1ª Parte
La ciudad del Cercano Oriente
Las ciudades mesopotámicas, como Ecbátana(1) y Uruk, eran
cosmológica y estelarmente importantes; cada una de sus murallas
concéntricas estaba pintada del color de uno de los siete planetas y
correspondía a una esfera planetaria o cielo, gobernado y movido por
un dios. El dios supremo de estos planetas era Ashur, el Sol, cuyo
poder emanaba del centro y era transferido cada diez días de un dios
estelar al siguiente por mensajeros alados (griego: angeloi,
"ángeles"). El poder de los dioses planetarios era proporcional a su
proximidad con el Sol y, por consiguiente, las alturas de las
murallas aumentaba a medida que se acercaban al centro. Cada esfera
planetaria y cada una de las murallas, construidas a semejanza de
esas esferas, era un nivel de iniciación, y los iniciados ascendían
de un nivel al siguiente, pasando por ritos de purificación en cada
nivel;(2) de esta manera se aproximaban al centro de la ciudad, en
la que se alzaba un palacio en torre que representaba la Montaña
Cósmica, el eje del universo y el punto central de los giros de los
planetas. Las almenas de las murallas delineaban ondulados pasadizos
dibujados por los movimientos de los siete planetas sobre la franja
de la eclíptica, mientras que los picos y hondonadas de estos
dibujos sinusoides significaban los aspectos complementarios: la luz
y la oscuridad, y lo benéfico y lo maléfico del paso del planeta;(3)
también señalaban las sucesivas posiciones de la salida del planeta
en el horizonte celeste. A fin de destacar su relación estelar
ornamentaban las almenadas murallas con rosetones que semejaban
estrellas.
El zigurat de siete pisos era un duplicado del simbolismo cosmo-cronográfico
de la ciudad mesopotámica de siete murallas. Los siete pisos del
zigurat y las siete murallas de la ciudad son simbólicamente
equivalentes: los siete niveles son las murallas de la ciudad que se
hallan retraídas y comprimidas en la Montaña-torre central; o a su
vez las murallas de la ciudad son una expansión o despliegue de los
niveles del zigurat. Los siete escalones del zigurat, revestidos con
ladrillos vidriados de siete colores, son los siete planetas, las
siete zonas de la Tierra, los siete Cielos y los siete peldaños de
ascenso hacia el Cielo.(4)
Cada uno de estos cuatro planetas –Júpiter, Mercurio, Marte y
Saturno– rige sobre una dirección en el simbolismo astronómico de la
Mesopotamia. No dividen simultáneamente el espacio celeste: el
cuadrado de las direcciones que ellos presiden no se define
simultáneamente sobre el horizonte terrestre sino sucesivamente
sobre el ecuador celeste durante el ciclo anual. Su gobierno de los
cuatro sectores se vincula con el desplazamiento del Sol: aparecen
en los puntos críticos cuando el Sol cambia de dirección, o sea, en
los puntos del solsticio y del equinoccio, los cuales corresponden
cosmológicamente a los puntos cardinales. El esquema cosmológico
mesopotámico se completaba con los otros tres planetas: Venus, el
Sol y la Luna. Venus era la Reina del Cielo, la Madre Diosa, ubicada
en el ápice del Cielo; el Sol se hallaba en el centro, y la Luna en
el nadir.(5)
Como simulacros de esta cuatripartita estructura de los Cielos, las
ciudades mesopotámicas y los campamentos militares eran divididos en
cuatro por dos caminos axiles que se dirigían hacia las posiciones
del horizonte durante el solsticio y el equinoccio, regidas por los
cuatro planetas de esos puntos cardinales.(6) La ciudad mesopotámica
es una cruz tridimensional: los cuatro brazos del plano horizontal
corresponden a estos cuatro planetas: Júpiter, Mercurio, Marte y
Saturno; los dos brazos del plano vertical corresponden a Venus y la
Luna, y en el centro, en el que los brazos se juntan, se ubican el
séptimo planeta y el séptimo rayo, o sea, el Sol.
Las ciudades y los campamentos militares de las otras civilizaciones
del Cercano Oriente muestran característicamente el mismo
ordenamiento en cruz. Son variantes que expresan esquemas
cosmológicos similares. Un ejemplo de este tipo es la ciudad de
Darabjird, que tiene un plano circular dividido en cuatro secciones
por calles que se irradian y terminan en amurallados pórticos en los
puntos cardinales. La ciudad sasania de Firuzabad y muchos castillos
del Cercano Oriente tienen un plano similar.(7)
La arquitectura del reino cósmico
El plano en cruz, correspondiente a la antigua ciudad del Cercano
Oriente, expresa el simbolismo del reino cósmico. El rey del Cercano
Oriente, llamado "Eje y Polo del mundo", es el reflejo terrestre del
Sol quieto que se halla en el centro de los cielos que giran y que
es punto central del universo. Por ejemplo, el soberano de
Babilonia, es la imagen terrestre del dios Marduk, el "Sol de
Babilonia", y se lo denomina "Rey del Universo" y "Rey de los Cuatro
Cuadrantes del Mundo"; es el cosmocrator, el pontífice, que combina
el poder real con la autoridad sacerdotal, el regulador astral que
todo lo determina, y "devana" y mide el destino de los hombres. De
manera parecida, el rey sasanio era "Hermano del Sol y la Luna", y
en sus ceremonias los gobernantes asirios imitaban los movimientos
del Sol, y agregaban a sus títulos el nombre del dios solar. Se los
representa con los atributos del Sol, el disco, la estrella Ishtar,
el león y la media luna. A los reyes hititas los llamaban "Soles" y
los representaban con discos alados que simbolizaban al Sol.(8) Los
Faraones egipcios eran Soles, descendientes de Ra y Horus. Su
coronación es la salida del Sol Ra. Sostienen el cetro con forma de
rayo, que simboliza al Sol. Los reyes partos de Persia, con nombre
solar, eran vicarios, dueños escogidos de hvarena, que era la gloria
conferida por los dioses y el Sol.
El simbolismo del rey cósmico, como punto central e inmóvil de los
Cielos que giran es traduce directamente en las formas
arquitectónicas. Los palacios de estos monarcas se alzaban en el
centro de la ciudad y del reino, tal como el Sol se halla en el
centro del cielo. En el centro del palacio se hallaba la sala del
trono, que era un salón cuya construcción cuadrangular y orientación
eran a imagen de la cuadratura terrestre gobernada por el soberano.
El trono solar se alzaba directamente debajo del ápice de una cúpula
o baldaquino azul oscuro, como el cielo nocturno, y salpicado de
doradas estrellas a imagen de la bóveda celeste. El rey sentado en
su trono, en el centro de la ciudad y del reino, es para los pueblos
de las civilizaciones del Cercano Oriente, la imagen terrena del Sol
en el centro de las estrellas que giran. "Mi reino, con sus
satrapías y provincias rodeando la capital, y la corte, con
ministros y vasallos en torno del rey, reflejan el trazado de las
estrellas en el cielo. La capital es un templo solar, el trono del
rey es el asiento del Sol, y su corte semeja las estrellas que giran
en torno del centro celeste".(9)
Todas las culturas del Cercano Oriente brindan ejemplos de esas
salas solares y cósmicas. Un ejemplo famoso es la sala del trono
correspondiente al rey persa Khosrau Parves, del siglo VII. El trono
giraba recorriendo las estaciones y los signos del zodíaco. Sobre
ese trono se alzaba una cúpula de lapislázuli y oro, cuyas piedras
preciosas eran un ornamento que representaba a las estrellas fijas,
los signos zodiacales, los planetas y la Luna, todos ellos girando
en sus órbitas. Este trono, que era a la vez planetario, comunicaba
los horóscopos, las horas del día y las posiciones actuales de los
cuerpos celestes. La imagen de Khosrau estaba en el centro del
abovedado techo del palacio, y el Sol, la Luna y los planetas
giraban alrededor de él. El Templo del Fuego tenía similar
disposición(10).
Persépolis: La ciudad del combate entre el León y el Toro
La ciudad de Persépolis no fue capital ni morada permanente del rey
sino que existía solamente como centro ceremonial, habitada
únicamente con motivo de los grandes ritos celebratorios de la
batalla anual del León y el Toro, representados en las murallas de
la ciudad en muchos relieves que muestran a ambos animales en mortal
combate.(11) Este combate entre el León y el Toro se refiere a las
alternadas apariciones de las constelaciones de Leo y Tauro,
coincidentes con las estaciones de verano e invierno. Las divisiones
y subdivisiones del año eran indicadas, en la Mesopotamia, por las
salidas y puestas helíacas de destacadas estrellas. En el año 4000
antes de Cristo, la salida helíaca de las Pléyades, las principales
estrellas(12) de la constelación de Tauro,(13) anunciaban el paso
del Sol por el ecuador de norte a sur en el equinoccio de primavera;
la salida helíaca de Régulo (la "Estrella Regia"), la principal de
la constelación de Leo, anunciaba la posición más alta del Sol en el
trópico norte, o sea, el solsticio de verano; la salida helíaca de
Antares, la estrella principal de Escorpio, presagiaba el equinoccio
de otoño; y la salida helíaca del Rectángulo de Pegaso,(14) las
principales estrellas de la constelación de Ibex (Ibice),(15)
anunciaba el solsticio de invierno. La puesta helíaca de las
Pléyades,(16) que desaparecían para permanecer invisibles durante
cuarenta días antes de reaparecer en su salida helíaca para anunciar
el equinoccio de primavera, indicaba la época primaveral de
labranza. En la puesta helíaca de las Pléyades, Régulo, que tiene
una separación de 90 grados respecto de ellas, culmina
aproximadamente en los 8" del cenit. O sea que la constelación de
Leo se halla en el ápice del cielo y domina los Cielos cuando Tauro
(el Toro) desaparece debajo del horizonte. Cuarenta días después,
Tauro (el Toro) aparece de nuevo y gradualmente cobra fuerza,
elevándose más alto en el cielo cuando Leo (el León) se hunde por el
horizonte hasta que, a su vez, tiene su puesta helíaca en la época
en que Antares está culminando y Acuario (y el Ibice) se elevan
acrónicamente, o sea, en su última salida visible en el crepúsculo
vespertino. Entonces, a su vez, Antares se hunde cuando Acuario se
eleva hacia su culminación y las Pléyades se elevan acrónicamente; y
al final, el Rectángulo de Pegaso de la constelación de Acuario (el
Ibice) tiene su puesta helíaca cuando las Pléyades están culminando
y Leo se eleva acrónicamente. En ese tiempo vuelve a comenzar otra
vez el combate entre el León y el Toro. La batalla del León y el
Toro divide, pues, al año en cuatro fechas intermedias que
corresponden al año agrícola, precediendo a los equinoccios y
solsticios entre treinta y cuarenta días.(17)
A la constelación del León se la asocia con el Sol. Cuando el León
está en su ascendente en los Cielos, el Sol se halla en su máxima
potencia, volviendo árida la tierra y produciendo sequía y
destrucción. En cambio, a la constelación del Toro, con sus cuernos
representando la media luna, se la asocia con la Luna, que produce
frescura y humedad. Las lluvias vuelven para reaprovisionar a la
tierra seca cuando el Toro vence al León.
Persépolis es una ciudad sagrada, una civitas dei, que funciona
exclusivamente como sede de las hierofanías de Ahur Mazda, señaladas
por los movimientos de las estrellas. Los bajorrelieves muestran
procesiones de enviados de veintitrés naciones que transportan
tributos para el Dios supremo. Las grandes salas de recepción se
abren hacia los puntos cardinales para permitir que la divina
refulgencia brille hacia los extremos de la Tierra.
Las hileras de columnas que semejan palmeras forman los sagrados
bosques del Arbol de la Vida que, identificado con los rayos del Sol
que iluminan el horizonte antes de su salida, separa las
constelaciones de Leo y Escorpio de las de Tauro e Ibice. Los
capiteles de esas columnas-palmeras del pórtico y de los tres
pilares de acceso rematan en toros que representan la constelación
de Tauro, cuyo aspecto anuncia cada año la renovación de la
vegetación y el reverdecer de la palmera, el Arbol de la Vida.(18)
Las escalonadas almenas sobre las murallas de Persépolis no son
defensivas y su función es meramente simbólica. Tal como ocurre en
la ciudad mesopotámica, representan los movimientos sinusoides de
los planetas en la eclíptica; considerados por separado, cada uno
también representa la Montaña sagrada, cuyo surgimiento, según las
mitologías, fue el prístino acto creador. La Montaña es fuente de
fertilidad: cuando Leo se hallaba en ascendente, los dioses de la
fertilidad se recogían en la Montaña, permaneciendo allí prisioneros
hasta ser convocados ritualmente cuando el Toro se eleva sobre el
horizonte. Cuando el Toro asciende al cielo, los dioses salen de la
Montaña y la Tierra vuelve a la vida. Las almenas de la Montaña
muestran un panel grabado; los dioses de la fertilidad entran en la
Montaña por este acceso en la época del León y vuelven a salir en la
época del Toro.(19) Las hileras de almenas, reiteradas imágenes de
la Montaña Cósmica, son los ciclos de años, el recurrente drama de
la muerte y la renovación.

La orientación en el Cercano Oriente
De acuerdo con la modalidad de la mayoría de las ciudades del
Cercano Oriente, como por ejemplo Ur, Uruk, Khorsabad, Babilonia,
Nippur y Dur-Untash, Persépolis es cuadrada y axial, y se orienta
hacia direcciones intermedias, de modo que quienes llegan a ella
apuntan hacia los puntos cardinales.(20) Sin embargo, los templos y
palacios persas suelen dar hacia el sur. La orientación tiene
significado mítico. En el Zend Avesta, Ahura Mazda y Arhimán
representan los polos de una dualidad en pugna. El paraíso de Ahura
Mazda, el polo de la luz, da hacia el sur; y el Infierno, la morada
de Ahrimán, da hacia el norte.(21) Después de que Hima, el Héroe,
recibe un Sello de Oro y un puñal de manos de Ahura Mazda, éste le
ordena que aumente el tamaño de la Tierra:
"Entonces Yima, resplandeciente, dio un paso hacia el sur, siguiendo
la trayectoria del Sol; luego apretó a la Tierra con el Sello de Oro
y la hendió con el puñal, diciendo: 'Oh Spenta Armaiti, Genio de la
Tierra, ten a bien partirte y estirarte en lontananza para sostener
los rebaños, ganados y hombres'."
Yima avanzaba hacia el sur y repetía tres veces este acto, en
intervalos de seiscientos y novecientos años. En los rituales del
mazdeísmo, el Sumo Sacerdote estaba parado en el extremo norte del
recinto ceremonial, orientado hacia el sur; otro sacerdote estaba
frente a él en la mitad del lado sur; y seis sacerdotes se hallaban
en los puntos medios de los dos lados restantes y en las direcciones
intermedias. Al comienzo de la ceremonia, el Sumo Sacerdote daba
tres pasos imitando los tres pasos que dio Yima "desde la Tierra
hacia donde estaba el Sol", avanzando hacia el sur, donde se hallaba
el altar del fuego.(22)
Los babilonios también orientaban sus edificios hacia el sur. De
cara hacia el sur, el sacerdote babilónico dividía los Cielos en
cuatro regiones; cada una se relacionaba con un mes y un día del
año: los días y meses primero, quinto y noveno, y todos los que
siguen en la serie, pertenecían al sur; en el oeste estaban los días
y meses segundo, sexto y décimo de esta segunda serie; y así
sucesivamente con las otras direcciones. Según la mitología
babilónica, el norte y el sur corresponden a los polos superior e
inferior del universo; la palabra que significa "norte" es isilthanu,
"región sublime"; y la corriente llevó al Arca hacia la cima de la
montaña que estaba situada en el norte. Sin embargo, en sus
ceremonias rituales, los babilonios se volvían hacia el sur porque
el Dios creador y civilizador de los humanos, Mummu o Ea, el dios de
los abismos, surgió como Hombre-Pez de las Aguas cósmicas que se
hallaban en el sur, y las regiones más meridionales de Babilonia
fueron las primeras en adquirir un carácter cósmico; el hombre y
Dios se encontraron por primera vez en el sur y, por consiguiente,
los babilonios se volvían hacia el sur rememorando este primer
encuentro.(23)

El simbolismo del Sol en la arquitectura egipcia
La entrada del pilón del templo egipcio y del palacio del Faraón era
la Puerta del Cielo, por la que el Dios-Sol, el Radiante, apareció
en el inicio del tiempo, hecho éste que volvía a representarse
ritualmente cuando el Faraón salía del interior del templo o
palacio, transportado en la barca solar.(24)
La salida del Faraón del interior del templo por los pilones era la
salida del Sol naciente. Este simbolismo guarda relación con una
compleja mitología. Las grandes salas del templo de Egipto, con sus
columnas en forma de papiros, representaban los "Juncales" celestes,
la tierra del Sol naciente, más allá del horizonte oriental. El
Faraón, sentado en la Barca del Dios-Sol, era transportado por la
sala, desde el santuario interior, para simular el paso del Sol
Naciente, equiparado con el Supremo Dios Ra y con Aton, el
"Completo". El Sol Naciente ilumina las tinieblas primordiales y
separa las Aguas; su salida es el surgimiento del primordial
"Montículo del Tiempo Primero", la primera tierra en aparecer desde
los abismos de las Aguas y la morada del Dios Supremo, fuente de
luz. A la manera de los montículos que surgen cada año y hacen
brotar hierbas y múltiples formas cuando las torrentosas aguas del
Nilo retroceden, ese Montículo es el origen de todo lo que tiene
vida. Durante los ritos fúnebres de un Faraón fallecido, que se
celebraban dentro de la pirámide, ponían su estatua sobre un
montículo de arena, el cual representaba al Montículo Prístino, y
recitaban una plegaria indicándole que ascendiera por ese montículo
para que el Sol le saludara. Ese Montículo es la Montaña del Mundo,
por la que el rey asciende para encontrarse con el Dios Sol.(25) Ese
Montículo que emerge es el amanecer de la Luz; la diaria salida del
Sol es una repetición de la original iluminación cosmogenética.
En Heliópolis, que fue construida sobre el Monte Cósmico, sitio en
el que el cosmos emergió del Abismo, la luz del Sol naciente se
reflejó desde un piramydion sobre la parte superior de una columna,
pues en la simbología védica el amanecer es un Dios-puntal, con el
Sol en su ápice. El Sol que aparece y el Montículo que se eleva de
las Aguas coincide con la aparición del ave de la luz, el Fénix, que
se enciende sobre la piedra ben-ben, en Heliópolis, y con su reclamo
inicia la vida y los ciclos del tiempo. Cuando el Fénix hace su
reclamo, "declara todo lo que existe y todavía no existe".(26) El
Fénix sobre la piedra sagrada de Heliópolis es brillo de la primera
luz; es el ave-Sol que dice: "Puedo ver exactamente allende los
lindes de las tinieblas, puedo contemplarlo todo exactamente allende
las Aguas Prístinas"(27) y "Yo soy el gran ave Benu (Fénix) de
Heliópolis, la que decide qué existe y qué no ha de existir".(28) La
aparición de la luz y la vida se equipara con el reclamo del Ave
Fénix, "el hálito de vida que surgió del cuello del ave Benu, el
hijo de Ra en quien Aton apareció en la nada, en la infinitud, en la
oscuridad y en el sitio inexistente del tiempo original"(29). Su
grito quiebra el silencio de la noche primordial. El Fénix es el
Logos, la declaración del destino; es la primera manifestación del
Dios Supremo; su llamado instituye los ciclos del tiempo, y el
templo del Fénix, en Heliópolis, era el centro regulador de los
calendarios; es representado por el planeta Venus, la Estrella
Matutina que anuncia la salida del Sol; es la Deidad manifiesta en
el tiempo; abarca a Aton-Ra, Shu y Osiris; su vuelo engloba al mundo
"sobre océanos, mares y ríos"; y él viene de la "Isla de Fuego", el
lugar de la luz eterna que se halla más allá del horizonte, donde el
Sol sale cada día.(30) La salida del Sol en el principio del mundo
se repetía todos los días al amanecer y todos los meses con la
aparición de la Luna Nueva. En su ceremonia de coronación, al nuevo
Faraón lo saludaban como el Sol naciente; y el renacimiento del alma
después de la muerte era saludado con la salida del Sol.(31) El alma
victoriosa podía decir:
"Vengo de la Isla de Fuego, habiendo llenado mi cuerpo con Khike (la
esencia vital que el Fénix trajo de la Isla de Fuego) como "aquel
ave" que (vino y) llenó el mundo con lo que éste no había conocido."

El Sol Naciente es homólogo del escarabajo que expulsa su huevo de
la arena, envuelto en una bola de su propio excremento. El
escarabajo representa a Khopri, el Sol Naciente, que en la barca
solar aparece como dios asistente con figura humana y cabeza de
escarabajo.(32)
El Faraón, que salía atravesando los pilones del templo o palacio,
era el Sol al amanecer, una epifanía que era una réplica de la
cosmogénesis y de la alborada del tiempo. Su aparición en la entrada
se equiparaba con la del Sol-puntal, afín al Montículo Primordial,
separando así al cielo de la Tierra y permitiendo la expansión del
espacio y del tiempo y la manifestación de la vida y las formas.
El Montículo Primordial era el modelo de las regias tumbas
piramidales de Menfis y el centro del culto de Ptah (o Tah).(33)
Ptah era una divinidad gigantesca y enana a la vez.(34) Como gigante
era el Montículo Primordial y también la Vía Láctea, el Río Celeste
y el equivalente celestial del Nilo. La Vía Láctea reposaba sobre
las Aguas Primordiales –Nun– las mismas desde las que apareció el
Montículo Primordial en el principio. El enano Ptah es una estrella
de la religión circumpolar del cielo; es eterna porque nunca
desaparece debajo del horizonte.(35) El rey difunto, identificado
con Ptah, era sepultado dentro de la pirámide como representación
del Montículo; su alma, viajando ascendentemente hacia las regiones
septentrionales del cielo, se fundía en la estrella del enano Ptah,
y así alcanzaba la inmortalidad. La principal (y a menudo) única
entrada de la pirámide se hallaba en el lado norte, enfocada hacia
las estrellas circumpolares.(36)
La orientación egipcia
Los edificios egipcios estaban generalmente orientados hacia el sur;
el Nilo fluía desde esta dirección que, por lo tanto, era la de la
fuente de la vida. El este, por donde el Sol sale, era la región del
nacimiento y del renacimiento, y el oeste, donde el sol se pone, era
la región de la muerte y la vida después de la muerte.(37)
Los edificios egipcios se orientaban astronómicamente. Numerosas
inscripciones de templos dicen que los "tendedores de cuerdas"
hacían las trazas de los templos tomando como referencia a las
estrellas. Por ejemplo, una inscripción del templo de Dendera dice
esto describiendo al rey egipcio:
"el Dios viviente, el magnífico hijo de Thoth (Asti), alimentado por
la diosa sublime (Hathor) en el templo del país soberano, tiende la
cuerda con alegría. Con su mirada en la mitad del Muslo de la
Constelación del Toro (la Osa Mayor), él establece la casa-templo de
la Amante de Dendera, como tuvo lugar anteriormente."
Entonces el rey dice:
"Mirando hacia el cielo, en el curso de las estrellas nacientes (y)
reconociendo la mitad de la constelación del Muslo del Toro,
establezco los ángulos del templo de Su Majestad".(38)
Los templos egipcios se hallan corrientemente alineados con la
posición del Sol naciente en el solsticio.(39) La orientación del
templo de Amón-Ra, en Karnak, tipifica un patrón recurrente: el
largo eje del templo apunta, en la dirección sureste, hacia la
salida del sol en el solsticio de invierno y en la dirección norte
hacia la caída del sol en el solsticio de verano.(40) El templo de
Ra-Hor-Akhty, el "Brillante Sol surgiendo en el Horizonte", se ubica
en el mismo eje y se abre hacia el punto del amanecer en el
solsticio de invierno.(41) Otro templo consagrado a Ra-Hor-Akhty, el
Templo Supremo construido sobre el de Amón-Ra, tiene igual
alineación.(42) Los templos de Khonsu y Mut, conectados mediante
avenidas con el templo de Amon-Ra, se encuentran alineados, en sus
ejes transversales, con la puesta tangencial de la primera Luna
Creciente después del solsticio de verano. La línea del templo de
Khonsu indica la declinación en detención mayor; cuando se extiende
a través del Nilo hasta la ribera oeste, pasa por las Tumbas de los
Reyes y las de las Reinas respectivamente. Un pequeño templo sobre
el techo del templo de Khonsu tiene una ventana cuya alineación es
una réplica de la del templo de arriba, existente en el Gran Templo
de Amon Ra.(43) El eje del templo de Khonspekherod, "el Niño Khonsu",
corta en ángulos rectos el eje del templo de Mut. Las alineaciones
de los templos de Amón Ra con una posición del Sol, y de Khonsu con
una posición de la Luna Creciente son adecuadas: Amón Ra es el
dios-Sol y Khonsu es el dios-Luna, coronados con el disco y la media
luna respectivamente; Mut es la consorte de Amon Ra.(44)
Las mastabas, orientadas hacia los puntos cardinales, tienen a veces
una puerta falsa en el ángulo noreste, indicando la dirección que el
alma ha de tomar para llegar a Aalon, la morada celestial de Osiris,
que está ubicada en la parte noreste del cielo.(45)

Se asignan numerosas alineaciones a la Gran Pirámide de Gizeh y,
aunque la mayor parte de lo que se afirma es extravagante, dudoso o
totalmente erróneo, unas pocas aseveraciones están fuera de
discusión. La pirámide se halla exactamente alineada sobre ejes
este-oeste y norte sur(46) y, como ya lo dijimos, el denominado
"fuste de ventilación", que corre desde la cámara del Rey hacia la
cara norte, apunta hacia el polo norte celestial, la morada del Dios
Supremo Ptah y el punto central de las estrellas circumpolares que
representaban las almas de quienes habían alcanzado la vida
eterna.(47) Un segundo fuste, que corre hacia la cara sur de la
pirámide, apunta hacia el tránsito de Alnilam, la estrella central
del cinturón de Orión, en la que estaba situada la morada de los
difuntos.(48)
Traducción Héctor V. Morel
NOTAS
1. Herodoto (citado en Rawlinson, 1942, 47 y Lampl, 1968, 7)
describe a Ecbátana, construida por el primer rey de los medos:
"...elevándose en círculos, uno dentro del otro... Los círculos son
siete y el palacio del rey y los tesoros se hallan dentro del
último... Las almenas de este muro son blancas, las del siguiente,
negras, las del tercero, escarlatas, las del cuarto, azules, y las
del quinto, anaranjadas; todas ellas estas cubiertas con pintura.
Las dos últimas tienen sus almenas revestidas, respectivamente, con
plata y oro". Entre los babilonios, cada planeta tenía un color y un
metal correspondientes: latón y blanco o amarillo para Venus; plomo
y negro para Saturno: bronce y púrpura para Júpiter; hierro y azul
para Mercurio; una "aleación monetaria" y rojo para Marte; plata
para la Luna; y oro para el Sol. Cuando los arcángeles cristianos
fueron asimilados a los planetas, tomaron estas correspondencias:
Gabriel, el ángel del fuego, es oro, y Miguel, el ángel de las
aguas, es plata. Las imágenes y los símbolos de todas las
tradiciones son dorados y su referencia es el Sol. La imagen de
Apolo en el adytum de Delfos era dorada; y las imágenes del Buda,
identificadas con el estacionario Sol metafísico, están adornadas de
manera parecida; el disco alado en el dintel de Biblos es dorado,
igual que las puertas por las que el Sol aparece cada mañana en
Biblos, Palmira, Dura-Europus, etcétera.
2. Meyer-Baer, 1970, 778; l'Orange, 1953, 12. Sobre cosmología
babilónica e importancia de la astronomía en la religión de
Babilonia, ver Lambert, 1975; Duhem, 1954, 5, 541; y el artículo "Babylonian-Assirians",
en ERE, 1, 309.
3. Los picos y hondonadas corresponden a los triángulos que apuntan
hacia arriba y hacia abajo, los cuales se combinan para formar el
Sello de Salomón. Ver Mus, 1935, 334 y siguientes; y sobre la
simbología del Sello de Salomón, ver Guénon, 1962, 225 y siguientes.
4. Jastrow, 1898, 616-617; Fletcher, 1948, 56; McLean, 1929, 29; y
Hopper, 1938, 17.
5. Przyluski, 1932, passim; y Mus, 1935, 147 y siguientes.
6. l'Orange, 1953, 13.
7. l'Orange, 1953, 10. Igual planimetría aparece en Occidente, como
en muchos campamentos militares vikingos, en los castillos vikingos
daneses de Trelleburg y Aggersberg, y en los planos y dibujos
medievales de la Sagrada Jerusalén (ibid., 14-15, y 1973, 314-315).
– Los "castillos giratorios", frecuentemente mencionados en los
cuentos europeos de los siglos VIII y IX, posiblemente se refieren a
ciudades y castillos de Oriente. Ver ibid., 1953, 16, y 1973,
315-316.
8. l'Orange, 1953, 12-13, 22-23, ibid., 314 y siguientes; y
Hautecoeur, 1954, 161.
9. Hautecoeur, 1954, 162-164. Los conceptos relacionados con el
reino cósmico y solar pasaron en una dirección desde el noreste
hacia Grecia y Roma, y de ahí a Bizancio y los carolingios, y en
otra dirección hacia el Islam y la India. Un ejemplo famoso es el
Diwan-i-Khas, de Fatepur Sikri, India; allí el Moghul emperador
Akbar se sentaba en lo alto de una columna que semejaba una montaña
y un loto, la cual tenía cuatro pasarelas que se proyectaban hacia
los cuatro ángulos de la sala, donde se sentaban sus cuatro
ministros. El cielo raso del edificio está diagramado representando
un horóscopo indio, que muestra los doce signos del zodíaco. Smith
(1956) rastrea los diversos ejemplos de este tema.
10. l'Orange, 1953, 14-15 y 1973, 316-317, y Meyer, 1976, 175.
También en Europa hubo cúpulas giratorias del Cielo; el
Martirologium de San Ado (c. 874) y una Exaltatio Sancta Crucis
giraban sobre sus ejes a la manera de los cielos rasos de la sala
del trono de Khosrau. Sobre paralelismos romanos, ver página 261 y
siguientes de esta obra (Architecture, Time and Eternity).
11. El motivo del combate entre el León y el Toro tuvo una historia
ininterrumpida durante más de cinco mil años. Ver Hartner, 1965, y
Hartner y Ettinghausen, 1964, 162.
12. La principal estrella de una constelación es la primera que
aparece sobre el horizonte.
13. Las Pléyades formaban parte de la constelación de Tauro tanto en
la astronomía antigua del Cercano Oriente como en la clásica. Son la
primera parte de Tauro que se vuelve visible durante el año solar, y
se las elige como las principales estrellas de toda la constelación
(Hartner, 1965, 7-8).- Las Pléyades desempeñan un papel importante
en la mitología estelar y en los calendarios de todo el mundo. En la
China se halla una de las cuatro constelaciones principales
mencionadas en Shu-ching; su salida helíaca la registraron muchos
pueblos primitivos; su salida helíaca, seguida por cuarenta días de
invisibilidad, es mencionada por Hesíodo (Obras y Días, vs.
385-396); se hallan enunciadas en los calendarios babilónico, griego
e islámico; en Sumer-Akkad se las designaba como "la Estrella"; y
como lo mostraremos en lo siguiente, representan un papel
predominante en los calendarios de Mesoamérica. Ver Hartner, 1965,
8.
14. Pegasi y Andromedae, con la estrella principal Pegasi.
15. En las primitivas civilizaciones mesopotámicas y elamitas, la
constelación de Ibice, que está frente a Leo, es muy probable que
incluyera a las principales estrellas de Capricornio y Acuario. La
salida helíaca de sus principales estrellas, el Rectángulo de
Pegaso, ocurre exactamente seis meses después de la salida helíaca
de Régulo, la estrella principal de Leo. La salida helíaca de la
constelación de Ibice indicaba el solsticio de invierno en fecha
aproximada (Hartner, 1965, 8-9).
16. Desde épocas muy remotas hasta las de los aquemianos, la puesta
helíaca de las Pléyades ocurría exactamente en la misma época que la
salida helíaca de Aries (llamado "el Labriego Asalariado" y el
"Arado"), que marcaba la época de primavera en la que se empezaba a
arar, allanar la tierra y sembrar (ibid., 10).
17. La constelación del Ciervo o Venado se fija exactamente con las
Pléyades, por lo que el motivo del León y el Ciervo tiene el mismo
significado que el combate del León con el Toro. Hartner y
Ettinghausen, 1964, 162-164.
18. Wensinck, 1921.
19. Pope, 1957, 126.
20. Saggs, 1966, 35 y Lampl, 1968, 7. Lampl ofrece los planos en
figuras nº 20-23, 32-35, 40-43, 153-155 y 162-165.
21. Frothingham, 1917, 73, donde se brindan más detalles y fuentes.
22. Frothingham, 1917, 74-75.
23. Ibid., 69-70. Como ocurre en la China, que se orienta hacia el
sur, el izquierdo era el lado de honor en Babilonia. Frothingham da
la prueba de esto.
24. Clark, 1959, 29, 41 y siguiente.
25. Texto 1660 de la Pirámide, citado en Clark, 1959, 84.
26. Ibid., 35.
27. Libro de los Muertos, citado en ibid., 248.
28. Ibid., 245 y siguiente.
29. Ibid., 246 y siguiente.
30. Clark, 1959, 39.
31. Texto de féretro, citado ibid., 247.
32. Ibid., 40.
33. Frankfort, 1948, 153; Frankfort, Williamson y Jacobsen, 1949,
60.
34. Muller, sin fecha, 145.
35. Ackerman, 1953, 5-6- Ver también página 117 de esta misma obra.
36. Edwards, 1947, passim.
37. Frankfort, Wilson y Jacobsen, 1949, 51. Uno de los términos con
que se expresa "sur" significa también "cara", y es probable que el
término "norte" signifique literalmente "la parte de atrás de la
cabeza". El término egipcio de "este" es el mismo que el de
"izquierdo", y el término de "oeste" significa igualmente "derecho"
(idem).
38. Citado en Nissen, 1906, 33; Lockyer, 1894, 176; y Dinsmoor,
1939, 99. Nissen da otros ejemplos similares, 1906, 31-34; y también
Hambidge, 1929, 143 y Lockyer, 1894, 173-181.
39. Lockyer, 1894, fue el primero que advirtió estas alineaciones
solares. Afirmó (ibid., 106) que la longitud exacta del eje actuaba
como vía de un rayo luminoso que, proveniente del Sol o de una
estrella, se proyectaba hacia el oscuro santuario en una fecha
especial, como por el ejemplo, en el solsticio de verano. Los
análisis efectuados por Lockyer sobre las orientaciones solares y
estelares de los egipcios no merecen generalmente crédito, salvo en
textos de divulgación popular.
40. Hawkins, 1974, 164-165 y 1975, 138, es quien da la primera
alineación, y Lockyer, 1894, 65-66 y 102-106, es el que da la
segunda. Hawkins, 1974, 158, critica la alineación hacia el sudoeste
que Lockyer da, puesto que la astronomía egipcia se concentraba en
el horizonte este donde se observaban los decanatos y salidas
helíacas para determinar zodiacales a fin de determinar la fechas de
los calendarios (ibid., 158 y 161). Sin embargo, el mismo eje se
alinea hacia ambos solsticios, y el templo se abre en dirección al
solsticio de invierno y se cierra en la posición de la salida del
Sol.
41. Krupp, 1979e, 207.
42. Hawkins, 1975, 141-145; 1974, 164-165.
43. Krupp, 1979e, 210.
44. Ibid.,208-209; Hawkins, 1975, 138-145.
45. Paris, 1941, 308.
46. Krupp, 1979e, 214. Sobre la orientación exacta de las pirámides
egipcias, ver Dinsmoor, 1939, 107-107, y 106, nota 2.
47. Ver página 177 de esta misma obra.
48. Badawy, 1964 y Trimble, 1964.
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