FRANCISCO VARELA

FRANCISCO VARELA: UN PASO HACIA EL CONOCIMIENTO


Francisco Varela era uno de los científicos más destacados en el ámbito del pensamiento que se construye al alero de la biología. Sus trabajos abordaban distintas materias: la mente, la inmunología, el budismo, las comunicaciones. Este no es un desperfil más, es un juego de ideas vertidas desde bocas que no se identifican, y que incluso pueden ser del propio Varela. (Por Vicente Clúa/ Primera Línea)



"...En realidad, tu naturaleza es el vacío. Por tanto, no es necesario tener miedo. Los señores de la muerte son tus propias alucinaciones. Tu cuerpo de deseos es un cuerpo de tendencias y de vacío. Aparte de las alucinaciones personales, en realidad no existe nada fuera de uno mismo, ningún señor de la muerte o dios o demonio...", dice el Bardo Thödol o Libro tibetano de los muertos.


"...conjeturo que he tenido solamente una pregunta toda mi vida..." Puede ser una idea que nos introduzca en este mundo de ideas, de investigaciones que desarrolló Varela, y que hoy siguen inundando miles de sitios en la red, los papers de otros investigadores, las mentes de cientos de estudiantes de biología, de comunicaciones y más. Ideas que se cruzan con datos de una vida, de una conciencia clara y pensante, con expresión de ciencia, de misticismo, de experiencias distintas de vida.

"...por consiguiente, estoy interesado en el sistema nervioso, la ciencia cognoscitiva, y la inmunología, porque se refieren a los procesos que pueden contestar a la pregunta de cuál es la identidad biológica. ¿Cómo puede usted tener cierta clase de identidad que permita simultáneamente que usted sepa algo, permitir que las células configuren su propio mundo relevante, que el sistema inmune pueda generar la identidad de nuestro cuerpo de su propia manera, y el cerebro ser la base para una mente, una identidad cognoscitiva? Todos estos mecanismos comparten un tema común..."

Ideas como estas cruzan los trabajos de Francisco Varela (7 de septiembre de 1946 - 28 de mayo de 2001), que para quienes no lo conocieron era neurobiólogo, era chileno y estuvo sus últimos años radicado en Francia, y era hasta su muerte director de Investigación del CNRS (Instituto Nacional para la Investigación Científica) en el laboratorio de Neurociencias Cognitivas e Imágenes Cerebrales (LENA), del Hospital de la Universidad Salpêtrière de París, donde encabezaba el grupo de Neurodinámica, y que además, era Senior Faculty en CREA, Escuela Politécnica (París). Llagó allí luego que como un chico más estudió en el Liceo Alemán de Santiago (1951- 1963), y entre 1964 y 1966 estudió en la escuela de medicina de la Universidad Católica de Chile, para luego en 1967 licenciarse como biólogo en la Universidad de Chile y obtener en 1970 el doctorado en biología en la Universidad de Harvard.

"...cuando el descanso y el no descanso dejan de ser, entonces hasta la unicidad desaparece. De la mente pequeña surge el descanso y la inquietud, pero la mente que ha despertado los trasciende a ambos...". Esto también es Varela, acercándose al mundo de las tradiciones orientales y enlazándolas como aporte al mundo cognitivo actual, como el método budista de examen de la conciencia y el desapego.

En su camino al budismo, el científico se encontró con teorías de fenomenología de la experiencia -por ejemplo en la memoria- donde la filosofía oriental tiene niveles primarios de conciencia que en occidente no existen. "Ellos -indica- pueden identificar con precisión dos o tres niveles de conciencia prepersonal, que nosotros desconocemos". Fue este tipo de hallazgos, tan sorprendentes como milagrosos, junto a su cercanía personal con el budismo, que lo llevó a organizar en 1987, junto a otros científicos, un encuentro con el Dalai Lama para intercambiar ideas y conocimientos y lograr -señala- sembrar "semillas preciosas para la reflexión". Las que él mismo también sembró entre otras personas.

Gustavo Jiménez, psicólogo y educador, recuerda desde una página en la red que sus primeras experiencias en la práctica de la meditación ocurrieron durante el año 1980, cuando llegó a Chile un discípulo del maestro tibetano Trungpa Rinpoche perteneciente al linaje de Karma Kagyu, llamado Francisco Varela. "Apenas llegó Pancho -como afectivamente lo nombra- y su esposa, nos juntamos con unos amigos y comenzamos a meditar una tarde. A los cuatro meses de iniciar las prácticas éramos alrededor de 20 personas. Dos años funcionamos en estas condiciones. Varela es un encanto, no sólo por su relación con el budismo, sino como persona".

"...hay estudios muy hermosos sobre los bebés recién nacidos. Contrariamente a lo que la gente piensa, los niños recién nacidos no son unos zombis que sólo están ahí medios dormidos, sólo pensando en beber y comer. La verdad es que cuando tú haces estudios serios te encuentras con que lo primero que hace el bebé es una cosa muy interesante: fija los ojos, mira a los ojos; lo otro que hace es empezar a imitar las modulaciones de la voz de la mamá o de la persona que lo cuida, porque en definitiva ese niño lo primero que va a hacer es tener un sentimiento. Eso lo saben bien los psicoanalistas cuando hablan de empatía. La capacidad de ponerse en el lugar de otro es constitutiva del ser humano, está en la base misma de lo que somos; está en la base de mover los brazos y las manos. Es decir, para un niño -y esto es científicamente exacto- mover los brazos y ver mover los brazos es la misma cosa; mira qué increíble: yo no puedo tener una sensación de mi cuerpo a menos que tenga al frente otro cuerpo que se mueve; no hay posibilidad de tener cuerpo propio a menos que yo tenga una percepción del cuerpo del otro, que está interiorizada a través de esta capacidad empática y a su vez, por cierto, a través de la exteriorización de mi cuerpo, que es lo fundamental en la empatía con el otro".

Ideas como estas (vertidas en La belleza de pensar, una de sus últimas entrevistas) y otras que se entierran mucho más en lo científico es lo que se puede encontrar en su fructífera obra, que abarca unas doscientas publicaciones científicas y quince libros, donde se destacan "El árbol del conocimiento", en coautoría con Humberto Maturana (Ed. Universitaria); "De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana", en colaboración con E. Thompson y E. Rosch (MIT Press, 1991, y Ed. Gedisa, 1992); "Ética y acción" (Dolmen Ediciones, 1995), y "Un puente para dos miradas. Conversaciones con el Dalai Lama sobre las ciencias de la mente", en coautoría con Jeremy W. Hayward (Dolmen Ediciones, 1997).

Y un texto dice de letras negras y fondo gris dice que "...el sabio o virtuoso (categoría que muchos le han dado a Varela), es aquel que sabe lo que es bueno y lo realiza. No hay intencionalidad ni juicio moral de tipo práctico..."

Estas reflexiones son solo palabras, son solo voces que hablan, y que se cruzan delante de sus ojos, que mira este terminal donde dice "Varela", donde dice "neurociencia", donde se habla de budismo, de un intercambio de concepciones que a primera vista pueden parecer lejanas. Es la ciencia de hoy, y de mañana. Esta era la sintonía que establecía Varela con su trabajo, que no parece convencional, que responde a una visión científico-filosófica, donde él se clasificaba como herético, ya que no adhería a los supuestos de la ciencia con los ojos cerrados.

"...nosotros tenemos esa ceguera que nos hace creer que la mente y la experiencia son cosas que están todas metidas en el cráneo de cada uno, y esa creencia es lo que ha llevado al individualismo, que es tradicional en occidente. Pero esa idea se está cayendo a pedazos. Rimbaud, ya lo intuyó cuando afirmó "yo es otro". Yo digo como científico: mi mente es la otra mente".

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