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LA INTUICIÓN
INTELECTUAL
Introducción
Como "tiniebla luminosa del silencio" señalaba San Dionisio
Areopagita (en su "Teología mística") al estado suprasencial de la
realidad a la que únicamente se puede acceder mediante un no-saber
absoluto y puro, apartado de todo operativo que sea sensible o
inteligible tal como suelen estos caracterizarse en los diversos
tipos de conocimientos distintivos o afirmativos.
Esta tiniebla metafísica que asombrosa (como hemos leído por allí) y
tan ligeramente se la pretende reducir e identificar hoy con las
modernas nociones del "Caos", ha sido siempre tradicional y
simbólicamente representada por las mas diversas humanidades como
"la más negra obscuridad", en un puro y supraesencial apartamiento
de todo lo que es interior o exterior a ella; "...tiniebla
fulgurante de luz, cuyos rayos desbordan absolutamente intangibles e
invisibles..." decía el gran metafísico, describiendo, en cierto
modo también, el acto contemplativo o de intuición intelectual que
permite elevarse "en puro éxtasis, hasta el rayo de tinieblas de la
divina Supraesencia".
No podríamos aproximarnos mejor (ya que nuestro instrumento se
limita a las meras descripciones verbales) a la "naturaleza" de este
no-conocimiento divino, sino señalando rápidamente un par de
ejemplos como lo son en primer lugar la índole velada y el sentido
anagógico del estado de ocultamiento de la sabiduría o de la
paradosis-gnosis según Clemente de Alejandría: "Los misterios como
el mismo Dios, se confían a la palabra (viva), no a la letra. Y si
alguno objetare que está escrito que <nada hay oculto que no haya de
manifestarse, ni escondido que no haya que revelarse>(Mt,10-20), le
diremos que la misma palabra divina anuncia que el secreto será
revelado al que lo escucha en secreto, y que lo oculto será hecho
manifiesto al que es capaz de recibir la tradición transmitida de
una manera oculta, como la verdad" (Strom.V, 1, 4, 25ss.).
Luego, y teniendo en cuenta el carácter metafísico de las relaciones
negativas para referirnos a lo supraesencial podríamos traer a
colación a esa "sabia ignorancia" de la que hablaba Nicolás de Cusa,
y de la cual se traduce el mas divino y oculto galardón como prenda
espiritual de iliteratos o "analfabetos"; y cuyo máximo exponente,
se resume en esa figura extraordinaria del Profeta Muhammad, "el
sello de la profecía", "el iletrado".
La Nube
Por otro lado, cabe destacar una relación que se deriva del
simbolismo del "no-saber" o de esa "tiniebla luminosa", y que,
dentro de las designaciones tradicionales, se torna en un elemento
de transposición, ya que, desde diversos puntos de vista, en uno u
otro grado de analogía, toma frecuentemente la figura real o
simbólica de una "nube", tal como nos lo hace saber Dionisio, en el
mismo tratado, cuando nos describe la tormentosa cumbre efectuada en
Sinaí por el Profeta Moisés antes de despojarse "de todo cuanto ve y
es visto" y penetrar en la divina niebla.
Asimismo, (en el Cap. XXXVIII de su "Guía de descarriados")
Maimónides revela, en cierto modo, el alto grado de intuición que se
identifica con el estado profético y, (en el Cap. XXXII), nos
describe simbólicamente los diversos grados o etapas previas a dicha
identificación: "En cuanto a la revelación que tuvo lugar en el
Monte Sinaí, dícese que todos vieron un gran fuego y oyeron
espantosos truenos, pero que únicamente los que estaban debidamente
cualificados recibieron la inspiración profética, cada cual conforme
a su capacidad... Moisés se elevó al mas alto de los grados de
profecía. Aarón estaba debajo de el, y Nadab y Abihu por debajo de
Aarón, y los setenta ancianos por debajo de Nadab y Abihu, y el
resto por debajo de los ancianos, cada cual según sus grados de
perfección".
Pero, es que la "nube", en un sentido transpuesto de esa "divina
niebla" no es una escénica prioridad bíblica de Moisés, y no solo
aparece en distintas circunstancias a otros Profetas (a veces como
tornado o acompañada de truenos, rayos o lluvia) tal como en el caso
del apoteótico descenso del Sagrado Corán comparado a una "tormenta
de relámpagos enceguecedores".
Esto mismo, en una relación de grado, nos recuerda el "milagro de
Pentecostés" cuando sobre la primera comunidad cristiana de
Jerusalén descendió el Espíritu Santo en forma de "lenguas de
fuego"; todos quedaron llenos de influencia espiritual (inclusive
aquellos que no eran apóstoles) y todos empezaron a hablar en
"lenguas extrañas". se dice que el espíritu se anunció a sí mismo
por una tormenta (bramement impetuous) término cuya raíz griega
deriva de "viento" o "espíritu".
Es muy probable que esto, en la concordancia universal, también
tenga que ver con esa "cosa divina" o tupana de la misma raíz que
toupan (trueno) relacionado con Yvitu yma (viento primordial) según
relatan en sus tataypy rupa (asientos de fogones) algunos viejos
representantes de la tradición guaraní.
Constata ello, una vez más, las amplísimas posibilidades de las
relaciones de grado que, de uno u otro modo, dependen de un mismo
punto doctrinal. Así por ejemplo, tomando en cuenta al estado humano
es posible vislumbrar aquella condición que se presenta como
insoslayable en cuanto a la necesidad de una "influencia espiritual"
sin la cual sería imposible la propia realización intelectual.
Entre los oglala de Norteamerica dicha influencia era denominada
como wochanghi y, de acuerdo a lo dicho, considerada indispensable
en la búsqueda de la "visión" por medio de la cual el guerrero
transitaba el "sendero ritual", acercandose a Wakan-Tanka (El Gran
Abuelo o Gran Espíritu).
De este modo,"tormenta", "viento", "nube", "aire" o "neblina",
parecen ser solo algunas de las figuras representativas de diversos
sentidos del simbolismo tradicional que sirven por un lado como
marco para el descenso de las revelaciones divinas, visiones e
inspiraciones del espíritu y, por otro lado, como soportes de un
esfuerzo de asunción que culmina en una ejecución o acto intelectual
súbito que fusiona al sujeto conocedor con el objeto del
conocimiento.
Asimismo, en el orden de los ejemplos mencionados respecto de las
relaciones de grado, no podemos dejar de referenciar a la tatachina
de los guaraníes comparada con una neblina pura, engendradora de las
ñe'é porá (las bellas palabras) por la cual se adquiere la arandú
porá (la buena ciencia o la ciencia sagrada). Esta neblina
"vivificante" puede manifestarse con las llamas sagradas de Karai Ru
Eté (El Verdadero Padre) inspirando fervor y penetrando en las almas
a través de la apyté (coronilla). Conviene añadir, con relación a
esto último, que el entusiasmo excesivo producido por las llamas
sagradas logra su moderación por medio de yvára ñemboró (la
templanza), que alojándose en el "centro del corazón" es enviada por
Tupá Rú Eté (El Verdadero y Único Padre).
La Shekinah
Es notable la analogía de esto con la noción de Shekinah (Resplandor
Divino de Dios) del esoterismo hebreo que se identifica con el ruah
ha codeh (El Santo Espíritu). Es también el kabod (Luz Primigenia o
Gloria Inmarcesible), primera creación o afirmación del Verbo en
donde se revelan La Voz y La Palabra de Dios.
En otro orden de estas relaciones, recordemos que una característica
de la guía de la nación de Israel en su marcha por el desierto es de
día como nube, tomando la delantera, y de noche en forma de columna
de fuego. Recordemos también que después de la construcción del
tabernáculo, y luego mas propiamente de la erección del templo,
surgió la misma nube y "habitó de lleno el lugar santísimo" por la
cual ha sido llamada la Shekinah, "la nube de la gloria", indicativa
de la "presencia de Dios".
Sobre la Shekinah, es René Guénon en el Cap.III de "El Rey del
Mundo" quien nos dá una serie de analogías simbólicas de las mas
importantes, y en donde nos informa, además, el carácter técnico de
su mención en los diversos pasajes de la escritura sagrada,
señalando la institución de un centro espiritual, representado,
precisamente en este caso, por "la construcción del tabernáculo y la
edificación de los templos de Salomón y Zorobabel".
Y es aquí, que cabe señalar, dentro del orden de nuestras
referencias, esas dos formas principiales, una interna y otra
externa, dentro de los múltiples aspectos que portan las diversas
expresiones de la Shekinah y que, en cierto modo, el simbolismo de
"tiniebla luminosa" tanto como el de "nube", además de la
representación de grado (como cuando se representa como un "frescor"
o como una "suave brisa") reúne en una misma esencia, sin divorcio
alguno, a las nociones de "Intuición intelectual" e "Influencia
espiritual".
Además, conviene aclarar, en el orden de las analogías y como un
ejemplo general, que los aspectos externos, en cuanto a la nube, no
necesariamente pueden referirse a cuestiones exclusivamente
simbólicas, sino también a realidades y acontecimientos sagrados
inherentes a toda mentalidad tradicional.
Pero vivimos en una sociedad moderna, en una civilización
tecnológica de sello prometeico, donde estas cuestiones son casi
totalmente incomprendidas en su verdadera dimensión y, cuando se las
trata, se las reduce por lo general a una "metafórica" o "alegórica"
fórmula literaria cuando no al portento sólo taumatúrgico o al
prodigio de una estructura residual como la "magia".
Aspectos crepusculares
Por otro lado, es bastante probable que dicho "sello prometéico" de
lo que se denomina como la civilización occidental provenga, entre
otras cosas, principalmente de aquella herencia que tradicionalmente
se conoce como el "período decadente" de las ideas en Grecia, tal
como lo afirmara René Guénon (en su "Introducción a las doctrinas
hindúes"). Y es muy posible, además, hallar en el despliegue actual
de tantos aspectos negativos, la respuesta que convalida tal
afirmación y que nos conduce a la confirmación de esa primera
transferencia de ideales crepusculares basados, entre otras cosas,
en ciertos aspectos de un pronunciado hedonismo y de una exagerada
"cultura heroica". Ello, evidentemente, determina un "cambio" en la
jerarquía de valores tradicionales, ya que se prioriza a lo
sentimental en lugar de lo intelectual y al "héroe guerrero" en
detrimento del "sabio sacerdote". De tal modo, que hemos estado
viviendo, hasta hoy, un desarrollo posterior e implacable de todos
los elementos residuales desprendidos de dicha herencia.
Este desarrollo en occidente, anormal a la luz de la tradición, y
salvo períodos (como el de la Cristiandad), mas o menos normales,
refleja el retiro o la pérdida de aquellos patrones primordiales
que, como principios, regulan la existencia de toda sociedad
tradicional.
En estos casos, hasta la misma concepción del hombre queda alterada
en su noción directa como sujeto, ya que desaparece la significación
como atributo. Lo mismo sucede con el lenguaje donde sólo quedan las
denotaciones subjetivas en un cuadro indicativo o emotivo sin
predicaciones atributivas o sentidos tradicionales de la palabra.
Es en razón de todo ello, que se nos presenta la posibilidad de
vislumbrar las causas de las tendencias occidentales hacia un
nominalismo meta-lógico que decreta una ausencia de comprensión del
carácter intelectual que porta el simbolismo tradicional. En este
caso, la función simbólica es reemplazada por la del signo, en
detrimento de su índole esencial y cognoscitiva. Es la
"deconstrucción de las trivialidades hermenéuticas" en una
permanente evolución de significados que, por su horizontalidad
profana, sólo puede conducir a la alienación laberíntica del
lenguaje o a la famosa "locura interpretativa" donde hasta el propio
intérprete es desintegrado (caso Nietzsche) (1).
Siempre a la luz tradicional, queda corroborado que no podría ser
otro el resultado ante la ausencia o rechazo de esa misma virtud que
estamos referenciando y que, como "Intuición intelectual", se basa
en la orientación vertical del carácter representativo o simbólico
de las cosas a efectos de una identificación instantánea con la
esencia misma de ellas; virtud, que se ignore o no, es en realidad
la misma esencia, permanentemente en acto o eternamente presente.
Por otro lado, y en cierta relación con nuestra cita de Maimónides
(mas lo que añadiremos)no es debido a otra cosa, si no a esas
condiciones mentales que actualmente prevalecen que se insiste
tradicionalmente, en función de ciclo y de grado, en ciertos
aspectos o tópicos "tropológicos" de las verdades reveladas con el
objeto de dar al alma humana la medida exacta de ataraxia que
requiera su cualificación o necesidad, ya que la anáfora es a la
imaginación lo que el rito al corazón.
El Polo Intelectual
Sobre este aspecto, dice Ibn Arabi (en su Risalat al-Anwar o
"Tratado de las Luces"): "Conoce generoso hermano, que los caminos
son múltiples y los caminos del Real singulares y los viajeros por
el camino del Real únicos. Aunque el sendero del Real sea uno,tiene
aspectos diferentes de acuerdo a las circunstancias de quienes lo
siguen, es decir, según la moderación de sus temperamentos o su
aberración,..."
En todo caso, la clave es la representación. Lo inferior siempre
simboliza a lo superior. Si por el contrario, en una doctrina dada
deviene el cierre de lo superior, no solo se pierde de vista a la
esencia, sino que también queda en ella abolido el modus essendi, es
decir lo que es existente en acto que, además de determinar la
orientación es la especie inteligible por la cual es posible, para
el alma humana, acceder de un rango al otro.
Al respecto, (y en el mismo tratado), el Shaikh al-Akbar reduce el
gran número de "patrias" (mawatin) a seis estados esenciales o locus
de "momentos" (wird) donde el contemplante se establece
provisoriamente para después continuar su camino hasta lograr "La
Identidad Suprema". Pero, no sin antes advertir que: "Es
imprescindible a todo ser dotado de inteligencia saber que el viaje
está colmado de penalidades, privaciones, pruebas y desgracias, que
es un continuo superar peligros y temores inmensos, por ello es
impensable encontrar durante él ningún tipo de bienestar, seguridad
o placer: ya que las aguas son de sabor alterable y los vientos
siguen direcciones opuestas".
Queda claro que el modus intelligendi es aquello que por facultad de
la inteligencia atraviesa todos los rangos o estados permitiendo
aprehender los principios respectivos o la esencia de una cosa.
Esta cuestión de "perspectiva" nos ha de obligar a avanzar sobre
algunos conceptos mencionados, permitiéndonos además, sortear, al
menos explicativamente, los comunes sofismas de separación, es decir
los de falsa disyunción o errores de destitución tan comunes a la
ilusión verbal en las cuestiones de terminología e interpretaciones
linguísticas, ya que todo conocimiento o don de sabiduría se define
tradicionalmente como "ciencia de los principios", obligando a la
transposición, aún en aquellas ramas secundarias que mas
subordinadamente se hallen.
Precisamente, lo contrario de toda sabiduría es distraer la
concentración en cierto "percepcionismo" exclusivo a las causas
segundas, ya que, en rigor, producen su efecto con dependencia de la
primera, lo cual significa que cualquier juicio relacionado a estas
debe necesariamente remitirse a la causa primera.
Coincide con ello lo que, entre otros tradicionales, expresara (en
sus "Etimologías") San Isidoro de Sevilla respecto de la sabiduría
como "..el conocimiento que se tiene de las criaturas por el primer
principio.." .
En otro orden de consideraciones, cabe destacar, dentro del
simbolismo tradicional, que aquello que se designa como "primer
principio" de una ciencia determinada se identifica con el ultimo
peldaño de un estado inmediatamente superior a esta, siempre y
cuando se tenga en cuenta la irreciprocidad de todo ello con lo
incausado, es decir con la causa sui, la causa de "sí mismo",
aquello a que se deben todos los estados del ser sin que este, en su
"Absoluta independencia" nada deba a ningún otro ni participe de los
mismos.
Una cabal relación de esto, dentro de las aproximaciones
explicativas se halla en un pasaje (sobre "la Cualidad" del "al
Insân al-Kâmil") de Abd al-Karim al Jîlî quien la distingue de la
Esencia en tanto componente de lo indefinido y en cuanto, por
separatividad, sea irrealizable: "...lo indefinido no puede ser
agotado distintivamente, sino solo por integración, pues la
integración procede de la Esencia, siendo la percepción de la
Esencia por Sí misma, percepción inmediata a la que nada de ella
escapa. No es cognosible sino la Esencia, y no son incognosibles
sino las Cualidades; la indefinidad no pertenece mas que a las
Cualidades de la Esencia, y no a la Esencia como tal, de modo que la
esencia es asimilable y realizable, y las cualidades son
desconocidas e indefinidas".
En cuanto al modus intelligendi recurrimos nuevamente a la
incomparable descripción Akbariana cuando dice : "Es necesario a
todo viajero dejarse influenciar por los estados circunstanciales y
mezclar los mundos, no obstante deben saber elevarse sobre este
estado para acceder al de la sabiduría iláhica, que fluye de acuerdo
al cánon habitual de las cosas y abandonar el desgarro de lo
rutinario a su secreto interno hasta que se convierta en hábito
personal. No debe dejar de decirse: "Y dí, Oh Señor, aumenta mi
conocimiento" mientras la órbita discurra por sí, de la misma manera
que le es imprenscindible esforzarse hasta convertir su momento en
sí mismo y cuando sea afectado por una revelación súbita del momento
en su corazón precaverse de la vehemencia hacia el y sí cuidarlo y
retenerlo pues lo necesitará cuando dispare" (Risalat al-Anwar - Ibn
arabi) .
Dentro de esta escala de analogías tradicionales, sería mas que
difícil, por no decir imposible, pretender encajar algún modelo o
procedimiento del pensamiento moderno, ya que, salvo referencias o
comparaciones, solo se ubicarían en un rango de "oposiciones
ilusorias" a los contenidos y nociones primordiales de significación
y derivados de las ideas o principios que simbolizan a lo
inexpresable.
Debido a ello es que toda tradición, en cualquiera de sus formas o
exposiciones doctrinales hagan permanente referencias al mismo y
único núcleo, aún revestido con diversos ropajes y estimaciones, ya
que todo procedimiento o exposición debe atenerse a señalar, sea
directamente o en indirecta aproximación, a la misma facultad
tradicional que es objeto de nuestro comentario y que denominada
como "intuición" (2) es de orden estrictamente espiritual o
intelectual, (es decir sin relación alguna a lo psíquico o a lo
sensible) y que, salvo en los tres sentidos explicativos
contemplados por toda tradición, sobrepasa sin embargo en una
conversión única y anagógica a las facultades individuales de
imaginación, de memoria y de razón, puesto que, radicalmente, es
inmediata, "subitánea" y no requiere de grados en la certeza
intelectual.
La percepción de la Suprema Esencia por medio de la intuición
intelectual que identifica (en tanto la extincion de la cualidades)
pero no confunde (en cuanto a los conocimientos distintivos) al
conocedor con lo conocido, se refiere precisamente al aniquilamiento
de todo aquello que depende de las cualidades por realización de la
misma Esencia.
Con el título de al-'amâ (De la Oscuridad Divina) y al-ahadiyah (De
la Unidad) el mismo 'Abd al-Karîm al-Jîlî consagra dos capítulos (de
su al-Insân al Kâmil o "Del Hombre Universal"), y siendo en el
segundo de ellos donde designa el estado de revelación de dicha
Esencia "en la cual no aparecen ni los Nombres ni las cualidades" e
identificándola con el primer tanazzul (descenso) de las tinieblas
de al-'amâ (nube oscura), es decir, de nuestra reiterada fórmula
técnica y que según Titus Ibrahim Buckhardt (traductor del texto)
solía expresar el Profeta para explicar el "estado principial,
incognosible e inaccesible en el que Allâh se hallaba antes de la
creación".
Pero, observemos que es en el primer capítulo citado donde al-Jîlî
revela el sentido de la frase del Profeta : "No hay aire por encima
de la Nube oscura ni por debajo de ella", aclarando el significado
de que "no hay divinidad por encima, ni naturaleza creada por
debajo"; "La oscuridad divina es entonces el paredro de la Unidad:
del mismo que todo Nombre y toda Cualidad se desvanece en la Unidad,
en la que nada se manifiesta, tampoco nada se manifiesta ni se
revela en la Oscuridad divina". Inmediatamente al-Jîlî establece una
distinción entre la Oscuridad divina y la Unidad: "en el sentido en
que la Unidad afirma la Esencia en la Esencia por exaltación; es la
manifestación esencial única, mientras que la Oscuridad divina es la
Esencia desde el aspecto de Su realidad absoluta".
Conclusión
Dicha realidad absoluta es la que, contemplada desde el punto de
vista del estado humano, establece las relaciones que aluden directa
o indirectamente a la Intuición intelectual y sus grados de
identificación con la "Presencia Real" o manifestación de la Verdad
como un "saber" sin ilustración o sin fundamentos que requieran
correspondencia indicativa o representación alguna. Por otro lado,
ya dentro de las limitaciones explicativas, es posible aproximarse a
un campo donde se elucidan, en cierto modo, por un lado el estado de
irreciprocidad que establece la "tiniebla luminosa del silencio" y
por otro lado los aspectos de esa "niebla" divina o primera
manifestación de le divinidad, cuya Voz y Palabra Primordial se
determinan como esencias de las formas y de las realidades de
nuestro mundo.
Por último, en el orden de anotaciones de este inagotable tema, cabe
señalar la obligación de expresarse respecto de el, no sin tomar los
recaudos necesarios y las advertencias sobre cualquier confusión de
las realidades metafísicas con las exégesis literarias, y/o aquello
concerniente a las funciones indicativas de las palabras divinas,
las cuales, en exigencia, nunca deben atribuirse al Supremo
Altísimo, ya que El está por encima de sus atributos.
Notas:
(1) Se halla pendiente un estudio profundo de está cuestión a la luz
de la tradición, ya que arrojaría luz sobre los aspectos mas
insospechados de las contraformas modernas de la sabiduría.
(2) Dentro del contexto de nuestra nota, debe interpretarse este
término en el sentido de la "Inteligencia en acto" (término técnico
escolástico) respecto de la "actividad del cielo" (término técnico
taoista). En definitiva es "La Intuición Intelectual" (Nicolás de
Cusa) que transpone los ámbitos de la cualidad racional del estado
individuado del hombre, abarcando todos los grados de la "Realidad".
es decir, fundiendose de "súbito" con la "Identidad Suprema"
(término técnico islámico).
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