
|
"Soy Mapuche, hijo de la Tierra,
pero también soy hijo de las estrellas"
  |
Un poco respondiendo a la inquietud de algunos
hermanos preparamos una biografía de Don Aukanaw, a él eso no le
hubiera gustado mucho, pues repetía hasta el cansancio que lo
importante es el mensaje y no el werken, no el mensajero.
Para que se comprenda cabalmente su función espiritual, debimos
dividir el trabajo en dos partes: 1º El linaje, 2º la biografía
propiamente dicha (desde su actividad espiritual mapuche).
Aclaremos que él era una persona muy reservada, le gustaba poco y
nada hablar de sus cuestiones personales, nuestro trabajo consiste
en reconstruir una vida a partir de escritos dispersos y fragmentos
orales, algunas veces contradictorios y otras veces cercanos a lo
legendario y lo fantástico.
Ernesto Cayulao
El Linaje
El RENÜ
En el siglo pasado existía en la región del volcán Llayma un renü (sabio
sagrado, mucho más que machi) llamado AukaNawel. El era de la gente
del gran Toki Kallfükura. Ya para ese entonces prácticamente ya no
quedaban renü, solo quedaban machi. Cuando el grande general
Kallfükura se trasladó con sus guerreros hasta Karwé [actual
provincia de Buenos Aires, Argentina], que fue la capital de la
Confederación Mapuche, AukaNawel se movió junto con ellos.
Se dice que Kallfükura era también un gran renü con mucho poder
mágico, hoy es un pillan mucho más poderoso que Lautaro (al menos al
Este de los Andes) junto con otro gran renü el "toro" Pincén (Pintrem).
Después de la derrota militar, cuando los wingka (=los no-indígenas)
invaden definitivamente nuestro territorio, el renü AukaNawel se
hallaba con los prisioneros en la posta militar de Nievas (paraje
cercano a la actual ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires,
Argentina).
Esto pasaba exactamente en 1879, y Estanislao Zeballos (ideólogo de
la Conquista del Desierto del Gral. Julio Roca) en su libro "Viaje
al país de los Araucanos" (edic. 1881) página 52 dice:
"Al salir de Nievas ví el más puro, arrogante y soberbio tipo del
araucano que haya encontrado en mi paso por las tribus, que he
tenido ocasión de visitar. Estaba recostado sobre el pasto, apoyado
un codo en el suelo y la cabeza en la palma de la mano.
Había colocado un cuero sostenido por dos palos frente al sol, y
desde aquella miserable sombra, jadeante como una fiera fatigada,
nos miraba con cierta mezcla de ferocidad y de arrogancia.
Ancha la frente, revuelto el cano cabello, sujeto por una huincha
colorada, grandes órbitas que se hundían en el siniestro fondo
cobrizo de su tez todavía sin arrugas, ojos envueltos en una red de
sangre vagando sin cesar, como si quisieran esquivar nuestras
miradas, salientes los pómulos y voluminoso el cráneo: tal es un
bosquejo del tipo de Aucá-Nahuel, visto al pasar.
Solamente él permanecía soberbio y ajeno a las alegrías que causaba
la presencia del coronel, cuya llegada para todos era una fiesta [porque
traía víveres para los hambrientos prisioneros] y que él parecía
despreciar o maldecir. Pasamos a su lado y no se movió, no nos miró
siquiera. Había en su semblante un sello de salvaje dignidad.
Aucá-Nahuel se llamaba, es decir Tigre (Nahuel), Rebelde o Alzado (Aucá),
y era de los últimos prisioneros.
Nawel = Yaguareté
El tipo de Caupolicán veníase a la mente:
Viendo de aquel varón la valentía
El ser gallardo y el feroz semblante
Su proporción y miembros de gigante"
Hasta aquí la única referencia documental escrita que tenemos sobre
Aucá-Nahuel. Sabemos que en la ciudad de Azul tienen más datos sobre
él que aún no hemos podido consultar.
En 1969 un escritor de Azul, el Dr. Julio E. Cordeviola, escribió
una novela histórica titulada "Auca-Nahuel" que ganó el premio
Olivetti. Y Juan Carlos Maddío ha escrito recientemente una "Cantata
Auca-Nahuel".
Volviendo a la historia. A la mayoría de esos prisioneros los
trasladaron a la isla Martín García situada en medio del Río de la
Plata, para después volver a traerlos al Hotel de Inmigrantes, en el
puerto de la ciudad de Buenos Aires. Y una vez allí comenzar el
etnocidio (repartir hombres como esclavos al interior del país en
las haciendas de los oligarcas, mujeres como sirvientas o
prostitutas, y regalar los niños a quien los pidiera, etc.).
Muchos de ellos desfilaron en largas filas, encadenados, por la
Avenida de Mayo de Buenos Aires rumbo al puerto. Según se cuenta,
los anarquistas fueron los únicos que se solidarizaron con los
prisioneros mapuche y los aplaudían, los demás miraban con la misma
curiosidad con que se miran las fieras en el zoológico. Algún día
quizá alguien valiente documente todo esto y escriba la verdadera
historia.
La cuestión es que el anciano AukaNawel fue a parar a la famosa
isla-cárcel de Martín García (allí se mandaban también a los presos
políticos, en ese lugar estuvieron encarcelados los presidentes
argentinos Hipólito Yrigoyen, Juan D. Perón y Arturo Frondizi).
El RENÜ
Semblanza de un guerrero místico
Auca-Nahuel era del grupo que nada quería y que nada aceptaba del
blanco. Era indio puro, puro en la sangre sin pizca de mezcla y puro
en el espíritu indomable de su raza. Indio integral en su
pensamiento, en su emoción, en su odio, en su amor salvaje a todo
eso interno y externo que configuraba su patria.
Despreciaba lo marginal, lo indefinido, el arrabal de la raza, lo
impuro, lo mezclado, lo entregado.
Él, que era en lo espiritual aristócrata de su pueblo, no soportaba
a la turba famélica, impersonal y sin honor que aceptaba los
mendrugos de la raza orgullosa que a diario los vejaba. Conglomerado
mendicante y ladrón, siempre dispuesto a la traición a cambio de la
pequeña ventaja, lograda a expensas de la dignidad.
Sobre ellos Auca-Nahuel y los suyos escupían su desprecio.
.................
« No necesito hablar más a mis bravos loncos, ni azuzar a estos
lanceros invencibles. Quiero, eso sí, decirles que no somos ladrones
ni cuatreros. Estamos vengando a nuestros muertos; estamos
recuperando lo que nos pertenece; intentamos desanimar al cristiano
y obligarlo a abandonar sus planes.
El malón, bien lo saben, no es, como el Huinca cree, pillaje de
indios borrachos. El malón es milenario derecho de nuestra gente,
ejercido contra el blanco o contra el indio, contra tribus o contra
familias, para lavar afrentas, para ejercer venganza, para recuperar
lo nuestro.
No somos bandidos; somos guerreros.
Tomamos lo que nos deben. ... Que se reúna cada lonco con su gente.
Y que sepa que desde este momento, de su audacia, de su capacidad y
de su heroísmo, depende el futuro de nuestro pueblo.
¡Que Nguenechen los acompañe! »
LA MADRE
Luego de terminada la llamada Conquista del Desierto por el general
Julio Argentino Roca, comienza la Campaña de los Andes que concluirá
en 1885 con la rendición del Longko Sayweke, y la invasión total del
territorio mapuche. El único que se logró escapar y nunca más fue
atrapado fue el gran toki Purrán.
Reuke Kura hermano de Kallfükura que gobernaba la región del Llayma
es derrotado 1883.
La gente de Reuke Kura y Alvarito Reumay fue arreada como ganado,
obligada a recorrer a pie desde la cordillera hasta los puertos de
Bahía Blanca o Carmen de Patagones, en el Atlántico, para ser
llevados luego en barco a la isla Martín García o a Buenos Aires.
El barco que hacía ese trayecto solía ser el famoso vapor llamado
Pomona. Hablamos que esta gente, muchos miles de personas, caminaron
unos 1.400 kms., y la mitad de ese camino eran parajes bastante
desérticos en aquel tiempo. Mucha gente anciana o pequeña murió en
el trayecto, los que quedaron sufrieron mucho.
A ese episodio silenciado en la historia oficial argentina, y poco
conocido por la gente, lo llamamos el "Camino de las lágrimas",
nombre que se toma de un suceso parecido que ocurrió en Norteamérica
en 1838 con la nación Cheroki. En otros países americanos también
sucedieron hechos semejantes
Por ejemplo en Ñorkin (en la actual provincia del Neuken, Argentina)
vivían más de 2.000 mapuche pewenche, el Coronel Rufino Ortega se
los llevó a todos caminando hasta Mendoza, unos 900 kms. por las
montañas. Nadie volvió. Allá fueron repartidos todos a distintos
lugares, alguno fueron a parar tan lejos como a Corrientes y Entre
Ríos. Este es otro hecho silenciado. A los mapuche de Azul (pcia. de
Buenos Aires, Argentina) los llevaron caminando hasta Pulmarí en el
Neuken. etc., etc. Así hubo muchos de estos casos. Esto los criollos
lo aprendieron primeramente de los españoles (acordarse de los
Kilmes), y después lo retomaron de los estadounidenses.
A los bebes los agarraban de los pies y les rompían la cabeza
golpeándolos contra un árbol, o una piedra. Y eso a pesar de que los
curas católicos iban siempre junto a los milicos (las fotos lo
testimonian). A los ancianos los abandonaban en el camino para que
murieran de sed, o los topaban con los caballos para que apuraran la
marcha, y en lugar de eso la gente quedaba pisada y muerta. A los
más fuertes les pegaban con el rebenque y lanzas, o les tiraban
encima los perros de guerra que siempre llevaban con ellos. Ni
hablar de las mujeres que violaban adelante de sus familias, y otras
barbaridades que hacían estos seres que se llamaban a sí mismos "civilizados".
Entre esa gente de Reuke Kura iban los padres de la mamá de don
Aukanaw. La mamá estaba preñada en ese momento, y por suerte no se
le notaba mucho la panza, sino los soldados la hubieran matado (les
golpeaban la panza con la culata de los fusiles rémington, o las
pateaban). En el camino el papá de la señora llamado Pangilef, junto
con otros mapuche, intentaron en un descuido matar a la oficialidad
y escapar con la caballada. Pero un mapuche traidor, como siempre ha
sucedido en la historia de nuestro pueblo, alertó a los los criollos
y frustró el plan que llevaba las de ganar.
A estos hombres se los ató y puso acostados en
el suelo, después se hizo pasar por encima de ellos la caballada y
el ganado que los milicos llevaban con ellos para alimentarse. A
partir de ahí la señora queda sola.
Llegan los sobrevivientes al puerto de Bahía Blanca, o Carmen de
Patagones (no sabemos bien a cual) y de ahí salen embarcados,
apretados como hacienda en brete, hacia la isla-cárcel de Martín
García. En esa isla se hacían trabajos forzados. La mayoría de los
adoquines de granito que en una época empedraban las calles de
Buenos Aires estaban regados con la sangre y el sudor de los mapuche
que trabajando a destajo los cortaban en las canteras de las
cárceles de Sierra Chica y Martín García. Miles de mapuche murieron
en esa isla y sus cuerpos en vez de sepultarlos los arrojaban al Río
de la Plata.
En esta isla estaba prisionero desde algunos años antes el renü
AukaNawel, quien era el abuelo materno de esta señora que hizo el
Camino de las Lágrimas, allí se reencontraron.
En la isla-cárcel esta señora dió a luz a la mamá de don Aukanaw.
Poco pudo disfrutar la mujer a su niña, pues la despacharon junto
con otros mapuche hacia Buenos Aires para ser repartida como esclava
(= trabajador sin sueldo ni libertad, prostituta forzada, etc.).
Vaya a saber uno a donde fue a parar. Hasta los mismo criollos y
europeos, que habían sido antes cautivos de los mapuche, eran
tratados por los argentinos de igual modo que a los mapuche. ¡No los
reconocían como uno de ellos mismos! (Un cautivo europeo, Lorenzo
Deus, cuenta en sus memorias de esas terribles cosas).
El veterano AukaNawel entonces se hizo cargo de la niña, su bisnieta,
llamada Loyza Pangilef. Le enseñó las mejores cosas de nuestro
pueblo, y aunque los ojos de la niña jamás habían visto la Mapu,
conocía cada animal y cada planta mejor que nadie. También la enseñó
a la antigua. Ya en ese tiempo muchos mapuche querían parecerse a
los wingka (= los no-indígena) y olvidaban las tradiciones.
Pasa el tiempo y un día el veterano sabe que va a morir, se había
contagiado de tuberculosis en esa isla y no hay lawen (remedio) que
cure ese mal. Por eso decide que debe transmitir a otra persona su
conocimiento espiritual y su poder sagrado para que ella a su vez lo
lleve nuevamente a la Mapu. Si esto no se hiciera esta cadena
tradicional que viene desde antes del diluvio se rompería.
El viejito eligió a la niña y no a un varón, como tiene que ser para
ese oficio, porque era el ser más cercano que tenía para ese fin y
que además le era obediente. Los curas católicos no le hubieran
dejado acercarse a los niños varones con frecuencia, porque sabían
que era un sacerdote pagano y sospecharían que algo estaba tramando.
Le dejaban acercar a la niña, porque era de su familia, y porque el
viejito simulaba estar muy enfermo por los trabajos forzados y pedía
permiso para que la niña lo cuidara. De este modo el renü trasmitió
sus secretos y su poder a la niña, pero como el tiempo era muy poco
y no podía pasarle tanto saber, preparó su am (alma) para que cuando
abandonara su cuerpo oficiara de instructor.
AukaNawel pasará al otro mundo, pero convertido en un pillan, y
seguirá instruyendo por muchos años a Doña Loyza casi siempre en los
sueños, a veces como voces secretas, otras veces apareciendo como
fantasma o bajo la forma de un "animal" espiritual. Mientas tanto la
niña es trasladada junto a otras gentes mapuche para ser repartida
en Buenos Aires con destino desconocido.

http://www.aukanaw.org/pages/cadre.html
|