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ALBERT EINSTEIN |

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"El individuo siente la futilidad de los deseos y propósitos humanos y la sublimidad y orden maravilloso que se revelan tanto en la naturaleza como en el mundo del pensamiento. La existencia individual le impresiona como una suerte de prisión y desea él experimentar el universo como una totalidad única significativa. Los inicios del sentimiento religioso cósmico aparecen ya en una etapa más temprana de desarrollo, por ejemplo, en muchos de los Salmos de David y en algunos de los profetas. El Budismo, como lo hemos aprendido especialmente gracias a los maravillosos escritos de Schopenhauer, contiene un elemento mucho más fuerte de esto".
"...una persona que es religiosamente ilustrada (enlightened)
me aparece a mí ser una que, tanto como le es posible, se ha liberado a sí
misma de las cadenas de sus deseos egoístas y está preocupada con
pensamientos, sentimientos, y aspiraciones a las que se aferra en razón de
su valor suprapersonal. Me parece a mi que lo que es importante es la fuerza
de este contenido suprapersonal y la profundidad de la convicción acerca de
su irresistible significación, independientemente de si no se hace ningún
intento de unir este contenido con un ser divino, porque de otro modo no
sería posible contar a Buda y Spinoza como personalidades religiosas. De
acuerdo con esto, una persona religiosa es devota en el sentido de que no
tiene ninguna duda acerca de la significación y la sublimidad de aquellos
objetos y fines suprapersonales, que ni requieren ni son capaces de
fundamento racional."
"Pero la ciencia puede ser creada sólo por aquellos que
están totalmente imbuídos de la aspiración hacia la verdad y el
entendimiento. Esta fuente de sentimiento, sin embargo, brota de la esfera
de la religión. A esta pertenece también la fe en la posibilidad de que las
regulaciones válidas para el mundo de la existencia sean racionales, esto
es, comprensibles a la razón. No puedo concebir un genuino científico sin
aquella profunda fe. La situación puede ser expresada con una imagen: la
ciencia sin la religión es coja, la religión sin la ciencia es ciega."
"Usted difícilmente encontrará entre las mentes
científicas más profundas una que no tenga su propio sentimiento religioso.
Pero es diferente de la religión del hombre ingenuo. Para este último Dios
es un ser de cuyos cuidados espera beneficiarse y cuyos castigos teme; la
sublimación de un sentimiento similar a aquél del hijo por su padre, un ser
frente al cual uno se encuentra, por así decirlo, en una relación personal,
no importa cuán profundamente pueda ésta estar teñida de temor.
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