritti, el Kundalini
que fluye a través de los nadis dorsales, los Chakras, el Samnyasa y
el Tyaga. La doctrina aparente del Libro de los Muertos sobre la
vida post-mortem encubría la verdadera enseñanza en los templos que
no era otra que la transmigración. La cantidad de coincidencias
entre ambos esoterismos es tan grande e importante que haría
necesariamente pensar en una fuente común o, más razonablemente aún,
darle de pleno la razón a René Guénon en cuanto la existencia de una
Tradición Primordial y Universal transmitida secretamente de boca a
oído en las más diversas épocas y países. Esto por cuanto similares
ideas aparecen una y otra vez en los más diversos contextos de
lugar, tiempo y circunstancia. Desgraciadamente no es posible aquí
efectuar un resumen adecuado de tales doctrinas lo que, en rigor,
exigiría un libro entero. Merece sin embargo destacarse que en
muchos aspectos esenciales tanto doctrinales y especulativos como
operativos los antiguos egipcios fueron bastante más lejos al
parecer que los hindúes.
En años
recientes (1983-87), siguiendo los pasos de los esposos Schwaller de
Lubicz ha aparecido otra contribución remarcable en dos volúmenes
sucesivos, debida a Genevieve y Babacar Kane. Se trata del "Yoga de
los Faraones" y del "Yoga de la Verticalidad", ambas surgidas de un
análisis profundo del legado del Antiguo Egipto. Los Kane nos
ofrecen en estos dos libros una extensa y minuciosa reconstrucción
de una variedad de técnicas de elevación espiritual y curación
psico-física originarias del antiguo Egipto. Gracias a la labor de
estos autores estas técnicas han alcanzado enorme difusión en Europa
en años recientes. Sin duda el empleo de la palabra "Yoga" no es del
todo feliz para designarlas pues este término evoca demasiado
directamente técnicas específicamente hindúes pero no es fácil
reemplazarla y la idea central es exactamente la misma.
Recordemos
que "Yoga" proviene etimológicamente de "Yuj" o sea contacto, unión
y que, en esencia, con las verdaderas técnicas de Yoga se apunta
precisamente al contacto de la conciencia individual con la
Conciencia Universal o sea, en terminología occidental, la Unyo
Mystica. Y es necesario subrayar aquí lo que afirman con justeza los
esposos Kane en cuanto que el Yoga no es una religión sino una
técnica que permite al ser humano re-integrarse en cuerpo, alma y
espíritu cualquiera que sea su creencia. Lo único lamentable es que
muchos, tomando la parte por el todo, presentan como Yoga a una
serie de prácticas gimnásticas y respiratorias a menudo peligrosas y
hasta aberrantes las que, originalmente, solo servían como
preparación preliminar para las disciplinas del Raja Yoga, el único
auténtico y conducente a la disciplina espiritual más elevada.
La
metodología intelectual de los esposos Kane merece objeciones en
cuanto al ordenamiento del material y las fuentes citadas pero
existen en su labor aspectos verdaderamente destacables. Entre ellos
debe mencionarse ante todo el innegable don de observación de los
autores que les ha permitido discernir en las incontables
representaciones de los faraones ciertas actitudes clave de gran
valor para el equilibrio, vitalidad y dominio de sí mismo.
En
síntesis: el mensaje que nos ha legado el Egipto antiguo merece ser
conocido y profundizado más y más pues se encuentran en él
verdaderos tesoros que apuntan de lleno a la más elevada realización
humana en todos los planos. Lo exiguo del espacio nos ha impedido
entrar en detalles que confiamos poder desarrollar in extenso en
alguna otra oportunidad.
Dr. Carlos Raitzin
(Conferencia pronunciada el 20 de mayo de 1994 en la Escuela de
Estudios Orientales, Universidad del Salvador, Buenos Aires). |