TRADICIÓN CRISTIANA

 

 

 

 

 

Teniendo la filiación auténtica de la Tradición un valor decisivo, es necesario remontarse a la fuente de la predicación evangélica, pese a la oscuridad, sin lugar a dudas voluntaria, de que se mantiene rodeada. Entre los judíos piadosos que vivían en Palestina en los tiempos de Jesús, el testimonio de Flavio Josefo permite distinguir tres tipos de fieles: los saduceos, casta sacerdotal que interpretaba el Pentateuco literalmente, los fariseos, fieles a una Tradición oral de costumbre y finalmente Ios Esenios, unidos en una comunidad de tipo pitagórico y de una alta espiritualidad. Desde hacía tiempo se sospechaba que Jesús habla estado familiarizado con esta élite esenia. El reciente descubrimiento de casi seiscientos manuscritos del ler siglo en Qumrân conteniendo sus escrituras, transforma esta hipótesis en una casi certeza. Por estos textos sabemos que los Esenios formaban una congregación muy secreta. Se llamaban entre sí “hijos de la luz” y denominaban a su doctrina “la nueva alianza”. Llevaban vida de cenobitas en las riberas del mar Muerto en un convento del que se han encontrado vestigios. La comunidad comprendía una triple jerarquía de fieles, los postulantes, los novicios y los iniciados, a quienes estaba reservada, después de tres años de preparación, la revelación de una gnosis. El rito principal consistía en una comida sagrada, tomada en común, precedida de una purificación. No admitían mujeres, no utilizaban dinero y prestaban un juramento que garantizaba el secreto. El superior de ellos, un sacerdote de la tribu de Leví y del sacerdocio de Aarón, era llamado “Maestro de Justicia”. Uno de ellos, probablemente, fue ejecutado y condenado por orden del Sanedrín. Es fácil comprobar el paralelismo de estos caracteres y de estos episodios con los del Cristianismo naciente. El brusco silencio hecho sobre los Esenios a la venida de Cristo deja suponer que reclutó entre ellos a sus primeros fieles.

Sin embargo, la enseñanza de Cristo superaba grandemente el cuadro ritual del judaísmo, en el que los Esenios habían querido permanecer y que él había respetado. Por la fuerza de los hechos, sus fieles, una vez muerto, se alejaron insensiblemente del culto del templo, hasta el momento en que nació un nuevo exoterismo. Jesús se refería principalmente al sentido espiritual de las Escrituras como lo manifiestan numerosos pasajes de los Evangelios: “Que el que sea capaz de comprender... Que el que tenga oídos escuche... Diré cosas ocultas desde el comienzo del mundo”. La superación del orden social está claramente enunciada en la frase célebre: “Dad al César lo que es de César...”

Después de la pasión, la sociedad cristiana primitiva no se diferenciaba aún de la comunidad esenia. Las asambleas comprendían tres tipos de miembros, los oyentes, los catecúmenos (o competentes) y los bautizados. Los catecúmenos no eran admitidos al sacrificio eucarístico. Los candidatos al bautismo no recibían el sacramento hasta haber sufrido un examen. El hecho de que el bautismo y la confirmación no pudieran ser conferidos sino una sola vez abogaría por un carácter iniciático y permitiría hacerlos corresponder con el grado de los misterios menores, en tanto que el sacramento de la ordenación correspondería a los grandes misterios. Muchos otros indicios testimonian el esoterismo de la Nueva Alianza, y especialmente el hecho de que el sacramento de la comunión fuera conferido bajo las dos especies, aunque hoy las dos especies sean utilizadas entre los ortodoxos sólo para todos los fieles.

Otros rasgos de una enseñanza reservada se encuentran en las epístolas de San Pablo: “Yo os he dado leche y no alimento sólido... O cualquiera que sea alimentado sólo de leche no comprende nada de los discursos de la Sabiduría”. Los textos de los Santos Padres hacen alusión a una “verdad que no es permitido contemplar a los catecúmenos”. San Basilio habla con más claridad aún “de una Tradición tácita y mística mantenida hasta nosotros... de una instrucción secreta que nuestros padres han observado... ya que ellos habían aprendido cómo es necesario el silencio para mantener el respeto del misterio”. Poco después los escritos "dionisianos" hablan de un “secreto que nuestros maestros inspirados han transmitido a sus discípulos por un tipo de enseñanza espiritual y casi celeste. Los iniciados de espíritu a espíritu... no estando hecha la ciencia para todos”.
 

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Luc Benoist