Ken Wilber es un investigador
norteamericano que ha escrito alrededor de 20 libros (la mayoría
están editados en Kairós excepto "Sexo, Ecología y
Espiritualidad" (Gaia) y "Una visión integral de la
psicología" (Alamah)). Su tema de investigación abarca
varios campos (psicología, filosofía, sociología,
antropología...).
Últimamente ha creado junto a
otros investigadores de diversos ámbitos el Integral Institute
que pretende crear una visión integral de todo el Kosmos.
Nosotros creemos que esta
visión integral es muy interesante y nos gustaría poder hacer un
seguimiento de todo este trabajo.
CHARLA SOBRE
KEN WILBER POR DAVID GONZÁLEZ RAGA
1.INTRODUCCIÓN A KEN WILBER
Wilber ha ido modificando su
visión a lo largo de su obra. El mismo ha dividido su obra en
cuatro fases (W1, W2, W3 y W4).
En la primera fase (W1)
escribió "La conciencia sin fronteras" y "El espectro
de la conciencia". Basándose en la filosofía y psicologia
oriental y occidental dibujo un mapa de la conciencia que
abarcaba desde el nivel 1.persona/sombra, 2.ego/cuerpo,
3.centauro/medio ambiente, hasta el 4.Espiritu. Cada nivel
superior incluye a los niveles inferiores y añade algo más.
En el nivel 1 el individuo se oculta a si mismo
(inconscientemente) aquellos rasgos de su personalidad con los
que no se encuentra nada contento; traza una frontera entre lo
que le gusta de si mismo (persona) y lo que no le gusta
(sombra). Hasta que el individuo no acepte su sombra estará
incompleto y siempre en lucha consigo mismo (el enemigo está en
el mismo). Si el individuo se acepta e integra su sombra alcanza
el siguiente nivel.
En el nivel 2 la frontera se traza entre el ego (persona
+ sombra) y su cuerpo. En este nivel el individuo es
inconsciente de su cuerpo, piensa en si mismo sin tener en
cuenta su cuerpo o lo considera como un objeto. Si el individuo
consigue eliminar esta frontera será más consciente de lo que él
es en realidad. Alcanzará el nivel del centauro (el centauro es
un ser mitológico mitad humano mitad animal).
En el nivel 3 la frontera se traza entre el centauro
(ego+cuerpo) y el resto del universo, la frontera ahora es
nuestra propia piel. El individuo es ahora más consciente que
nunca de su finitud (en el espacio y en el tiempo). La lucha no
acabará hasta que desaparezca la última frontera y se acceda al
último nivel.
En el nivel 4 se accede al Espíritu. La frontera ha
desaparecido, se acabo la lucha inconsciente. El individuo ha
vuelto al lugar de donde salió, o mejor dicho al lugar donde
siempre estuvo.
En esta primera fase Wilber comete la falacia Pre/Trans que
consiste en considerar igual a los niveles prepersonales y a los
transpersonales, simplemente porque los dos son no personales.
En la segunda fase (W2)
Wilber escribe "El proyecto Atman" (desarrollo
psicológico del individuo desde antes del nacimiento hasta el
último nivel alcanzado sólo por algunos y posible en todos) y
"Después del Edén" (desarrollo y evolución del ser humano
desde sus orígenes hasta un esbozo de futuro posible). Aquí, su
mapa o espectro de la conciencia se divide en 9 niveles. 1.Uroboros-Sensoriomotor,
2.Mágico-Fantasmático/emocional , 3.Mítico-Preoperacional, 4.MíticoRacional-Operacional
Concreto, 5.Racional-Operacional Formal,6.Centauro-Visión
Lógica, 7.Psíquico, 8.Sutil, 9Causal.
En los niveles 1, 2 y 3 el niño conoce el mundo a través de las
estructuras prepersonales. En los niveles 4, 5 y 6 el individuo
utiliza las estructura personales. Y en los niveles 7, 8 y 9 las
estructuras son transpersonales.
Los primeros seis niveles han sido estudiados detalladamente por
científicos occidentales y los tres últimos han sido
cartografiados por místicos occidentales y orientales.
Nivel 1 : Margareth Mead
Nivel 2 : Masterson, Kernberg
Nivel 3 : Psicoanálisis y Psicología analítica. Freud, Jung ...
Nivel 4 : Terapia cognitiva. Burns
Nivel 5 : Diálogo socrático
Nivel 6 : Terapia existencial. Yalom
Nivel 7 : Emerson
Nivel 8 : Sta Teresa de Jesús
Nivel 9 : Eckhart,Ramana Maharsi
Wilber corrige la falacia pre/trans en su fase 2. Muchas
personas prefieren su fase 1. Según Wilber esto es un grave
error ya que no se pueden igualar los estados pre y trans
simplemente porque sean no personales. Wilber ya ha respondido a
Wahsburn en relación a este tema.
En realidad tanto el psicoanálisis, como Jung, como la
bioenérgetica tienen un papel fundamental en el tratamiento de
las patologías. Pero no se debe considerar transpersonal a lo
que no lo es. En las fases 3 y 4 de su obra Wilber expone
claramente porqué no son transpersonales.
En esta segunda fase Wilber introduce el concepto de ser frontal
y ser psíquico. También empieza a esbozar los términos olas y
corrientes (líneas y niveles) correspondiente a la fase 3 y,
aunque implícitamente, hace uso de los cuatro cuadrantes de la
fase 4. Las fases 2, 3 y 4 conforman su obra. A diferencia de la
fase 1, la 2 y la 3 son necesarias para comprender la fase 4, de
hecho los libros de la fase 2 y 3 son necesarios para completar
los libros de la fase 4. Lo único que Wilber salva de su fase 1
es el nivel último.
En la tercera fase (W3)
escribe "Un Dios sociable", "Los tres ojos del
conocimiento", "Psicología integral" (extraído de un
libro en colaboración con otros dos autores titulado
"Transformations of counsciousness") y "Gracia y Coraje"(en
este libro no aparece explícitamente su modelo Wilber3,
realmente usa el modelo Wilber2).
Aquí añade a los niveles de conciencia el concepto de líneas de
desarrollo (cognitiva, afectiva, moral, social, espiritual ...).
Así una persona puede estar en el nivel 6 del desarrollo
cognitivo y estar en el nivel 1 del desarrollo moral. También en
esta fase escribe sobre sociología y sobre filosofía
(epistemología y ontología).
En la cuarta fase (W4)
escribe "Sexo, Ecología y Espiritualidad" (Vol 1 de su
obra "La trilogía del Kosmos"), "Breve historia de todas las
cosas", "El ojo del Espíritu", "Diario",
"Una teoría de todo" y "Boomerities"(Una novela que
saldrá en junio 2002 en USA).
Esta es su última fase (o quizás no). El concepto más importante
de esta fase son los cuatro cuadrantes. Además de las líneas y
los niveles aparecen los cuadrantes. Considera que el universo
está formado por holones. Un holón es una entidad que es a la
vez totalidad en su nivel y parte en el nivel superior. Cada
holón pertenece a los cuatro cuadrantes (interior individual,
interior colectivo, exterior individual y exterior colectivo).
Una visión integral debería de tener en cuenta los niveles, las
líneas y los cuadrantes (visión omninivel y omnicuadrante).
Este esquema se puede aplicar a diversos ámbitos Psicología,
Filosofía, Economía, Educación ... Y esto es lo que se está
realizando ahora mismo en el Integral Institute (Creado hace
poco por Ken Wilber, Roger Walsh ...y varios científicos de
diversas áreas)
El punto culminante sería la Práctica Integral Transformadora,
que sería llevar una vida de acuerdo con esta filosofía.
CHARLA SOBRE KEN WILBER POR DAVID GONZÁLEZ RAGA
Ken Wilber: Una visión personal
No es mi intención, en esta ocasión, presentar la obra de Ken
Wilber. Ni es la mía la persona más adecuada ni tampoco es éste
el momento más idóneo para hacerlo.
¿Qué podría decirse de alguien que a los 23 años escribió un
libro por el que fue calificado como el "Einstein de la
conciencia"? ¿Qué podría decirse de quien ha recibido el
reconocimiento de pensadores y psicólogos como Huston Smith,
Michael Murphy, James Fadiman, Rollo May y Daniel Goleman, entre
otros? ¿Qué podría decirse, en fin, de quien a los 50 años
-todavía en plena vida activa- acaba de ver publicadas sus obras
completas?
La contundencia que suele provocar el impacto de su obra es tan
rotunda que hay quienes recomiendan vacunarse para no
contagiarse de ella. En mi opinión, sin embargo, quien esté
interesado en lo transpersonal -y en una aproximación integral a
la psicología- haría bien en leerlo detenidamente... y leer
también, obviamente, la obra de Grof, Washburn, Welwood,
etcétera
Me daría, pues, por satisfecho si en los siguientes comentarios
lograra transmitir simplemente el aroma de su pensamiento. Para
ello comenzaremos echando un vistazo a alguno de sus tópicos
fundamentales y concluiremos esbozando una breves
consideraciones críticas.
La tesis original de Wilber
-expuesta ya en su primer libro- es que la conciencia -y, en
consecuencia, el mundo- es pluridimensional, que está compuesta
de múltiples niveles (físico, emocional, mental, existencial y
espiritual) y que cada escuela importante de psicología,
psicoterapia y espiritualidad se centra fundamentalmente en un
nivel distinto. Desde esta perspectiva, las aparentes
disparidades presentes en las diferentes escuelas no son tan
contradictorias como parecen y cada enfoque es más o menos
correcto y válido siempre y cuando no pretenda salirse de su
propio nivel. De este modo es posible llevar a cabo una síntesis
que vaya más allá del mero sincretismo y tenga en cuenta y
pondere adecuadamente las aportaciones de Freud, Jung, el Buda y
Krishnamurti, pongamos por caso.
Desde este punto de vista, la salud depende del adecuado
desarrollo e integración de los niveles físico, emocional,
mental, existencial y espiritual.
Este enfoque, además, nos proporciona un marco de referencia
para la comprensión del desarrollo, de la patología y del
tratamiento que puede contribuir muy positivamente a la
integración de los diferentes abordajes psicológicos y
psicoterapéuticos.
Desde esta perspectiva, pues,
los primeros estadios del desarrollo son prepersonales (porque
en ellos todavía no ha aparecido el ego personal, individual y
separado), los estadios intermedios del desarrollo son
personales o egoicos y los estadios superiores, por último, son
transpersonales o transegoicos.
Es fácil confundir a los estadios "pre" con los estadios
"trans", por su aparente parecido superficial. Esta similitud es
la que lleva a equiparar, en muchas ocasiones, al estadio de
fusión infantil (que es prepersonal) con la fusión mística (que
es transpersonal), con lo cual no queda más remedio que elevar
al estadio infantil a la categoría de unión mística o, por el
contrario, relegar el misticismo a una especie de narcisismo
infantil o de fusión oceánica. Pero ambas visiones, en opinión
de Wilber, están parcialmente en lo cierto y parcialmente
equivocadas, porque ninguna tiene en cuenta la gran diferencia
existente entre lo "pre" y lo "trans". Porque hay que decir que
la espontaneidad del zen no tiene nada que ver con la
impulsividad del niño y hay que afirmar también en voz bien alta
la realidad de un misticismo genuino que no tiene absolutamente
nada de infantil.
Desde esta perspectiva, pues, el desarrollo requiere tener en
cuenta tanto los aspectos psicológicos (que apuntan a la
consolidación del yo) como los aspectos espirituales (que
apuntan a la mengua del yo) del desarrollo. Y es que está muy
bien avanzar en el camino espiritual, pero sería un error creer
que ello nos ahorra la necesidad de llevar a cabo un trabajo de
integración psicológica. Recordemos que hay que disponer de un
ego mínimamente estable antes estar en condiciones de acometer
el trabajo de renunciar a él.
Hay dos grandes modos de estar
en el mundo sin pensamiento, uno de ellos anterior y el otro
posterior a la emergencia del pensamiento. El primero de ellos
constituye un estado previo al proceso de individuación en el
que el sujeto -indiferenciado, fundido y confundido todavía con
el entorno- ni siquiera existe. Se trata de un estadio en el que
el niño, carente todavía de los mediadores verbales que le van a
permitir operar intelectualmente sobre el mundo (imágenes,
palabras, símbolos, ego, etcétera), se encuentra inmerso y a
merced del medio que le rodea. En la segunda modalidad, en
cambio (una modalidad a la que, por cierto, sólo puede accederse
mediante un trabajo consciente, como la meditación, por
ejemplo), el sujeto -ya claramente diferenciado del entorno-
re-descubre, maravillado, el sustrato que se halla más allá de
todas sus operaciones cotidianas. Ciertamente se trata de dos
estadios en los que el pensamiento está ausente (en el primero
por carecer de él y en el otro, en cambio, por haberlo
trascendido). Confundirlos sería tan necio como equiparar a un
preescolar con un postgraduado por el hecho de que ninguno de
los dos va a la escuela.
Conviene hacer un especial hincapié en este punto porque, en la
actualidad, la vida se ha unidimensionalizado tanto y el ser
humano se halla tan ávido de experiencias que no duda en
apuntarse a un bombardeo si con ello puede acceder a otros
niveles de conciencia. Ése es el motivo que explica la
proliferación de cursillos y talleres que prometen el acceso a
los llamados "estados alterados de conciencia" y, lo que es
peor, que equiparan genéricamente esos estados con lo
trascendente.
En realidad, de poco sirve alcanzar puntualmente un estado de
conciencia muy elevado si éste se halla desvinculado de nuestra
vida cotidiana y sólo nos deja "unos como rescoldos de pasados
resplandores". De este modo sólo conseguiremos divorciar lo
"terreno" de lo "divino", abonando el campo para un dualismo que
terminará dificultando nuestra relación con los demás, con el
mundo y con nosotros mismos y agregando más confusión a la ya
existente. Y es que no se trata tanto de tener experiencias
extraordinarias de manera aislada -a las que, sin embargo, hay
que reconocer su elevado poder movilizador- como de integrar
adecuadamente cualquier experiencia en nuestra vida cotidiana.
Repitámoslo de otro modo. Ciertamente la experiencia es el
alimento del alma pero, para poder digerirla e integrarla, para
poder asimilarla, en suma, no basta con engullir experiencia
tras experiencia. De ese modo no se alcanza la experiencia
transpersonal sino tan sólo un empacho transpersonal de
experiencia. Tan absurdo es acumular datos sin conexión alguna
con nuestra experiencia como perseguir experiencias sin
comprenderlas.
Y es que cada uno de nosotros tiene un largo camino psicológico
y espiritual por delante para recorrer el corto trecho que le
separa de sí mismo.
Wilber también señala la
necesidad de diferenciar las religiones externas (o exotéricas)
de las religiones internas (o esotéricas). Las primeras son
rigurosamente concretas y literales y ofrecen un cuerpo
doctrinario dogmático que pone el énfasis en lo externo,
mientras que las religiones internas -mucho más ligadas a la
espiritualidad, por su parte-, prescinden de todo tipo de dogmas
y consideran que la verdad es una cuestión de experiencia
interna, algo que el ser humano debe descubrir por sí mismo y se
dedican a diseñar y proponer un conjunto de prácticas que van
colocando al sujeto en la situación adecuada para experimentar
la trascendencia. Las religiones externas, en definitiva,
precisan del apoyo de elementos externos (como templos o
rituales, por ejemplo) para el culto, mientras que las
religiones internas, por el contrario, se ocupan de transformar
al experimentador para que sea capaz de convocar la presencia de
lo divino y cualquier lugar pueda, de ese modo, convertirse en
el centro del universo.
Se ha dicho -y con razón- que
la obra de Wilber es fundamentalmente teórica. Pero una cosa es
decir que la obra de Wilber sea fundamentalmente teórica y otra
muy distinta concluir que sólo sea teórica.
Basta con leer detenidamente Gracia y coraje -en donde relata el
periplo de la enfermedad, tratamiento y muerte de su pareja
Treya- para vislumbrar una persona tan sincera y humana como
lúcida.
De un modo u otro, todo lo dicho hasta ahora es algo ya
conocido. Sin embargo, hay un punto que no he visto destacado en
ningún lugar -el único que realmente me atrevería a calificar de
original de toda mi aportación- y que me parece el más relevante
de toda su obra. Me refiero concretamente a aquellos casos en
los que Wilber deja de lado todo intento de demostración y
explicación, envaina la espada de la discriminación y se apresta
sencillamente a describir el paisaje que se contempla desde las
dimensiones transpersonales de la existencia o esboza un
ejercicio para evocar el Testigo, el Silencio o la Presencia,
pongamos por caso. En tales casos, la pulcritud y transparencia
de su prosa, una prosa despojada de interpretación, pone al
lector atento al borde mismo del abismo en que el susurro de lo
divino se torna clamor. Con ello quiero decir que, si bien
Wilber es un excelente teórico, su teoría está basada en una
experiencia real, porque una descripción tan nítida y
transparente de esas regiones sólo es posible desde "ese saber
no sabiendo toda ciencia trascendiendo" que sólo se alcanza
después de un éxtasis de "harta contemplación".
Para muestra un botón:
Piense en la persona más
hermosa que usted haya visto nunca. Piense en el momento preciso
en que vio sus ojos y, por un instante efímero, quedó cautivado
sin poder apartar la mirada de esa imagen. Usted miró y quedó
paralizado por una Belleza que le transportó fuera del tiempo.
Suponga ahora que esa misma Belleza resplandece en el interior
de todas las cosas del universo; suponga que cada roca, cada
planta, cada animal, cada nube, cada persona, cada objeto, cada
montaña y cada arroyo -incluidos, claro está, los vertederos de
basuras y los sueños rotos- irradian esa misma Belleza. En tal
caso, usted quedaría quedamente paralizado ante la amorosa
belleza de todo cuanto le rodea. Cuando uno contempla la
incesante Belleza de la Obra de Arte que es el mundo entero se
libera de toda contracción, se libera del temor, se libera del
tiempo y descansa finalmente en el ojo del Espíritu.
O, como concluye ese excelente
regalo filmográfico de la conciencia contemplativa que es La
delgada línea roja: «Mira a través de mis ojos. Contempla tus
criaturas. Mira como brillan».
Son muchas -en realidad incontables- las ocasiones en que Wilber
nos habla sin tratar de explicar nada, sin tratar de interpretar
nada, sin tratar de demostrar nada. Ésos son, precisamente, en
mi opinión, los "momentos cumbre" de la obra de Wilber.
Concluyamos este punto señalando que, a lo largo del último
cuarto de siglo, la obra de Wilber ha atravesado por fases muy
diferentes desde su visión inicial francamente romántica (según
la cual el desarrollo espiritual constituye una especie de
desaprendizaje y retorno a un Edén primordial) hasta su última
formulación manifiestamente integral (que trata de abarcar las
dimensiones intencionales, conductuales, sociales y culturales
de la existencia) que ha acabado llevándole a crear el Integral
Institute, una organización que aspira a aplicar la visión
integral a campos tan diversos como la medicina, la psicología,
la educación, la política, la ecología, la espiritualidad,
etcétera.
Nos guste o nos desagrade, vivimos inmersos en los mapas. Seamos
o no conscientes de ello, el nuestro es un mundo simbólico y las
palabras, las descripciones, las interpretaciones y las visiones
del mundo nos son tan necesarias como el aire que respiramos. Es
por ello que, para restablecer el contacto con la realidad,
deberíamos tener en cuenta que no todos los mapas son iguales y
que los más interesantes del camino que nos ocupa son aquéllos
que se centran en la transformación del cartógrafo.
Es evidente que el uso de mapas comporta una serie de riesgos en
los que solemos caer con inusitada frecuencia: la tendencia a
prestar más atención al mapa que al territorio, llegando
incluso, en ocasiones, a confundirlo con él; la tendencia a
contemplar exclusivamente los fenómenos que se nos señalan
desatendiendo el resto; a convertir nuestro viaje en un
"recorrido turístico"; a que la ansiedad por alcanzar la meta
acabe convirtiendo el viaje en un cúmulo de desatinos; y a
amontonar, en fin, mapa sobre mapa, postergando una y otra vez
el momento de la partida.
Es por ello que la coherencia racional de la visión de Wilber
puede propiciar la ilusión de confundir el mapa con el
territorio. Éste es un punto al que él mismo alude
reiteradamente cuando afirma que el principal objetivo al que
apunta todo su intento -un objetivo mejor o peor logrado según
los casos- consiste en que el lector cierre el libro y se ponga
a trabajar.
Una crítica frecuente a Wilber
es que la suya es una visión lineal. En este sentido, creo que
habría que distinguir la "lógica del desarrollo" (que nos ofrece
una visión progresiva) de la "dinámica del desarrollo" (en la
que también cabe el estancamiento, la regresión y hasta la
retroprogresión, es decir, el movimiento en espiral que suponen
las llamadas regresiones al servicio del ego y al servicio de la
trascendencia).
Otra crítica muy habitual
tiene que ver con la naturaleza jerárquica de su modelo, una
crítica a la que él mismo responde aduciendo que ese carácter
jerárquico está inmerso en la misma naturaleza de la
aproximación "trans"personal, que, como ustedes saben, afirma la
existencia de niveles de conciencia que se encuentran "más allá"
de la vigilia cotidiana.
Pero debo decir que la crítica
a Wilber era muy puntual y tibia hasta la aparición de Sexo,
ecología, espiritualidad (1995) y, más concretamente, de sus
polémicas notas finales. A partir de ese momento fueron subiendo
de tono hasta llegar, en ocasiones, a ser realmente furibundas.
En opinión de Wilber, la
psicología transpersonal fue la primera gran escuela psicológica
en tomar en serio la espiritualidad. Pero las grandes
diferencias existentes en su seno tras más de treinta años de
una singladura en la que "cabe casi todo" -con tal de que sea no
personal- están poniendo en grave peligro todo el intento. Y no
se trata, en su opinión, de tensiones menores como las que puede
haber en las distintas escuelas psicoanalíticas o junguianas,
sino de discordancias fundamentales en torno a la naturaleza, el
alcance y el papel de la psicología transpersonal.
Resulta lamentable que la incomprensión de quienes más
agradecidos deberían estar por sus esfuerzos por legitimar al
espíritu en el mundo postmoderno actual haya acabado
contribuyendo a su distanciamiento y a su reciente abandono del
movimiento transpersonal.
Sea como fuere, su obra -con sus fortalezas y limitaciones- ha
dejado ya una huella indeleble que le han garantizado un lugar
privilegiado en el panteón de la psicología transpersonal.
Poco más quisiera decir en
esta introducción. Sólo me resta darles las gracias por su
atención, con la esperanza de que alguna de las notas pulsadas
en esta aproximación haya despertado en el oyente algún acorde
que le lleve a emprender -o reemprender- sin tardanza el trabajo
psicológico y espiritual necesario para acometer con renovado
brío su proceso de desarrollo, un proceso que va desde una nada
que lo quiere todo (y que, en consecuencia, todo lo teme y se
defiende de todo) hasta una nada que no quiere nada (y que, en
consecuencia, no teme a nada y de nada se defiende), un proceso
en cuyo transitar se nos va la vida... o las vidas.
O, como tan poéticamente resumió Juan de Yepes -nuestro místico
por excelencia- la esencia de la subida al monte Carmelo: «Nada,
nada, nada, nada... y en el monte nada».
En Eso estamos.