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El
25 de junio de 1668 nació en Nápoles Giambattista Vico. Sus padres
fueron Antonio Vico, un librero, y Cándida Masullo. No había
cumplido los 8 años cuando sufrió un grave accidente que le dejó
consecuencias físicas. Contemporáneos suyos lo recuerdan, en su edad
madura, con un bastón, caminando con dificultad, demacrado y con los
ojos muy abiertos.
Apuntes biográficos
Su formación fue principalmente autodidacta, apoyado por su padre,
aunque estuvo dos años en la Escuela de los Jesuitas de Gesú Vecchio.
No continuó sus estudios con ellos porque se consideró perjudicado
en un concurso escolar (1681).
En 1685 concluyó sus estudios de filosofía. Entre 1688 y 1692
estudió Derecho en la Universidad de Nápoles. Entre 1692 y 1698 fue
profesor de retórica especialmente a nivel de clases particulares.
Sólo en 1699, obtuvo por oposición la cátedra de elocuencia en la
Universidad de Nápoles. Este mismo año se casó con Teresa Catalina
Destito.
Dedicado a hacer discursos, clases e incluso poesías, tuvo tiempo
para preparar estudios referidos a la Educación, a la retórica, a la
jurisprudencia y a la historia. Así en 1709 publicó su muy
importante estudio "De nostri temporis studiorum ratione". Luego en
1710 apareció su Liber metaphysicus. Algunos años más tarde compuso
por encargo la biografía del mariscal Antonio Carafa :” De rebus
gestis Antoni Covaphaci”. En 1720 publicó "De universi iuris uno
principio et fine uno". Dos años más tarde imprimió "De constantia
jurisprudentis". En 1923 recibió un gran desengaño intelectual:
perdió en oposición la Cátedra de Derecho Romano. Parece ser que
esta es la causa que lo condujo a enfatizar la experiencia de la
maldad de los hombres. De ahí su concepción de que la "edad humana",
la más plena de las tres edades que caracterizan el curso de la
historia de una Sociedad particular, entraba en su decadencia y
agonía, justamente por los errores, la maldad y la locura de todos
los seres humanos. Como respuesta legítima se impuso la tarea de
terminar y publicar su obra magna Sobre una Ciencia Nueva; así en
1725 apareció la primera edición, en italiano, de los "Principi di
Scienza nuova d'intomo alla natura delle nazioni, per li quali si
ritrovano altri principi del divitto naturale delle genti". En 1730
publicó, con numerosas correcciones, la segunda edición de sus
Principios de una Ciencia Nueva; y en el mismo año de su muerte, en
1774, apareció su tercera edición, exactamente en junio. Esta
edición, sin lugar a dudas, es la expresión más acabada del novedoso
pensamiento Viciano.
Vico escribió un tratado que ha sido analizado e interpretado desde
el siglo XIX hasta el presente. Utilizando diversas perspectivas
epistemológicas, cada comentador y analista de los “Principios de la
Ciencia Nueva” ha encontrado lo que quería hallar.
Tal vez una de las contradicciones más comentadas en el pensamiento
Viciano sea, por una parte su clara afirmación que los hombres hacen
la historia y por eso la pueden conocer, y por la otra que la
Providencia Divina interviene en las historias particulares de las
sociedades civiles creando una "Historia ideal eterna". Si se tiene
en cuenta un detalle biografico, esas contradicciones se fundamentan
con facilidad: Giambattista Vico fue formado en el pensamiento
Cristiano Platónico y ha sido educado como observador profundo del
quehacer civil de su sociedad y de su pasado. Su reacción al modelo
cartesiano lo lleva a acentuar no sólo el valor del conocimiento
histórico sino del filológico, es decir, de aquel conjunto de
estudios que permiten saber acerca de las sociedades y culturas del
pasado y del presente humano. Es importante señalar, sin embargo,
que la oposición Vico-Descartes no significa que el filólogo
napolitano no pretenda lo que Descartes intentó hacer: una ciencia
nueva, un conocimiento permanente, aunque no perfecto, de los casos
civiles; incluso una búsqueda de leyes universales para explicar los
actos de los hombres, que sin embargo hiciese posible el libre
albedrío de éstos. Vico fue entonces un opositor a Descartes que, de
todos modos, se vio fuertemente influenciado por su método.
Teoría de los "avances y retornos"
Vico pretende, al modo de su época, establecer los principios y
determinar las leyes de una nueva ciencia que dé cuenta de la
*historia ideal eterna* (de acuerdo con la cual transcurren las
historias particulares) y explique la naturaleza común de las
naciones. Para llevar a cabo este propósito -además de afirmar con
claridad que el único modo de penetrar en la naturaleza humana es
mediante la ciencia verdaderamente nueva que es la historia-
desarrolla el concepto de una providencia ya no de origen divino,
sino de origen natural. El sentido del para qué de la historia toma
en Vico la figura de un constante fluir en el que de modo regular y
cíclico se producen crisis. Por eso la historia humana es como un
río cuyos desbordamientos se llaman crisis y cuyos recodos marcan
los principios de nuevas épocas. Por tanto, el desorden es necesario,
tan necesario como el orden, por lo que tiene de límite. Mas acá y
más allá de ese punto límite que es el caos, el desorden, las
situaciones de crisis, el hombre vive dentro del cauce que la
historia ideal ha excavado y del que no puede escapar sin que esa
trasgresión, sin que ese desorden, vaya acompañado o de una violenta
restitución del orden o de la muerte.
La historia humana es, por tanto, la historia del infatigable
renacimiento, del perpetuo renacimiento de la especie humana. La
tensión entre el presente y el futuro toma aquí la forma de una fe
esperanzada por cuanto la suerte de nuestra especie no está
vinculada a la voluntad de algo externo a la propia naturaleza
humana y además, el caos, el angustioso desorden, es un momento
necesario en devenir de la historia.
El paralelismo entre antiguos y modernos demuestra que toda la
historia de las sociedades humanas repite eternamente determinadas
situaciones típicas. Según Vico, esta curvatura de la historia
humana, que la obliga a volver constantemente sobre sí misma, es
obra de la voluntad de la providencia divina. Cuando, gracias a la
teoría de los avances y retornos, los hombres toman conciencia de
esta ley a la que está sujeta su historia, un trozo del velo se
levanta. Desde ese agujero, por así decirlo, acceden a esa voluntad,
y adquieren la capacidad de reconocerla en acción incluso en un
teatro mucho más vasto, constituido por el conjunto de los fenómenos
de la vida, de la que forma parte la historia humana. La teoría de
los avances y retornos, que en la obra de Vico es considerada a
veces como una extravagancia sin consecuencia, adquiriría entonces
un gran alcance.
Si, de hecho, la conciencia de la propia historia revela a los
hombres cómo la providencia divina actúa volviendo a emplear siempre
los mismos modelos, que son finitos en número, es posible extrapolar
a partir de sus voluntades generales una voluntad particular para el
hombre. Aunque el estado de la ciencia en los tiempos de Vico no le
permitió avanzar en esa dirección, su teoría abre al conocimiento un
recorrido que lleva de la estructura del pensamiento a la estructura
de la realidad. En este sentido la obra de Vico resulta de
particular interés por su posición de pivote paradójico entre el
Renacimiento y la Ilustración
Hay dos detalles de la visión de la historia de Vico que valen
subrayar. El primero es que da una explicación inicial de las
particularidades y las diferencias entre los pueblos. Para Vico,
estas diferencias se explican porque en este decurso cíclico de la
historia hay edades (las denomina retomando el modelo griego) y los
pueblos pueden oponer resistencia al pasar de una etapa a otra. Lo
cual explica, también, por qué algunos pueblos han desaparecido
completamente antes de recorrer su ciclo completo.
El segundo detalle es que Vico sitúa un origen para la historia. La
historia es el resultado de la emergencia de tres elementos: la
religión, el matrimonio y la sepultura de los muertos, es decir: el
sentimiento de la finitud del hombre, el establecimiento de fórmulas
explícitas para dar cuenta de las relaciones de parentesco, y el
culto a la memoria. Antes está el caos, la noche oscura que se sigue
de la dispersión narrada en el Génesis.

http://www.turemanso.com.ar/larevista/pensador/vico.html
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