Entre la luz
del cielo y las tinieblas de la tierra, el dominio de la
cosmología se extiende por igual sobre la superficie de la
tierra habitada. Implica una “geografía sagrada” que organiza la
elección de los lugares propicios para que el hombre se instale
y se construyan las ciudades. Como toda civilización está
subordinada al arte de la arquitectura, que domina a todos los
otros, dicho arte está tan íntimamente asociado a la creación de
las ciudades, que al comienzo de los tiempos medievales reunían
dentro de sus muros a los artesanos que dependían hasta el
momento de dominios señoriales o conventuales.
Todo oficio puede servir de base a un camino iniciático cuando
tiene carácter tradicional. Las leyendas atribuyen el origen de
las artes, ciencias y oficios a una iniciativa divina, prototipo
de la iniciación artesanal. Jano era a la vez, según se conoce,
dios de los oficios y de los misterios, y en la leyenda griega,
Prometeo, titán-demiurgo, era el instructor de las técnicas que
habían permitido al hombre conocer el arte del fuego, los
trabajos manuales, la elocuencia, la poesía y la música.
Dos organizaciones de origen obrero han perpetuado en Occidente,
hasta nuestros días, en una forma débil, pero rica de simbolismo
integro, estas iniciaciones de los oficios. Se trata del
Compagnonnage y la Masonería que, por su simbolismo
arquitectónico, surgen de la cosmología.
Al comienzo de los tiempos carolingios, las asociaciones de
artesanos que continuaban a las de sus colegas romanos de
oficio, habían tomado la forma de congregaciones religiosas. Los
cofrades que ejercían oficios de base, relacionados con la
arquitectura, iban de taller en taller, eran en todas partes
considerados como "forasteros" y "transeúntes", calificativos
que han conservado diferentes ritos del Compañerazgo. Aislados
en sus logias, estos constructores, tallistas de piedras de las
catedrales, se agrupaban en sociedades cerradas que solo
admitían miembros de idéntica profesión.
En efecto, el Compañerazgo tiene este rasgo notable, ha
conservado su carácter secreto y el espíritu comunitario de su
origen. Cada uno de los ritos está colocado bajo el patronazgo
de un personaje histórico o místico, el rey Salomón, el maestro
Santiago y el P. Soubise, ya que si la leyenda se refiere en
primera instancia a la construcción del templo de Jerusalén,
posteriormente se ha cristianizado. Estos tres personajes
representan en realidad a las tres castas real, artesanal y
sacerdotal, de toda sociedad tradicional. Y el Compañerazgo,
pese a su sentido comunitario, ha conservado esta tripartición
en los grados de aprendiz, oficial y maestro.
Sus ritos de iniciación tienen al mismo tiempo severas pruebas
del oficio y episodios de la Pasión de Cristo, simbolizada por
la misa. Este fue el pretexto de las condenas que la
Francmasonería soportó cuando debió abandonar la clandestinidad
del siglo XV al XVIII. En ese momento sus ritos no eran
comprendidos y fueron considerados simulacros sacrílegos, cuando
en realidad no eran más que restos de una Tradición hebrea
cristianizada. La leyenda de la fundación del templo de
Jerusalén refería que, después de su construcción, el maestro
Hiram, su arquitecto, había sido asesinado por tres compañeros
envidiosos y enterrado en una tumba de bronce en el templo
mismo. Este episodio dramático puede relacionarse con el final
de una canción de gesta del siglo XIII, la de Renaud de
Montauban. Se lee en ella que el primogénito Aymón, volviendo de
Tierra Santa con hábito de peregrino, fue contratado en el
taller de la catedral de Colonia en donde fue asesinado por
colegas envidiosos.
Para explicar estos ritos sacrificiales de fundación se podrían
recordar los precedentes antiguos de los sacrificios humanos que
acompañaban a la fundación de los santuarios védicos. En todo
tiempo se han unido el templo y la tumba. De la misma manera las
iglesias cristianas están construidas sobre una confesión que
contiene el cuerpo de un mártir o las reliquias de un santo que
consagra el lugar.
EI estrecho parentesco de sus ritos y símbolos permite suponer
que la Francmasonería tiene el mismo origen que el Gremio. EI
nombre de francmasón se originaría en la franquicia y servicios
que el emperador acordó en 1276 a los artesanos del taller de la
catedral de Estrasburgo. Significa hombre libre, por oposición a
siervo. Estos francmasones, fundaron en esta ciudad la primera
logia (Bauhütte) del Sacro Imperio, la que fue seguida de otras
logias en Viena, Colonia y Zurich. Dos siglos más tarde, en
1459, el maestro de obra de Estrasburgo unió a todas las logias
alemanas en una federación que reglamentó los símbolos y ritos
en el convento de Ratisbona. Idénticas liberalidades comunales
promovieron en Francia e Inglaterra la reunión de logias, cuya
existencia posiblemente se remontaba a tiempos atrás, puesto que
se dicen surgidas de los gremios de artesanos romanos.
La logia con su techo estrellado representa al mundo. La
desnudez parcial de los que se inician recuerda la de los mistes
de los misterios. El iniciado padece la muerte iniciática en la
sala de reflexión, más tarde renace a la luz. Las marchas y los
viajes son las pruebas.
Hacia el siglo XV se produjo una modificación importante. Hasta
ese momento, junto a hombres del oficio, las logias admitían
masones que no eran profesionales, llamados aceptados,
especialmente sacerdotes iniciados en logias especiales para
cumplir la función de capellanes. Todos eran miembros de la
misma Masonería operativa en el seno de la religión cristiana.
Por razones oscuras, sin duda con el fin de reunir a los
miembros de otras organizaciones perseguidas o prohibidas, el
número de masones aceptados aumentó, sobre todo en Inglaterra.
Las logias se poblaron de grandes señores e intelectuales que
fueron aceptados en el grado de maestros. En el siglo XVII los
miembros constructores eran muy pocos en las logias y la
Masonería operativa había degenerado en especulativa. Cuando en
1689 el rey Jacobo Estuardo se refugió en la corte de Luis XIV,
es probable que los caballeros escoceses de su comitiva fundaran
logias que fueron muy probablemente el origen del rito escocés y
que se desarrolló especialmente en Francia.
La desviación capital, que fue el punto de partida de la
Masonería moderna, se produjo en Inglaterra al comienzo del
siglo XVIII. El pastor Anderson, capellán de la Logia San Pablo
en Londres y el francés Désaguliers, capellán del príncipe de
Gales, reunieron a algunos masones partidarios de los Orange,
que elaboraron de 1714 a 1717 un nuevo ritual de inspiración
protestante. Después de esto, quemaron los antiguos archivos
considerados “contaminados de papismo”. La Gran Logia de
Inglaterra constituida por masones aceptados, basada sobre las
constituciones de Anderson, fue inaugurada en 1723 bajo la gran
maestría del duque de Wharton, pese a las protestas de otras
logias, entre las que la de York pretendía altísima antigüedad.
En tanto que las logias “escocesas” otorgaban en 1735 a J. H.
Maclean la dignidad de Gran Maestre, siendo un barón escocés,
hasta 1738 las logias “inglesas” no se liberaron de la tutela
británica y el duque de Antín fue elegido gran maestre de la
nueva Gran Logia de Francia.
Nadie se admirará de que en 1655 el Gremio fuese condenado por
la Sorbona, y en 1791 por la Constituyente, igual que la
Masonería lo fue en 1738 y en 1751 por la Santa Sede. Pero la
multiplicación de estas medidas muestra a las claras su vanidad.
Los mayores señores de Francia fueron masones, incluso el más
ilustre teórico de la autoridad pontificia, el conde José de
Maistre, quien ha declarado justamente: “Todo muestra que la
Francmasonería es un brazo separado y probablemente corrupto de
un tronco antiguo y respetable” y agregaba: “La verdadera
religión tiene apenas algo más de dieciocho siglos. Nació el día
en que nacieron los días”.
 |